Miles de niños, niñas y adolescentes piden ayuda por la violencia que sufren dentro de su propia familia. Fundación ANAR ha atendido a 27.138 menores de edad víctimas de violencia intrafamiliar entre junio de 2020 y junio de 2025, con un aumento del 75,2 % de los casos anuales entre 2021 y 2025, según el estudio que acaba de presentar.

Sumario

 

El estudio Violencia intrafamiliar en la infancia y adolescencia según género: tipología, causas y consecuencias (junio 2020-junio 2025)(1), elaborado por el Centro de Estudios e Investigación ANAR con el apoyo del Ministerio de Igualdad, analiza los casos atendidos por las Líneas de Ayuda de la fundación. Entre sus conclusiones, destaca que han aumentado todos los tipos de violencia intrafamiliar y que en casi la mitad de los casos el agresor es el padre.

Violencia intrafamiliar en infancia y adolescencia / Infografía: EA

 

Los tipos de violencia más frecuentes

 

El maltrato físico y psicológico es la forma de violencia más frecuente en la infancia y la adolescencia: en dos de cada tres casos está presente alguno de los dos, con un 34,9 % de maltrato físico y un 29,4 % de maltrato psicológico. Les siguen el abandono (14,5 %), la violencia de género en el entorno familiar (10,7 %) y las agresiones sexuales (10,5 %).

Por años, Fundación ANAR atendió a 3.216 menores en 2021, 7.368 en 2022, 5.051 en 2023, 5.867 en 2024 y 5.636 en 2025. El aumento del 75,2 % compara el primer y el último año de la serie: tras el máximo de 2022, las cifras de 2023 y 2025 bajaron respecto al año anterior.

El uso inadecuado de la tecnología está presente en el 49,3 % de las situaciones de violencia intrafamiliar, incidiendo sobre todo en el maltrato psicológico y físico. Dicho de otro modo, la tecnología interviene en casi la mitad de las situaciones analizadas.

En los cinco años estudiados han aumentado todos los tipos de violencia intrafamiliar. Destaca, sobre todo, el crecimiento de la violencia de género en el entorno familiar (237,4 %), las agresiones sexuales (116,6 %) y el abandono (97,6 %).

Es decir, los casos atendidos de violencia de género en el entorno familiar se han más que triplicado, y los de agresiones sexuales se han más que duplicado, mientras que los de abandono casi se han duplicado.

La salud mental es el principal problema asociado a todas las formas de violencia intrafamiliar, con un impacto especialmente alto en la agresión sexual (63,2 %) y en el maltrato psicológico (61,9 %). Cada víctima ayudada por Fundación ANAR sufría una media de 4,8 problemas y, en el caso de las mujeres, la autolesión es el mayor predictor de violencia intrafamiliar.

Las distintas formas de violencia suelen darse a la vez, y el maltrato psicológico es el que más se asocia a otros tipos. Además, se trata de situaciones crónicas: más de seis de cada diez casos (64,4 %) ocurren a diario y en el 77,6 % la violencia dura más de un año. Por frecuencia, les siguen los casos semanales (15,4 %), ocasionales (13,6 %) y puntuales (6,5 %).

Los datos reflejan, según el estudio, la severidad de estas situaciones: ocho de cada diez casos (83,3 %) tienen gravedad alta y siete de cada diez (70,9 %), urgencia alta.

 

Quiénes son víctimas y agresores

 

Con respecto al género, el 60,2 % de las víctimas son mujeres, con una presencia especialmente alta en las agresiones sexuales (80,8 %), el maltrato físico (59,3 %) y el maltrato psicológico (60,8 %). En cuanto a la edad, el 43,5 % tiene entre 13 y 17 años, mientras que las víctimas de 9 años o menos suponen el 37,8 % del total y son más susceptibles de sufrir abandono y violencia de género en el entorno.

El padre es el principal agresor en todos los tipos de violencia analizados. En las agresiones sexuales predominan claramente las figuras masculinas de la familia –padre, padrastro, primo, hermano, tío, abuelo, etc.–, y la participación de mujeres supone solo un 4,2 %.

En el conjunto de los casos, la persona agresora es el padre en el 48,5 %, la madre en el 28,6 %, ambos progenitores en el 12,2 % y otros familiares en el 10,7 % restante. El padre es, por tanto, el agresor identificado en casi la mitad de los casos.

El 36,2 % de las víctimas vive solo con su madre y el 30,4 %, con ambos progenitores. Los datos reflejan una mayor vulnerabilidad de las familias monoparentales encabezadas por mujeres, sobre todo por falta de recursos, y un mayor riesgo de abandono, agresión sexual y maltrato psicológico en las familias con un único progenitor.

Casi la mitad de las víctimas (48,9 %) pertenece a familias migrantes, con una representación significativa en los casos de maltrato físico, abandono y agresiones sexuales. Además, el 44,5 % de las familias de las víctimas está afectado por problemas de salud mental.

En los casos de abandono destacan las adicciones, la pobreza infantil y los conflictos por separación, custodia y régimen de visitas. En el maltrato psicológico predominan los conflictos de separación y las dificultades de relación entre los miembros de la familia.

El estudio evidencia también una especial vulnerabilidad de los menores con discapacidad, que representan el 24,9 % del total y entre quienes hay una mayor presencia de varones (66,4 %). En este colectivo, el maltrato físico y psicológico son las formas de violencia más frecuentes.

