Se cumplen 66 días de guerra en Ucrania sin señales de un alto el fuego en la ofensiva de las tropas rusas. Desde hace unas semanas el asedio se ha trasladado al sur del país, a la zona del Donbás y hasta la región fronteriza con Moldavia, en Transnistria.

Sumario

 

Mapa del éxodo desde Ucrania en la frontera de Eslovaquia Vel’ke Slemence / Gráfico: EA

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) (1) estima que cerda de 5,5 millones de refugiados ya han huido de Ucrania desde que el 24 de febrero el presidente ruso, Vladimir Putin, anunciara una operación militar en el país. Y lo que es peor, Naciones Unidas teme que la cifra de refugiados supere los 8,3 millones, si no hay un alto el fuego de manera inminente. Cosa que no parece que vaya a ocurrir.

Se calcula que hay unos 7,7 millones de desplazados internos, que han abandonado sus hogares, pero se han quedado dentro de Ucrania.

Ya se considera el éxodo más rápido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

Según ACNUR 5.429.739 de personas han huido de la guerra de Ucraniaa 28 de abril de 2022. Por países, 2.992.575 refugiados han llegado a Polonia, 810.021 a Rumanía, 656.381 a Rusia, 513.848 a Hungría, 441.437 a Moldavia, 367.904 a Eslovaquia y 25.002 a Bielorrusia.

Desde EcoAvant.com, el 19 de marzo iniciamos un trayecto por carretera a través de los principales pasos fronterizos donde llegaban las personas huidas de la guerra hasta los cinco de los siete países que lindan con Ucrania: Medyka (Polonia), Vel’ke Slemence (Eslovaquia), Beregsurány (Hungría), Siret (Rumanía) y Palanca (Moldavia)

Desde EcoAvant.com, el 19 de marzo iniciamos un trayecto por carretera a través de los principales pasos fronterizos donde se refugian las personas huidas de la guerra hasta cinco de los siete países que lindan con Ucrania: Medyka (Polonia)Vel’ke Slemence (Eslovaquia)Beregsurány (Hungría)Siret (Rumanía)Palanca (Moldavia)

Nuestro viaje finaliza 10 días más tarde, el 28 de marzo, después de haber recogido decenas de testimonios y experiencias de la barbarie y el terror de la guerra.

Este es el segundo reportaje que corresponde al paso de fronterizo de Vel’ke Slemence (Eslovaquia) de una serie de cinco más. Además, también nos documentamos sobre los otros refugiados: las mascotas, desde un centro de refugiados para animales de compañía improvisado en Medyka (Polonia). 

 

Algunos datos sobre Eslovaquia

 

Una valla publicitaria con carteles electorales, junto a la carretera principal que se dirige a Vel’ke Slemence en Eslovaquia / Foto: FFM - EA

 

Eslovaquia, con capital en Bratislava, tiene una población de cerca de 5,5 millones de habitantes es uno de los Estados miembros de la Unión Europea (UE) desde el 1 de mayo de 2004 el mismo año que ingresó en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En enero de 2009 se unió a la eurozona y adoptó el euro como moneda oficial.

Está situado en Europa Central y tiene fronteras terrestres con Polonia al norte, Ucrania al este, Hungría al sur, Austria al oeste y República Checa al noroeste. Tras la caída del Bloque del Este en 1989, Eslovaquia y la Republica Checa se independizaron en 1993, y supuso la disolución de Checoslovaquia.

La República Eslovaca ocupa la posición número 60 en el ranking de economías de 196 países de todo mundo por volumen de PIB, que ha multiplicado por 10 desde 1990 a 2021. Tal como detallan desde  la UE (2) en 2020 “los sectores más importantes de la economía eslovaca fueron la industria (24,1 %), el comercio mayorista y minorista, el transporte, la hostelería y la restauración (18,4 %) y la administración pública, la defensa, la educación, la sanidad y los servicios sociales (16,8 %)”.

La economía eslovaca hace años que experimenta una creciente inflación, acentuada por la pandemia mundial de la covid-19 y el boom inmobiliario de las grandes urbes

La economía eslovaca hace años que experimenta una creciente inflación, acentuada por la pandemia mundial de la covid-19 y el boom inmobiliario de las grandes urbes.

Entre los acontecimientos políticos más recientes, destaca el ascenso a nuevo primer ministro de Eduard Heger, tras la dimisión Igor Matovic, ambos del partido Gente Común de tendencia conservadora y populistas. La renuncia del mandatario se produjo en 2021, tras su polémica gestión de la pandemia del coronavirus y las críticas de los socios de coalición por la compra de la vacuna rusa contra la covid-19, Sputnik V; sin que esta fuera avalada por la Agencia Europea del Medicamento (EMA).

