Un estudio publicado este 16 de julio de 2026 propone que la FIFA, los artistas y los promotores musicales ofrezcan descuentos a los aficionados que elijan transportes menos contaminantes. La investigación analiza el Mundial de Fútbol de 2026 y la gira europea de Coldplay de 2024 y concluye que los desplazamientos del público concentran la mayor parte de las emisiones de estos acontecimientos.
Los viajes generan más emisiones
Los autores/as señalan que el principal impacto climático de los grandes eventos no procede necesariamente de los estadios, los escenarios o la iluminación, sino de los viajes realizados por los asistentes.
En el Mundial de 2026, los desplazamientos del público representan el 82 % de las emisiones calculadas
En el Mundial de 2026, los desplazamientos del público representan el 82 % de las emisiones calculadas. En la gira europea de Coldplay de 2024, esta proporción alcanza el 97 %, lo que convierte la movilidad en el principal ámbito de actuación para reducir la huella ambiental.
La investigación desarrolla una metodología que combina el análisis coste-beneficio, la economía del bienestar y el cálculo de emisiones durante el ciclo de vida completo de los eventos.
Para estimar el beneficio económico, el estudio utiliza los precios alcanzados por las entradas en los mercados de reventa como indicador de cuánto están dispuestos a pagar los consumidores. Después, compara ese valor con los costes sociales asociados a las emisiones generadas.
El cálculo incorpora los viajes vinculados directamente con la asistencia, pero excluye determinados consumos cotidianos que se producirían igualmente, como parte de la alimentación o del gasto doméstico habitual, para evitar contabilizarlos dos veces.
Incentivos para viajar mejor
Ante el peso de los desplazamientos, los investigadoras plantean que los organizadores compartan la responsabilidad climática con el público y faciliten opciones de transporte con menores emisiones de carbono.
Una de sus propuestas consiste en ofrecer descuentos o incentivos económicos a quienes utilicen el tren, el transporte colectivo o vehículos compartidos, siempre que estas alternativas reduzcan las emisiones frente a los desplazamientos individuales más contaminantes.
La investigadora del Centro Vasco de Investigación sobre Cambio Climático Neus Escobar explica que este modelo evitaría que todo el esfuerzo recayera sobre los/las asistentes. Los organizadores tienen capacidad para modificar la planificación, los precios y las condiciones de acceso para favorecer decisiones más sostenibles.
El estudio también analiza la posibilidad de incorporar al precio de las entradas una parte del coste social del carbono generado directa e indirectamente por el acontecimiento.
Esta medida reduciría los beneficios netos atribuidos al Mundial y a la gira musical, pero no los eliminaría. Sin embargo, bajo límites de carbono especialmente estrictos, el formato actual del Mundial de Fútbol podría producir un impacto social negativo y dejar de resultar viable en los términos examinados.
La profesora de la Universidad de Guadalajara Alejandra del Carmen Meza Servín considera que el trabajo combina de manera sólida la evaluación ambiental con la economía del entretenimiento.
No obstante, señala algunas limitaciones, como el uso del precio de reventa para calcular la disposición a pagar, los supuestos empleados para medir el bienestar de las y los consumidores y la incertidumbre sobre el coste social de las emisiones.
Pese a ello, destaca que la investigación utiliza datos empíricos y metodologías consolidadas para estudiar conjuntamente la rentabilidad y el impacto climático de los grandes eventos.
Eventos más próximos y accesibles
El trabajo cuestiona también las residencias musicales prolongadas en una única ciudad, ya que obligan a muchos seguidores a recorrer largas distancias para asistir a los conciertos.
Como alternativa, propone organizar actuaciones más frecuentes y distribuidas geográficamente. Acercar los conciertos al público permitiría reducir las distancias recorridas y facilitaría el uso de medios de transporte menos contaminantes.
El director ejecutivo de la consultoría de sostenibilidad Inèdit, Jordi Oliver i Solà, sostiene que la reducción de impactos debe plantearse durante el diseño del evento, cuando todavía pueden modificarse decisiones esenciales.
Entre estas decisiones figuran la ubicación de las sedes, el calendario, la duración y la conexión con el transporte público. La procedencia prevista de los asistentes también resulta determinante para calcular el impacto de la movilidad.
Un recinto bien conectado puede favorecer el uso del tren y del transporte colectivo, mientras que una sede alejada o dependiente del vehículo privado puede aumentar considerablemente las emisiones.
Las investigadoras destacan medidas como mejorar la accesibilidad ferroviaria, fomentar los vehículos compartidos y distribuir los eventos entre diferentes ciudades. Su aplicación exigiría cambios en la planificación de algunos de los principales acontecimientos deportivos y musicales.
Las especialistas advierten, además, de que la responsabilidad no debe trasladarse exclusivamente a las y los aficionados. Los organizadores deben crear las condiciones necesarias para que viajar con menos emisiones resulte también más sencillo y económico.
Aunque el estudio se centra en el Mundial de Fútbol y en una gira de Coldplay, su metodología podría aplicarse igualmente a festivales, conferencias, obras de teatro y actividades turísticas que movilicen a miles de personas.
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