¿Qué tienen en común “Strange Fruit” de Billie Holiday, “Ohio” de Crosby, Still, Nash and Young y “Streets of Minneapolis” de Bruce Springsteen?

Todas estas canciones reúnen un mismo denominador: la formulación de una protesta cantada contra el contexto político y social en el que fueron compuestas. Las tres se han inspirado en acontecimientos cercanos que afectan a sus autores en el quehacer cotidiano y critican la acción –o inacción– de las autoridades.

Lo hacen mientras transitan por un desierto de represión y desazón, con la esperanza de que su canto sacuda las conciencias y movilice a la sociedad para entonar una protesta ensordecedora capaz de alterar el curso de los acontecimientos.

 

Desde los linchamientos

 

Billie Holiday empezó a cantar “Strange Fruit” en 1939 para denunciar de manera pionera el terror que sufrían los afroamericanos a causa de la violencia intrínseca al régimen de Jim Crow (las leyes estatales estadounidenses que defendían la segregación racial). Como muestra, entre 1882 y 1956 fueron linchadas 4 700 personas en EE. UU. De ellas, un 80 % eran afroamericanos.

Décadas más tarde, en 1970, Neil Young y su banda californiana observaron horrorizados cómo la Guardia Nacional de Ohio abría fuego contra estudiantes de la Universidad de Kent State que protestaban por las operaciones militares norteamericanas en Camboya.

Al ver la portada de la revista Life, el cantante canadiense tardó apenas unos minutos en componer “Ohio, una obra que arremetía contra el presidente Nixon y su política represiva contra las protestas antibélicas.

Lo mismo podemos decir de Bruce Springsteen y su obra más reciente: “Streets of Minneapolis”, que presentó por sorpresa en directo junto al guitarrista Tom Morello, en Minneapolis el pasado 30 de enero.

Si bien los dos ejemplos anteriormente citados fueron ciertamente pioneros a la hora de denunciar determinados acontecimientos, la obra del “Boss” no es completamente innovadora. De hecho, Donald Trump y su ejercicio como presidente habían sido duramente criticados por algunos cantantes, ya fuera a través de declaraciones, canciones o, sobre todo, reciclando el significado de obras compuestas con anterioridad.

Lo que ha impulsado a Springsteen a componer han sido los recientes excesos de ICE (Immigration and Customs Enforcement) en Minneapolis y el asesinato de dos manifestantes –Renée Good y Alex Pretti–.

Pero no ha sido ni el único ni el último. La banda de rock irlandesa U2 acaba de publicar por sorpresa el EP Days of Ash. En él se incluye la canción “American Obituary”, un homenaje a la asesinada Good.

 

Las denuncias del ‘Boss’

 

Ahora bien, la intensidad de la denuncia formulada por el roquero de Nueva Jersey sí que revela unas cuotas de protesta musical prácticamente desconocidas desde la década de 1970, exceptuando las piezas compuestas contra la intervención militar de George W. Bush en Irak.

Durante su gira europea de primavera y verano de 2025, Springsteen arremetió contra la política nacional de Donald Trump. Así quedó evidenciado en el concierto celebrado en Mánchester a mediados de mayo de 2025 cuando denunció que EE. UU. se encuentra en manos de una “administración corrupta”. Esto generó una respuesta inmediata por parte del presidente estadounidense, quien definió al cantante como “sobrevalorado”, “más tonto que una piedra”, “imbécil prepotente” y “reseco como una pasa”, entre otros descalificativos.

Sin embargo, las palabras de Trump no silenciaron el alma reivindicativa del veterano roquero. Yo mismo lo pude comprobar al asistir al concierto de Bruce Springsteen y The E Street Band en Berlín el mes de junio siguiente. Durante la actuación, el cantante no escatimó críticas contra la política nacional de Donald Trump, a quien calificó como “no apto para gobernar”. Lo hizo tras realizar una mención especial contra las redadas en ciudades californianas como Los Ángeles y la violación de derechos ciudadanos que ello suponía.

Sin embargo, las redadas masivas en Minneapolis y la represión de las protestas –con los dos asesinatos antes mencionados– han sido el casus belli definitivo para Springsteen. Ha pasado de la mera crítica enunciativa en sus conciertos a componer, sin lugar a dudas, su mayor canción protesta, un género al que no ha sido ajeno. Así lo constatan piezas anteriores como “American Skin (41 Shots)” (2001) o “Death to my Hometown” (2012).

 

Verso a verso

 

Un rápido análisis de la letra de la obra constata una crítica feroz no solo contra la política migratoria de la segunda estancia de Trump en la Casa Blanca, sino también contra el autoritarismo que emana del Despacho Oval. Cual pintor en su estudio, Springsteen plantea un panel con varios lienzos.

La primera estrofa ubica y presenta el problema: la presencia de ICE –definido como el “ejército privado de Trump”– en las calles de una Minneapolis ultrajada. Esto permite denunciar tanto el autoritarismo de su administración como el carácter innecesario de la acción en cuestión.

El segundo lienzo –o estrofa– desvela la resistencia de la población local a esta presencia y las herramientas de represión de los agentes de ICE. De este modo, la línea cronológica planteada por Springsteen conduce ineludiblemente a una explícita mención a Good y Pretti, elevados de esta manera al santoral de la resistencia antitrumpista.

Así, la tercera estrofa arremete contra las justificaciones de la administración de Trump y su distorsión de los acontecimientos. Por ello, coloca en el centro de la diana al asesor Stephen Miller y a la secretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem por calificar como “terrorista doméstico” a Pretti.

Finalmente, la última estrofa embiste contra la parcialidad de los arrestos de ICE y sintetiza la problemática que arrastra: la vulneración de varias enmiendas constitucionales –primera, cuarta y quinta, por citar algunas– y la consiguiente erosión de derechos básicos tales como la libertad de expresión y reunión, el empleo excesivo de la fuerza, los registros sin autorización judicial o la ausencia de igualdad ante la ley.

En semejante diatriba, Springsteen no ha dudado en cantar en primera persona del plural. Esto define su mayor aportación de la obra, ratificada al cerrar la misma tomando prestado el grito de guerra de los manifestantes (“ICE out”): el “Boss” actúa no sólo como compositor, sino que también se involucra y participa en la protesta activamente.

Con “Streets of Minneapolis”, Springsteen recupera un género intermitente en su trayectoria a la vez que deja un desgarrador retrato de la actualidad estadounidense.