 

Postura eslovaca ante el conflicto

 

Un control de policías y militares unos centenares de metros antes de la línea de frontera Vel’ke Slemence en Eslovaquia / Foto: FFM - EA

Al igual que Polonia que es el principal receptor de huidos de la guerra de Ucrania, Eslovaquia a la vez que acoge refugiados dona armas al Ejército ucraniano para que resista la incursión de Rusia. Tal como resume el ministro eslovaco de Exteriores, Iván Korcok: "Ucrania tiene el derecho legal a defenderse”.

El 11 de abril el Ministerio de Defensa de Rusia anunciaba haber abatido el sistema aéreo de defensa antimisiles S-300 donado por Eslovaquia, mientras que Kiev y Bratislava lo niegan.

Juntamente con Polonia y la Republica Checa, el Ejecutivo eslovaco promueve desde el inicio del conflicto la adhesión por la vía rápida de Ucrania en la UE como Estado miembro, a la vez que encabeza la solicitud del endurecimiento de las sanciones contra Rusia.

Esta misma semana Gazprom ha suspendido "por completo" el suministro de gas a Polonia y Bulgaria, por no haber pagado las entregas en rublos.

Eslovaquia se ha caracterizado en los últimos años por su rechazo a las personas migrantes. Polonia cerró sus fronteras ante la ola de refugiados de Bielorrusia y una de las peores crisis en el seno de la EU, desde sus inicios, en 2015

Eslovaquia puede ser el siguiente y es uno de los países más dependientes del gas ruso, con importaciones de hasta el 80%, según la agencia Bloomberg. El viceministro de Economía eslovaco, Karol Galek, niega haber llegado a activar las cuentas que abrió en Gazprombank para llevar a cabo el pago en rublos del gas suministrado por la Federación de Rusia, a la espera de que la Unión Europea adopte una posición común que, por ahora, pasa por no ceder a las presiones de Moscú.

Como el resto de países de Europa Central, Eslovaquia se ha caracterizado en los últimos años por su rechazo a las personas migrantes. En un contexto en que Polonia cerró sus fronteras ante la ola de refugiados de Bielorrusia y una de las peores crisis en el seno de la EU, desde sus inicios, por la ola de refugiados de Oriente Medio en 2015.

El que entonces fuera primer ministro eslovaco, el socialdemócrata Robert Fico, declaró en 2016: "En adelante no vamos a tomar de manera voluntaria una decisión que permita la creación de una comunidad musulmana, con todos los riesgos que vemos en otros países europeos”, en un anuncio de endurecimiento de su política migratoria frente a la llegada de posibles refugiados musulmanes.

Sin hilar muy fino, se puede indicar que el motivo de fondo sea racista. Se ha entendido que la población ucraniana no planteaba problemas de acogida por elementos culturales e incluso de apariencia física, frente a la población de otros lugares de conflicto

DANIEL DE LA PARRA, profesor de  Sociología de la UA

Ahora la guerra de Ucrania parece haber tenido el efecto contrario abriendo sus puertas a millones de personas que huyen del conflicto armado.  Pero hay quien sigue viendo motivaciones racistas tal como señala el profesor de Sociología en la Universidad de Alicante (UA), Daniel La Parra Casado, "que la acogida de refugiados de Ucrania sea distinta a otras crisis puede deberse al racismo".

El sociólogo La Parra añade: "Sin hilar muy fino, se puede indicar que el motivo de fondo sea racista. Se ha entendido que la población ucraniana no planteaba problemas de acogida por elementos culturales e incluso de apariencia física, frente a la población de otros lugares de conflicto".

 

Vel’ke Slemence: un paso fronterizo silencioso

 

Un niño y un adulto ucranianos, el que parece ser su padre acaban de entrar por la frontera de Ucrania hasta Eslovaquia (de fondo) / Foto: FFM - EA

Después de varias horas de carretera por la que atravesamos parte de Polonia y Eslovaquia, llegamos a nuestro siguiente destino, después de Medyka: Vel’ke Slemence. Es uno de los tres principales pasos fronterizos del país a donde llegan refugiados de la guerra de Ucrania hasta la República Eslovaca. Más al norte, se encuentran los otros dos y no menos importantes Ub’la y Vysne Nemecke.

