Los bosques suizos se encuentran en un punto crítico: debido al calentamiento global, la tolerancia y la resistencia de sus árboles a las sequías de verano están siendo superadas, incluso en las laderas más altas, que hasta hace poco quedaban a salvo de lo peor. Es una mala noticia para quienes viven en los valles, porque esos bosques son su primera línea de defensa frente a avalanchas, desprendimientos de rocas, deslizamientos de tierra e inundaciones.
Así lo han demostrado investigadores de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berna y del Instituto Federal Suizo de Investigación del Bosque, la Nieve y el Paisaje (WSL) en un estudio publicado en Frontiers in Forests and Global Change(1). El trabajo, firmado por Estelle Noyer, Luuk Dorren, Barbara Allgaier Leuch y Christine Moos, ha concluido que las masas forestales en declive son cada vez más frecuentes en todos los pisos de altitud de Suiza, incluido el más alto.
Un escudo de altura debilitado
Hasta hace poco, los árboles que crecen a mayor altitud estaban en su mayoría a salvo de los peores efectos de las sequías de verano, pero eso ya no es cierto. Lo ha explicado Estelle Noyer, investigadora de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Berna y primera autora del estudio.
Incluso a 2.200 metros de altitud, el número de árboles por rodal se reduce debido, en particular, al declive o la muerte de los grandes árboles dominantes
ESTELLE NOYER, Universidad de Ciencias Aplicadas de Berna
“Incluso a 2.200 metros de altitud, el número de árboles por rodal se reduce debido, en particular, al declive o la muerte de los grandes árboles dominantes”, ha advertido Noyer. Un rodal es un conjunto de árboles que crecen juntos en una misma parcela de bosque. La investigadora ha añadido que esa pérdida supone un declive progresivo de unos bosques muy valiosos que protegen frente a los desastres naturales.
Incluso antes de que se notara el cambio climático, los bosques ya eran vulnerables a la sequía cada verano. Históricamente, los más expuestos eran los de menor altitud, como los de los pisos colino (entre 282 y 1.184 metros sobre el nivel del mar) y montano (entre 600 y 1.648 metros). En el piso subalpino (entre 1.235 y 2.219 metros), las bajas temperaturas y una capa de nieve duradera mantenían los suelos húmedos y limitaban la demanda de agua de los árboles.
Los árboles subalpinos también podían sufrir sequías, pero se creía que el aumento de las temperaturas les daba un impulso neto al crecimiento y que les permitía recuperarse antes. En las últimas décadas, sin embargo, el rápido calentamiento en altitudes medias y altas ha hecho que los árboles necesiten más agua. A la vez, la caída de las precipitaciones y el retroceso de los glaciares han reducido el agua que llega a los suelos, y las sequías son más frecuentes.
El problema afecta a una parte muy importante del bosque suizo. Los bosques protectores cubren 540.000 hectáreas, el 44 % de toda la superficie forestal del país, según recoge el estudio. Su función es reducir los riesgos para las personas y las infraestructuras.
Cuatro décadas de datos
Para averiguar si las altitudes a las que se produce el estrés por sequía han variado, Noyer y sus colegas han analizado los registros de 1983 a 2022 del Inventario Forestal Nacional Suizo, que cataloga todas las masas forestales en una cuadrícula nacional. En cada periodo han examinado entre 891 y 1.543 rodales protectores situados entre 282 y 2.219 metros de altitud, sin daños por incendios ni intervenciones como la tala selectiva.
El porcentaje de rodales en declive aumentó con el tiempo en todos los pisos de altitud, pero sobre todo en los más bajos
El porcentaje de rodales en declive aumentó con el tiempo en todos los pisos de altitud, pero sobre todo en los más bajos, según advierte el estudio. Un rodal en declive es aquel cuya madera en pie –medida por la superficie de los troncos– disminuye entre un inventario y el siguiente. En el piso colino, el porcentaje de rodales protectores en declive pasó del 11,1 % en 1983 al 30,4 % en 2022: casi uno de cada tres.
