Un estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) muestra que los sensores más comunes para monitorizar la contaminación lumínica en todo el mundo –Sky Quality Meter (SQM) y los satélites VIIRS y DMSP– tienen una limitación para trazar la evolución de la contaminación lumínica: no ven en color, con lo que se podrían estar dando valores iguales para distintos tipos de iluminación.

"Aunque las imágenes de iluminación nocturna que estamos acostumbrados a ver muestran color, se trata de una interpretación artística de imágenes en blanco y negro –apunta Alejandro Sánchez, investigador del IAA-CSIC, que encabeza el estudio–. Así, el recientemente publicado Atlas Mundial de la Contaminación Lumínica sólo representa la punta del iceberg, como los autores ya reconocían en el artículo, ya que fue calibrado principalmente con este tipo de dispositivos".

En el estudio se muestra cómo el sensor más popular para trazar la evolución de la contaminación lumínica desde tierra, el SQM, podría estar dando valores iguales para una ciudad iluminada con sodio y otra con LED blancos de 3000 grados kelvin cuando, en realidad, puede haber un 100% más de contaminación lumínica en el segundo caso (los grados kelvin son la medida empleada para medir la temperatura de color de los LED).

"Esto es muy importante porque nos hallamos en un momento crucial: en ciudades de todo el mundo se están sustituyendo las lámparas de sodio tradicionales por dispositivos LED, y vemos que en este caso es fundamental controlar el color, ya que podemos tener la falsa sensación de estar reduciendo la contaminación lumínica cuando en realidad la estamos duplicando", señala el investigador.

El estudio indica cómo el cambio a LED blancos puede llegar a contaminar lo mismo que las tradicionales lámparas de sodio, pero para ello es necesario bajar la potencia al menos a un 42% y no emitir luz directa por encima de la horizontal.