La violencia en la familia afecta además al rendimiento escolar: el 73,4 % de las víctimas tiene un rendimiento medio o bajo, con porcentajes más altos cuando aparecen el abandono y el maltrato físico.

La primera instancia socializadora es la familia, siendo conscientes de que la violencia engendra violencia, debemos ser especialmente cuidadosos en la protección de nuestros menores de edad para asegurar su bienestar hoy y un futuro mejor para nuestra sociedad

BENJAMÍN BALLESTEROS, director de Programas y portavoz de Fundación ANAR

Para Benjamín Ballesteros, director de Programas y portavoz de Fundación ANAR, “la primera instancia socializadora es la familia, siendo conscientes de que la violencia engendra violencia, debemos ser especialmente cuidadosos en la protección de nuestros menores de edad para asegurar su bienestar hoy y un futuro mejor para nuestra sociedad”.

 

Factores de riesgo y respuesta

 

El estudio identifica factores de riesgo individuales, familiares y sociales: problemas de salud mental, consumo de alcohol y drogas, estrés por la crianza, uso inadecuado de la tecnología, familias con un solo progenitor sin apoyo, desempleo o desventaja económica. Cada tipo de violencia tiene además los suyos: las separaciones conflictivas, la violencia de género en el entorno, la pobreza infantil y las adicciones aparecen en varios de ellos.

“Según el testimonio de menores de edad que escuchamos diariamente, la soledad acompaña al niño, niña y adolescente maltratado”, ha recalcado Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda ANAR, quien ha insistido en la importancia de la detección temprana. Según Díaz, estos menores “viven en hogares donde sienten miedo” y en ocasiones les resulta “muy complicado pedir ayuda”, por lo que la detección por parte de otras personas adultas del entorno es fundamental para ponerlos a salvo cuanto antes.

Díaz ha defendido enfatizar “la prevención y los factores de protección” y ha recordado que el Teléfono y el Chat ANAR “garantizan un canal directo, seguro y confidencial”. El estudio añade que el maltrato psicológico es un indicador temprano de que la violencia puede agravarse y que las niñas de 9 años o menos son especialmente vulnerables a la agresión sexual.

Entre los factores de protección destacan un temperamento adaptable y flexible de la familia ante la crianza, las habilidades para resolver conflictos, el apoyo familiar, la participación de padres y madres en la crianza y el fácil acceso a recursos y servicios comunitarios.

Fundación ANAR prestó orientación psicológica, jurídica y social –la de mayor complejidad– en el 78,9 % de los casos. Para ello atendió 373.926 peticiones de ayuda a través del Teléfono, el correo electrónico y el Chat ANAR, realizó 69.750 derivaciones a recursos externos y llevó a cabo 9.962 intervenciones en casos graves, con un aumento del 87 % de las intervenciones jurídicas.

Pese a la gravedad de estas situaciones, solo el 26,3 % de las víctimas había recibido tratamiento psicológico por parte de profesionales externos cuando contactó con la fundación.

En las Líneas de Ayuda nos damos cuenta de que hay tipos de violencia que tienen muy normalizada, como los insultos, la humillación o el aislamiento

SONSOLES BARTOLOMÉ, directora del Departamento Jurídico de las Líneas de Ayuda ANAR

Fundación ANAR considera importante que los niños, niñas y adolescentes conozcan sus derechos, entre ellos el de vivir sin violencia y en un entorno seguro y protector. Sonsoles Bartolomé, directora del Departamento Jurídico de las Líneas de Ayuda ANAR, incide en la importancia de que aprendan a identificar las distintas formas de violencia: “En las Líneas de Ayuda nos damos cuenta de que hay tipos de violencia que tienen muy normalizada, como los insultos, la humillación o el aislamiento. Es fundamental que las reconozcan como tal para pedir ayuda”.

A las familias les recomienda educar en el buen trato, el respeto, la empatía y la comunicación, y ejercer una parentalidad positiva que establezca límites claros desde el afecto y nunca mediante el grito, el insulto o la descalificación. A los profesionales les insta a formarse de manera continua para favorecer la prevención, la detección precoz y la intervención integral y coordinada.

A las instituciones les pide impulsar políticas de prevención, aumentar los recursos de apoyo a las familias y asegurar una atención psicológica especializada, rápida y con la periodicidad adecuada. Reclama, además, crear en todo el territorio los Juzgados de Violencia contra la Infancia y la Adolescencia previstos por la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI), reconocer la justicia gratuita para todas las víctimas menores de edad y apoyar a las Líneas de Ayuda ANAR como canal estatal, accesible y universal, para dar cumplimiento al artículo 17 de la ley.

Igual que nos preparamos y formamos para cualquier cosa que consideramos importante, como conducir un coche, tendríamos que tomar consciencia de que también debemos formarnos para lo que posiblemente sea de lo más importante que vamos a hacer en nuestra vida, tener un hijo/a

BENJAMÍN BALLESTEROS, director de Programas y portavoz de Fundación ANAR

Benjamín Ballesteros ha concluido resaltando la importancia de que las familias se formen durante el periodo gestacional: “Igual que nos preparamos y formamos para cualquier cosa que consideramos importante, como conducir un coche, tendríamos que tomar consciencia de que también debemos formarnos para lo que posiblemente sea de lo más importante que vamos a hacer en nuestra vida, tener un hijo/a”.

Referencias

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