Detrás de un champú, una crema solar o un limpiador multiusos hay muchas más sustancias químicas de las que figuran en el envase. El 98 % de los productos de higiene personal y limpieza sometidos a un análisis químico exhaustivo en Estados Unidos contiene al menos un compuesto que no aparece en la lista de ingredientes, y el 85 % incluye alguno con riesgos conocidos o sospechados para la salud. De media, cada artículo lleva tres veces más compuestos de los que declara su etiqueta.

Sumario

 

El trabajo lo firma un equipo del Million Marker Research Institute, en Berkeley (California), junto con investigadores del Southwest Research Institute, en San Antonio (Texas), y se ha publicado en la revista Environment & Health (1). Los autores han examinado 113 productos de 12 categorías –champús, cremas solares, desodorantes, artículos de higiene íntima, productos infantiles o limpiadores domésticos, entre otros– y han detectado 3.141 compuestos distintos, de los que han logrado identificar 303 con distinto grado de certeza.

 

Tres veces más químicos que ingredientes

 

Los investigadores han empleado el llamado análisis no dirigido –una técnica que busca todas las sustancias detectables en una muestra en lugar de rastrear solo una lista previa de sospechosas–, combinado con cromatografía de gases bidimensional, espectrometría de masas de alta resolución y un programa de identificación asistido por aprendizaje automático. El contraste con las etiquetas es directo: la media de ingredientes declarados por producto es de 16, mientras que la media de compuestos hallados en el laboratorio asciende a 51.

Los compuestos más frecuentes han sido los aromáticos, los plastificantes y las siliconas, tres familias que concentran buena parte del riesgo detectado

Los compuestos más frecuentes han sido los aromáticos, los plastificantes y las siliconas, tres familias que concentran buena parte del riesgo detectado, según recoge el estudio. Entre los individuales más repetidos aparecen el citronelol (70 detecciones), el mirceno (46) y el alcohol feniletílico (20), todos ellos ligados al perfume, junto a contaminantes sintéticos como el ciclohexasiloxano (22) y el cloruro de bencilo (19). Algunos alcanzan concentraciones apreciables: el ciclohexasiloxano se ha medido hasta en 2.200 partes por millón.

El promedio es de cuatro sustancias nocivas no declaradas por producto. Un 39 % de los artículos contiene ingredientes de perfumería peligrosos que no figuran en la etiqueta, amparados en el secreto comercial que permite agrupar decenas de compuestos bajo la palabra “fragancia”. Otro 37 % incluye componentes botánicos potencialmente dañinos –los extractos vegetales pueden contener cientos de moléculas y provocar alergias, irritación o sensibilización cutánea– y el 56 % arrastra contaminantes propiamente dichos. En conjunto, el 71 % lleva alguna sustancia nociva sin declarar.

Un trabajo anterior sobre más de 500 productos de peluquería, maquillaje, uñas, desodorantes e higiene íntima usados por mujeres negras, vietnamitas y latinas en California (2) ya había encontrado que el 65 % de las etiquetas incluía sustancias preocupantes y que el 74 % de los productos contenía compuestos de perfumería no declarados. Aquella investigación identificó sobre todo parabenos, ciclosiloxanos y liberadores de formaldehído.

El suspenso no suele deberse a un único compuesto peligroso, sino a la acumulación de varias sustancias de riesgo moderado o alto en la misma fórmula

El suspenso no suele deberse a un único compuesto peligroso, sino a la acumulación de varias sustancias de riesgo moderado o alto en la misma fórmula, advierte el trabajo. Los mismos contaminantes –cloruro de bencilo, cloruro de dodecilo o éter de 2-etilhexilglicidilo– reaparecen en productos muy distintos, desde cosméticos hasta limpiadores del hogar, lo que apunta a materias primas, procesos de fabricación o envases compartidos más que a fallos aislados de una marca concreta.

 

Las etiquetas ‘naturales’ también suspenden

 

Más de la mitad de los productos, el 57,5 %, ha suspendido la prueba de contaminación, que valora únicamente las sustancias ausentes de la etiqueta. Entre las categorías con más suspensos figuran los aceites corporales, la higiene íntima, el cuidado de zonas sensibles, los aceites esenciales, los fijadores capilares, los limpiadores domésticos, las cremas hidratantes, los champús y los protectores solares. La única categoría que ha aprobado en bloque ha sido la higiene bucal: los autores apuntan que en Estados Unidos muchos dentífricos y colutorios se regulan como medicamentos sin receta, con controles de fabricación más estrictos, aunque advierten de que la muestra analizada era pequeña.