En el piso montano inferior, la proporción se mantuvo en torno al 17,4 % en los tres primeros periodos y subió al 21,4 % en el último. En el montano superior, en cambio, no mostró una tendencia clara.
En los pisos más altos, el patrón fue distinto. En el subalpino superior, el porcentaje de rodales en declive bajó del 14,8 % al 10,3 % durante los tres primeros periodos y después se disparó hasta el 18,8 %, casi uno de cada cinco. En el subalpino inferior, tras tocar su mínimo (15,9 %) en el segundo periodo, el porcentaje ha ido aumentando de forma gradual.
La densidad de árboles disminuyó en todos los pisos con el tiempo. Los rodales en declive tenían, como era de esperar, los índices de sequía más altos y la mayor caída de la superficie de los troncos, señal de un estrés hídrico más grave y de una cubierta arbórea cada vez menor. Pero el hallazgo clave es otro: la relación histórica entre mayor altitud y menor estrés por sequía ha dejado de apreciarse en los inventarios más recientes.
El estudio ha detectado sequías extremas sobre todo en 2003, 2006, 2015, 2018 y 2022, que afectaron a más del 30 % de los rodales analizados, incluidos los del piso subalpino superior.
Los forestales miden periódicamente el diámetro del tronco a la altura del pecho de todos los árboles en cientos de parcelas representativas de 200 metros cuadrados. El equipo ha completado esos datos con imágenes de satélite, con las que ha medido la humedad de las copas durante las sequías extremas.
Bosques más diversos y resistentes
Los autores han concluido que la composición de los rodales protectores suizos ha cambiado con el tiempo, porque las sequías han eliminado de forma selectiva a los árboles más vulnerables y de mayor tamaño, incluso a las mayores alturas.
Los rodales actuales parecen formados por árboles más resistentes, pero que pueden debilitarse cuando las sequías se suceden con rapidez
Los rodales actuales parecen formados por árboles más resistentes, pero que pueden debilitarse cuando las sequías se suceden con rapidez, algo cada vez más habitual, advierte el estudio. El factor que señala el declive también ha cambiado: al principio, los rodales en declive resistían peor el golpe de la sequía, y en el último periodo lo que les falla es la recuperación posterior. Esa adaptación, sin embargo, no ha bastado para frenar la pérdida de árboles.
El trabajo también señala sus propias limitaciones. No distingue entre especies, así que no puede precisar si el cambio se debe a la pérdida de los individuos más vulnerables de cada especie o al relevo hacia especies más tolerantes. Tampoco separa cuántos árboles mueren y cuántos nacen, porque los inventarios solo registran el cambio neto. Además, el modelo de sequía no tiene en cuenta la nieve acumulada, lo que podría sobrestimar el estrés hídrico en las zonas más altas.
Noyer y su equipo creen que hacen falta con urgencia estrategias forestales adaptativas, no solo en Suiza, sino en todas las cordilleras europeas. El estudio defiende mantener una densidad suficiente de árboles, favorecer bosques de varias capas y estructuralmente diversos y acelerar la transición hacia ejemplares tolerantes a la sequía, sobre todo en altitudes bajas e intermedias, donde el declive es más marcado.
“Las cuestiones abiertas fundamentales giran en torno a la rapidez con que cambiará la composición de especies de los bosques y a cómo pueden los silvicultores hacerlos más resilientes fomentando rodales diversos y de varias capas. Nuestro estudio de seguimiento, en curso, debería aportar datos espaciales aplicables que ayuden a los silvicultores a lograrlo”, ha señalado Noyer.
La investigación se ha realizado en el marco del proyecto MOSAIC del programa Interreg Espacio Alpino, cofinanciado por la Unión Europea.
- (1) Four decades of drought impacts on Swiss protective forests: a vanishing altitudinal gradient. Frontiers in Forests and Global Change.
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