Una garrafa de plástico de casi cuatro litros, decorada con un juego de palabras para las redes sociales y llena de licor, mezcladores y saborizantes. Es el BORG –siglas de blackout rage gallon–, una moda que se ha extendido desde alrededor de 2020 en muchas universidades de Estados Unidos y que, lejos de ayudar a beber con control, fomenta el consumo excesivo de alcohol y una serie de daños asociados.

Sumario

 

Así lo ha constatado un estudio dirigido por Andrea C. King, profesora de psiquiatría y neurociencia del comportamiento en la Universidad de Chicago, y publicado en la revista Journal of Studies on Alcohol and Drugs, que edita el Centro de Estudios sobre el Alcohol y el Consumo de Sustancias de la Universidad de Rutgers (1). Según sus datos, casi un tercio de los estudiantes que habían bebido BORG ha sufrido una laguna de memoria tras uno de estos eventos.

 

Hasta 17 bebidas en una garrafa

 

Los BORG son garrafas de plástico de un galón –unos 3,8 litros– que cada estudiante llena de alcohol y de la combinación de mezcladores y saborizantes que prefiera. Según las respuestas de la encuesta, cada una puede llevar hasta una quinta parte de galón de licor, lo que equivale a unas 17 bebidas estándar, la unidad con la que se contabilizan las consumiciones de alcohol.

La mezcla de licor fuerte y saborizantes añadidos en los BORG puede ser especialmente dañina, dado el dulzor de la bebida y el atractivo de compartir el propio BORG

ANDREA C. KING, Universidad de Chicago

“La mezcla de licor fuerte y saborizantes añadidos en los BORG puede ser especialmente dañina, dado el dulzor de la bebida y el atractivo de compartir el propio BORG y probar las mezclas de los demás”, explica King (2). La investigadora recuerda que el consumo excesivo entre los adultos jóvenes lleva “muchas décadas” impulsado por los juegos de beber.

Para su trabajo, el equipo de King ha encuestado a 103 estudiantes universitarios de entre 18 y 25 años, procedentes de centros públicos y privados de Estados Unidos. Todos ellos habían declarado beber de forma intensiva –lo que se conoce como atracón– cada semana.

Los investigadores han incluido de forma deliberada más usuarios que no usuarios: 63 participantes habían bebido BORG en el último año y 40 no lo habían hecho. La edad media era de 20,4 años y el 62 % eran mujeres. Es el primer estudio que aporta datos sobre este consumo y sobre las actitudes de quienes lo practican y de quienes no.

La cifra de 17 bebidas marca lo máximo que puede contener la garrafa. En la práctica, los usuarios de BORG han declarado tomar entre 9 y 10 bebidas estándar durante un evento típico, lo que los autores describen como un consumo de alta intensidad.

Estas reuniones suelen celebrarse de día, como las fiestas previas a un partido o los festivales. Parte del ritual consiste en decorar la garrafa con una frase ingeniosa pensada para las redes sociales, como It’s BORG o’clock somewhere (“es la hora del BORG en algún lugar”) o BORG to be wild.

 

Lagunas de memoria, vómitos y urgencias

 

Los efectos del alcohol han sido casi generales. El 98 % de los usuarios de BORG ha contado que acabó achispado o borracho, el 17 % vomitó y el 59 % dijo o hizo algo vergonzoso durante uno de estos eventos.

Sabemos que las lagunas de memoria –es decir, las alteraciones en la consolidación de la memoria por beber mucho alcohol– son una consecuencia más grave

ANDREA C. KING, Universidad de Chicago

“Sabemos que las lagunas de memoria –es decir, las alteraciones en la consolidación de la memoria por beber mucho alcohol– son una consecuencia más grave”, señala King. Casi un tercio de los usuarios, el 29 %, ha sufrido una de estas lagunas tras un evento de BORG, que dan nombre a la bebida: blackout es el término inglés para este tipo de pérdida de memoria causada por el alcohol.

No se trata de un desmayo, sino de un fallo en la consolidación de la memoria: lo que sucede durante ese tiempo no llega a fijarse como recuerdo.

El estudio también hace referencia a informes de casos en los que el consumo de BORG ha provocado lesiones y visitas a urgencias.

Pese a todo, dos de cada tres usuarios han manifestado su intención de volver a beber BORG en el futuro. Según concluyen los investigadores, el consumo intensivo y sus consecuencias –lagunas, vómitos y pérdida de inhibición– hacen que esta moda haga honor a su nombre.

 

La falsa promesa de las redes

 

Los resultados ponen de manifiesto ideas erróneas sobre los BORG, que los influencers promocionaron al principio como una forma de reducir daños. Algunas recetas que circulan por internet incluyen electrolitos, cafeína o agua para contrarrestar la resaca o atenuar la borrachera.

El uso de BORG se impulsó en las redes sociales durante la pandemia como una forma de reducir la transmisión del virus y la contaminación de las bebidas

ANDREA C. KING, Universidad de Chicago

“El uso de BORG se impulsó en las redes sociales durante la pandemia como una forma de reducir la transmisión del virus y la contaminación de las bebidas”, añade King. Sin embargo, los participantes han reconocido que compartían sus garrafas con frecuencia, y los datos del estudio muestran que los BORG no aportan esos supuestos beneficios.

Tampoco es un fenómeno ligado solo a la pandemia. Su uso sigue siendo popular en eventos especiales, fiestas diurnas o reuniones previas a partidos deportivos.

Los participantes que no bebían BORG han explicado que no lo hacían porque no formaba parte de su cultura universitaria y porque no resultaba eficaz para limitar el consumo de alcohol.

Para los autores, esta tendencia supone otro desafío para los esfuerzos por frenar el consumo excesivo entre universitarios. Estudios como este pueden servir de base a iniciativas de prevención y educación, empezando por la sensibilización de estudiantes y padres.

No tiene por qué ser una cuestión de todo o nada, ya que ser consciente y estar atento para minimizar los riesgos puede ser clave

ANDREA C. KING, Universidad de Chicago

“No tiene por qué ser una cuestión de todo o nada, ya que ser consciente y estar atento para minimizar los riesgos puede ser clave”, afirma King. La investigadora sostiene que “tener una conversación abierta puede ayudar mucho a reducir los daños en la universidad” y recuerda que hay decisiones en cada paso: si acudir o no a un evento de BORG y, en caso de ir, si llevar una garrafa y cuánto alcohol ponerle, si es que se le añade alguno.

 

Referencias
  1. (1) Living up to their name: Blackout rage gallons (BORGs) marked by high-intensity drinking and alcohol consequences in college students. Journal of Studies on Alcohol and Drugs.
  2. (2) Nearly One Third of College-Age ‘BORG’ Drinkers Report Blacking Out: New Study. Nota de prensa. Journal of Studies on Alcohol and Drugs.

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