Cuando la ladera norte del Tsangbu Ri se vino abajo, la sacudida se registró en estaciones sísmicas situadas a más de 19.000 kilómetros. Esas mismas vibraciones permiten ahora reconstruir cómo se produjo la devastadora inundación que el 26 de agosto de 2026 recorrió el valle del Trishuli, en la frontera entre China y Nepal, y que causó miles de víctimas.
Un estudio internacional liderado por un equipo de Nepal y con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) –organismo adscrito al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades– ha reconstruido la secuencia del desastre a partir de los datos de las redes sísmicas regionales. El trabajo, publicado en la revista Seismica(1), recoge el primer conjunto completo de observaciones sísmicas del suceso en Nepal y en China.
Así fue el colapso
El colapso principal se produjo a las 08.37 horas de Nepal –las 02.52 horas UTC, la referencia horaria que usan los científicos para comparar registros de distintos países– del 26 de agosto de 2026. Ocurrió en la ladera norte del Tsangbu Ri, en la cordillera de Langtang, y la energía que liberó fue equivalente a la de un terremoto de magnitud 5,2. No fue un terremoto, sino el derrumbe de una ladera, pero la sacudida que generó equivale a la de un seísmo de esa magnitud.
Dada la magnitud del desastre, los sismómetros de Nepal y de China detectaron claramente las vibraciones generadas por el desprendimiento de la ladera
JORDI DÍAZ, GEO3BCN-CSIC
“Dada la magnitud del desastre, los sismómetros de Nepal y de China detectaron claramente las vibraciones generadas por el desprendimiento de la ladera”, señala Jordi Díaz, investigador del CSIC en Geociencias Barcelona (GEO3BCN). Los sismómetros son aparatos que registran los movimientos del terreno, y con sus registros el equipo científico ha podido caracterizar la secuencia de los hechos a partir de las estaciones sísmicas de ambos países.
Según el estudio, el volumen de material movilizado se estima en aproximadamente 100 millones de metros cúbicos, compuesto principalmente por roca y material glaciar. Con esos datos, los autores también han localizado el punto donde se produjo el colapso principal.
Para ello utilizan las primeras llegadas de las ondas de alta frecuencia: en esencia, comparan en qué momento alcanza la vibración a cada estación para deducir dónde se originó. Con esta técnica han situado tanto el movimiento de masa principal como un pequeño evento sísmico cercano que lo precedió poco antes.
La riada y su eco mundial
Los datos también han permitido seguir el avance de la gigantesca inundación posterior, que sorprendió tanto a las personas situadas en la frontera entre Tíbet y Nepal como a los habitantes del valle del Trishuli. Su velocidad superó los 165 kilómetros por hora en el primer tramo analizado, y el paso de la corriente dejó huella en los sismómetros.
Las vibraciones asociadas al flujo fueron registradas durante varias horas, incluso en estaciones situadas a más de 100 km del río
Las vibraciones asociadas al flujo fueron registradas durante varias horas, incluso en estaciones situadas a más de 100 km del río, según recoge el estudio. El paso de la riada elevó el nivel de “ruido” sísmico –el murmullo de fondo que captan de forma continua los sismómetros– y ese aumento se mantuvo durante horas, incluso lejos del cauce.
El desastre, ampliamente documentado mediante vídeos compartidos en redes sociales, causó miles de víctimas y daños materiales de gran magnitud. Según el último balance de la Policía nepalí, se han localizado 1.399 cadáveres y se mantiene en 4.089 el número de desaparecidos.
Asimismo, las vibraciones del terreno provocadas por el evento se han observado en todo el planeta, a distancias superiores a 19.000 kilómetros, y el estudio recoge las detecciones sísmicas globales del evento principal. En la Península Ibérica, Díaz analizó las ondas generadas por el colapso registradas por las estaciones sísmicas de las redes del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y del Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya (ICGC).
Señales previas y alerta temprana
Los datos sísmicos también han revelado varias señales durante las horas y los días previos al colapso. De los más de 60 eventos detectados en las dos semanas anteriores, uno ocurrió apenas 17 minutos antes del colapso principal y tuvo una energía equivalente a la de un terremoto local de magnitud 2,5. Todavía queda por determinar si estas señales estuvieron relacionadas con movimientos precursores de la ladera.
El equipo investigador defiende que estas observaciones ponen de manifiesto el valor de una red regional de vigilancia sísmica
El equipo investigador defiende que estas observaciones ponen de manifiesto el valor de una red regional de vigilancia sísmica para detectar futuros fenómenos de este tipo y contribuir a la emisión temprana de alertas para las poblaciones afectadas, según el estudio.
En el artículo, los autores plantean ir un paso más allá: una red regional de vigilancia sísmica acompañada de un sistema de detección y clasificación de señales sería una herramienta de alerta temprana ante futuros eventos de alto riesgo. En términos sencillos, la idea es contar con un sistema capaz de detectar las señales sísmicas y de clasificarlas según su origen, para poder distinguir un fenómeno peligroso y emitir una alerta a tiempo.
En la investigación participan, además del CSIC, instituciones de Nepal, Suiza, Francia, China, Reino Unido y Estados Unidos, entre ellas la Universidad de Lausana, el University College de Londres, la Universidad de Texas en El Paso, la Universidad Central de Carolina del Norte, la Universidad Tribhuvan de Katmandú, el Instituto de Geofísica de la Administración de Terremotos de China y el CEA francés.
El trabajo, firmado en primer lugar por Lok Bijaya Adhikari, del Centro Nacional de Monitoreo e Investigación de Terremotos de Nepal, se ha publicado en la sección de informes rápidos (Fast Reports) de Seismica, una revista de acceso abierto. Los autores citan además el conjunto de datos de formas de onda sísmicas del suceso, depositado en el repositorio Zenodo(2).
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