De los 27 productos que la evaluación previa de etiquetas había clasificado como recomendables, el 59 % ha acabado suspendiendo el análisis

De los 27 productos que la evaluación previa de etiquetas había clasificado como recomendables, el 59 % ha acabado suspendiendo el análisis de laboratorio, y varios de ellos se vendían como “orgánicos” o “naturales”. En las fórmulas examinadas han aparecido ftalatos, parabenos, filtros ultravioleta, hidroxitolueno butilado (BHT) y siliconas como el ciclopentasiloxano y el ciclohexasiloxano. El análisis estadístico no ha encontrado diferencias significativas entre las categorías de etiquetado: suspenden en proporción parecida los productos mejor y peor valorados sobre el papel.

Un 26 % de la muestra –29 productos– contiene además sustancias que contradicen directamente lo que promete el envase. El motivo más habitual ha sido la presencia de químicos sintéticos en artículos anunciados como “100 % naturales”. Le siguen los que declaran estar libres de fragancia, ftalatos, parabenos, silicona u oxibenzona y sí los contienen; los etiquetados como “no tóxicos” o “sin químicos agresivos”; los vendidos como “puros”; y, por último, unos pocos “hipoalergénicos” que incorporan alérgenos y sensibilizantes.

El tamaño de la empresa no ha protegido al consumidor: entre el 50 % y el 60 % de los productos ha suspendido en los tres grupos de marcas

El tamaño de la empresa no ha protegido al consumidor: entre el 50 % y el 60 % de los productos ha suspendido en los tres grupos de marcas –grandes, medianas y pequeñas–, aunque las firmas pequeñas partían de mejores listas de ingredientes. Los autores también han cruzado sus resultados con sellos y aplicaciones de valoración de cosmética “limpia” y han encontrado productos bien puntuados o certificados que, sin embargo, no han superado sus pruebas.

 

Una regulación que no exige análisis

 

La contaminación puede producirse en muchos puntos de la cadena: el almacenamiento, la maquinaria, las reacciones químicas entre ingredientes o la migración desde el envase. Puede llegar del entorno o del propio proceso industrial y, en ocasiones, se trata de aditivos incorporados a propósito y no declarados, lo que en el sector se denomina adulterantes. Los productos se compraron en 2021 y 2022 en grandes superficies y plataformas de venta en línea, en plena alteración de las cadenas de suministro por la pandemia, un factor que los autores piden tener en cuenta al interpretar los resultados.

El aceite de coco analizado contenía un compuesto sintético de perfumería, un hallazgo especialmente inquietante porque este producto se emplea también en la cocina

El aceite de coco analizado contenía un compuesto sintético de perfumería, un hallazgo especialmente inquietante porque este producto se emplea también en la cocina, señala el trabajo. Se trata del propionato de alilciclohexilo, un enmascarador de olor que probablemente se añadió para reforzar el aroma natural. En los aceites esenciales, un segmento con controles limitados que rara vez van más allá de los pesticidas y los metales pesados, han aparecido tolueno, cloruro de bencilo y siliconas.

Los hallazgos apuntan a las limitaciones del etiquetado estadounidense, supervisado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Programas como el de cosmética segura de California se basan en la notificación voluntaria, no en pruebas obligatorias. La ley de modernización de la regulación cosmética de 2022 amplió el control sobre registro de instalaciones, prácticas de fabricación, notificación de efectos adversos y retirada de productos, y la reforma de 2016 de la ley de control de sustancias tóxicas reforzó la capacidad de la agencia ambiental para exigir ensayos. Aun así, la supervisión sigue siendo menos estricta que en la Unión Europea, donde el reglamento REACH y el reglamento de cosméticos imponen requisitos previos a la comercialización y restringen miles de sustancias.

El cribado de ingredientes por sí solo resulta insuficiente para describir la composición química real de un producto de consumo

El cribado de ingredientes por sí solo resulta insuficiente para describir la composición química real de un producto de consumo, concluye el estudio, que reclama incorporar el análisis no dirigido a los controles de seguridad que ya realizan las empresas. Los autores subrayan también los límites de su propio trabajo: evalúa peligrosidad, no riesgo –no tiene en cuenta la dosis, la vía de exposición ni la biodisponibilidad–, las estimaciones de concentración son semicuantitativas y la técnica empleada no detecta todos los tipos de compuestos, como los no volátiles o los poliméricos.

Los investigadores comunicaron sus resultados a los fabricantes y les ofrecieron ayuda para rastrear el origen de la contaminación, pero la mayoría de las empresas no respondió. El equipo anuncia informes futuros que identificarán por su nombre los productos potencialmente dañinos y señalarán a las compañías que sí colaboren, y planea ampliar los ensayos a nuevas categorías, entre ellas la ortodoncia invisible, las cremas para la dermatitis del pañal y los suplementos prenatales.

Referencias

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