Las publicaciones que aseguran que el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (HAARP) puede modificar el clima continúan circulando en redes sociales, pese a que especialistas y la propia instalación científica rechazan esa posibilidad. El proyecto, situado en Gakona, Alaska (Estados Unidos) y gestionado desde 2015 por la Universidad de Alaska Fairbanks, estudia la ionosfera mediante ondas de radio, mientras que la lluvia, el viento, las tormentas y buena parte de los fenómenos meteorológicos se producen mucho más abajo, principalmente en la troposfera.
Qué estudia realmente HAARP
HAARP es un programa de investigación de la atmósfera superior centrado especialmente en la ionosfera, una región que comienza aproximadamente entre 60 y 80 kilómetros de altitud y se prolonga por encima de los 500 kilómetros. Allí, la radiación procedente del Sol provoca que existan partículas con carga eléctrica y se producen fenómenos relacionados con la interacción entre el Sol y el campo magnético terrestre.
Esta zona de la atmósfera también tiene importancia para las comunicaciones por radio, ya que determinadas ondas pueden interactuar con las partículas cargadas de la ionosfera. Precisamente, uno de los objetivos históricos del programa fue comprender mejor esas condiciones y su influencia sobre los sistemas de comunicación y navegación de uso tanto civil como militar.
Entre 1990 y 2014, HAARP estuvo gestionado conjuntamente por la Fuerza Aérea y la Armada de Estados Unidos. En agosto de 2015, sus equipos de investigación pasaron a manos de la Universidad de Alaska Fairbanks, que desde entonces administra las instalaciones y las utiliza para investigaciones científicas sobre la alta atmósfera.
Uno de sus principales instrumentos permite enviar ondas de radio de alta frecuencia hacia pequeñas regiones de la ionosfera
Uno de sus principales instrumentos permite enviar ondas de radio de alta frecuencia hacia pequeñas regiones de la ionosfera. Estas emisiones producen alteraciones temporales que permiten observar de manera controlada procesos semejantes a otros que ocurren de forma natural y que, debido a la variabilidad de esta capa atmosférica, resultarían difíciles de estudiar de otra manera.
Los experimentos se dividen en actividades activas y pasivas. En las primeras se emplean transmisores de radio para generar pequeñas perturbaciones en la ionosfera y analizar posteriormente sus efectos. En las segundas se utilizan instrumentos que observan de forma continuada las condiciones naturales de la atmósfera superior.
La instalación es utilizada por personal investigador de distintas universidades y centros científicos. Las alteraciones provocadas durante los experimentos son, además, muy inferiores a los procesos naturales que se producen en esa región de la atmósfera y desaparecen rápidamente.
Por qué no controla el clima
La explicación fundamental está en la distancia entre la ionosfera y las capas donde se forma el tiempo meteorológico. La mayor parte de los fenómenos que percibimos en superficie –como la lluvia, el viento, las tormentas o las sequías– se desarrolla en la troposfera, situada mucho más cerca de la superficie terrestre.
Las ondas de radio utilizadas por HAARP no son absorbidas por la troposfera ni por la estratosfera, según explica la propia instalación. Al no producirse una interacción significativa entre esas emisiones y las capas responsables del tiempo meteorológico, el sistema no dispone de un mecanismo para controlar o modificar el clima.
El investigador Alejandro S. Borlaff, de la división de ciencias espaciales y astrobiología del Centro de Investigación Ames de la NASA, explicó que “fabricar” tormentas o sequías mediante experimentos en la ionosfera carece de base científica. La presión atmosférica y la presencia de agua disminuyen a medida que aumenta la altitud, mientras que los principales procesos meteorológicos tienen lugar mucho más abajo.
La presión atmosférica y la presencia de agua disminuyen a medida que aumenta la altitud, mientras que los principales procesos meteorológicos tienen lugar mucho más abajo
Además, provocar artificialmente fenómenos de la magnitud de una tormenta, un huracán o una sequía exigiría una cantidad de energía enormemente superior a la que puede generar un instrumento como HAARP. El físico Peter Alexander, investigador del Conicet y especialista en dinámica atmosférica, señala asimismo que la potencia de sus emisiones no permite alterar fenómenos meteorológicos situados a grandes distancias de las instalaciones de Alaska.
La propia Universidad de Alaska Fairbanks mantiene una sección específica en la que responde a estas afirmaciones y señala expresamente que HAARP no puede manipular el tiempo meteorológico. También explica que las modificaciones artificiales producidas en la ionosfera son temporales y pueden dejar de ser detectables desde menos de un segundo hasta unos pocos minutos después del experimento.
Una teoría que reaparece
Circulan en TikTok, Telegram, YouTube y Facebook publicaciones que atribuyen al programa capacidades que van desde provocar ciclones y sequías hasta causar terremotos o controlar la mente humana
Pese a estas explicaciones, desde hace más de una década circulan en TikTok, Telegram, YouTube y Facebook publicaciones que atribuyen al programa capacidades que van desde provocar ciclones y sequías hasta causar terremotos o controlar la mente humana. Algunas relacionan también las instalaciones con supuestas operaciones destinadas a generar deliberadamente el calentamiento global.
Estas narrativas suelen presentar a HAARP como un proyecto secreto manejado por poderes militares o políticos. Sin embargo, las instalaciones son gestionadas por la Universidad de Alaska Fairbanks, participan en ellas investigadores de diferentes universidades y el centro ha celebrado jornadas públicas para mostrar sus instalaciones y explicar sus investigaciones.
La desinformación sobre HAARP también se vincula con contenidos que niegan o minimizan la responsabilidad de las actividades humanas en el cambio climático y atribuyen el calentamiento global a intervenciones tecnológicas deliberadas
La desinformación sobre HAARP también se vincula con contenidos que niegan o minimizan la responsabilidad de las actividades humanas en el cambio climático y atribuyen el calentamiento global a intervenciones tecnológicas deliberadas. La evidencia científica disponible contradice esa interpretación.
Una revisión publicada en 2021 en la revista Environmental Research Letters (1), basada en una base de datos de 88.125 estudios científicos sobre el clima, concluyó con una elevada confianza estadística que más del 99 % de la literatura científica revisada por pares coincide con el origen humano del cambio climático contemporáneo.
Más del 99 % de la literatura científica revisada por pares coincide con el origen humano del cambio climático contemporáneo
Por tanto, HAARP no constituye una explicación científica del calentamiento global ni dispone de capacidad para producir tormentas, sequías o huracanes. Su función es estudiar procesos físicos de la ionosfera mediante experimentos controlados con ondas de radio, en una región de la atmósfera situada muy por encima de aquella en la que se desarrolla el tiempo meteorológico.
Referencias
- (1) Greater than 99% consensus on human caused climate change in the peer-reviewed scientific literature. Environmental Research Letters.
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