Un estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) muestra que los sensores más comunes para monitorizar la contaminación lumínica en todo el mundo –Sky Quality Meter (SQM) y los satélites VIIRS y DMSP– tienen una limitación para trazar la evolución de la contaminación lumínica: no ven en color, con lo que se podrían estar dando valores iguales para distintos tipos de iluminación.

"Aunque las imágenes de iluminación nocturna que estamos acostumbrados a ver muestran color, se trata de una interpretación artística de imágenes en blanco y negro –apunta Alejandro Sánchez, investigador del IAA-CSIC, que encabeza el estudio–. Así, el recientemente publicado Atlas Mundial de la Contaminación Lumínica sólo representa la punta del iceberg, como los autores ya reconocían en el artículo, ya que fue calibrado principalmente con este tipo de dispositivos".

En el estudio se muestra cómo el sensor más popular para trazar la evolución de la contaminación lumínica desde tierra, el SQM, podría estar dando valores iguales para una ciudad iluminada con sodio y otra con LED blancos de 3000 grados kelvin cuando, en realidad, puede haber un 100% más de contaminación lumínica en el segundo caso (los grados kelvin son la medida empleada para medir la temperatura de color de los LED).

"Esto es muy importante porque nos hallamos en un momento crucial: en ciudades de todo el mundo se están sustituyendo las lámparas de sodio tradicionales por dispositivos LED, y vemos que en este caso es fundamental controlar el color, ya que podemos tener la falsa sensación de estar reduciendo la contaminación lumínica cuando en realidad la estamos duplicando", señala el investigador.

El estudio indica cómo el cambio a LED blancos puede llegar a contaminar lo mismo que las tradicionales lámparas de sodio, pero para ello es necesario bajar la potencia al menos a un 42% y no emitir luz directa por encima de la horizontal.

Modificar el plan de alumbrado público

Las conclusiones de este estudio, ratificadas por un informe del Departamento de Energía de Estados Unidos publicado la pasada semana, han hecho posible que los Ayuntamiento de Montreal y Quebec hayan decidido modificar su plan de alumbrado público, reduciendo a un tercio la intensidad de los nuevos LED, con el compromiso de no usar iluminación que supere los 2700 grados kelvin.

"La contaminación lumínica es un problema serio, que debe abordarse desde las agendas políticas. No sólo por sus consecuencias sobre nuestra salud o los ecosistemas, sino porque sólo en España supone un derroche de entre 655 y 1.255 millones de euros anuales", señala Sánchez.

No obstante, existen actualmente sistemas para controlar de manera eficiente la evolución de la contaminación lumínica mediante nuevos sensores. Precisamente, la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha diseñado un dispositivo sensible al color, y Unihedron, el fabricante del SQM, trabaja en la solución del problema. También pueden resultar muy eficaces las imágenes tomadas por los astronautas con cámara réflex desde la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), un recurso empleado en el proyecto Cities at Night:

 

Además, el uso de nuevos modelos de propagación de la contaminación lumínica que tengan en cuenta estos factores es fundamental para su control. Otra solución reside en el uso de LED de tipo ámbar o temperatura de color inferior a 2200 grados kelvin, que no presentan el problema que presenta el cambio de iluminación a LED blancos.

Por otro lado, el IAA-CSIC recuerda su asesoramiento a la plataforma MadridDecide, que estudia la realización del primer estudio de impacto ambiental de la contaminación lumínica de España a gran escala.

"Esta propuesta ya ha sido evaluada de manera positiva por los técnicos del ayuntamiento y necesita del apoyo de los ciudadanos para ser seleccionada. La investigación a la que se refiere este artículo ha sido fundamental, ya que analiza el posible incremento de la contaminación lumínica de grandes ciudades que han sustituido parte o todo su alumbrado por LED recientemente, como Madrid o Milán", apunta Alejandro Sánchez.

Gran parte de estos trabajos se realizan dentro del proyecto Europeo Stars4all.