A diferencia de Medyka, en este enclave fronterizo predomina el silencio. Es mucho más perceptible la tragedia de la crisis humanitaria. La vasta mayoría de los voluntarios son del país de acogida. Ya no hay la gran cantidad de entidades llegadas de todos los rincones de Europa, todos en una cierta disputa por asistir los primeros a los refugiados que van llegando, en un especia de plató al aire libre, donde encuentras periodistas de todo el mundo sin parar. De hecho, no coincidimos con ninguno.

Una de las principales diferencias que observamos es que la policía y el ejército tienen mucho más peso en la gestión de los refugiados. Del gran escenario mediático de Medyka y Przemysl ya no queda nada

Una de las principales diferencias que observamos es que la policía y el ejército tienen mucho más peso en la gestión de los refugiados. Constantemente hay controles, en los que nos tenemos que ir acreditando. Y así lo hacemos. Del gran escenario mediático de Medyka y Przemysl ya no queda nada.

Para muchos refugiados no es fácil viajar en Ucrania con trenes o autobuses que se dirijan a la frontera con los países limítrofes. La mayoría de la gente viaja en su vehículo propio. Y la que no llega exhausta y traumatizada. La gran mayoría llega desde las ciudades ucranianas de Uzhhorod, y donde todavía hay una cierta normalidad, a pocos kilómetros de la frontera eslovaca, y Léopolis una gran urbe por la que se articula este éxodo masivo.

 

Voluntarios en Vel’Ke Slemence

 

La voluntaria Eliska Galovicova y Daniel Sproete de la organización humanitaria eslovaca Clovek v Ohrození / Foto: FFM - EA

Unos centenares de metros antes del punto fronterizo un convoy militar nos ordena parar y acreditarnos. Después de revisar toda la documentación nos hace aparcar en un aparcamiento de tierra desde donde vemos unas tiendas de ayuda a refugiados. Después de preguntar a otro grupo de militares que conversan con unos policías, nos dejan acercarnos.

A sus 18 años Eliska Galovicova, estudia magisterio y se ha mudado temporalmente desde la localidad eslovaca Spissky Stiavnik –su lugar habitual de residencia– a Vel’Ke Slemence, donde ayuda y asiste decenas de ucranianos que llegan cada día. Aquí, ayuda como voluntaria en organización eslovaca Clovek v Ohrození (3) (del eslovaco, Hombre en Peligro), dedicada desde de guerra de Kosovo al desarrollo y la ayuda humanitaria en diferentes lugares del mundo. 

Esta mañana ha pasado un grupo de 50 y me enseñaban fotos de móvil, aunque 35 de ellos querían volver

ELISKA GALOVICOVA , voluntaria de Clovek v Ohrození

Son las 11.00 de la mañana del martes 22 de marzo. Nos invita a entrar a una carpa en la que preparan comida y donde hay mesas grandes para una treintena de comensales. También está repleto de montones de ropa distribuidos por el espacio interior desde donde la joven Galovicova nos explica como algunos de los refugiados van con muchas ganas de hablar y otros, en silencio: “Esta mañana ha pasado un grupo de 50 y me enseñaban fotos de móvil, aunque 35 de ellos querían volver”, comenta.

Daniel Sproete es otro voluntario de 36 años venido de Alemania. Se ha pedido dos semanas de vacaciones para hacer de voluntario. Se une a la conversación y nos explica: “Acabo de hacer huevos para alguien. Y ahora estoy preparando salchichas para uno de nuestros chicos, para uno de nuestros conductores que llevan a la gente desde la frontera”.

Varios voluntarios en el centro de refugiados ucranianos en la frontera con Eslovaquia, en Vel’ke Slemence / Foto: FFM - EA

Abandonamos la tienda solidaria y el aparcamiento, para dirigirnos justo al paso fronterizo. No sin tener que negociarlo previamente con el control de militares y policias, ciertamente amable. A estas alturas del viaje –día 4–, ya hemos aprendido que en estos países de Europa Central, decir que venimos de Madrid y Barcelona causa mucha sorpresa y simpatía, y lo explotamos. En función de su afinidad deportiva, muchos te dicen: "Messi", "Futbol Club Barcelona" o "Real Madrid" e incluso "Més que un Club" –ante lo que quedamos atónitos–. Nos volvemos a acreditar y les argumentamos que tenemos una cita con un responsable de la Cruz Roja Eslovaca (4). El argumento les complace y acceden a dejarnos passar.  

La mitad de los más de 100 empleados que coordino en la empresa para la que trabajo son de Ucrania. Con el estallido de la guerra muchos de ellos me dijeron: ‘Lo siento, pero tengo que irme a hacer entrenamiento militar para defender a mi país. Es mi deber’

STANISLAV ZUPKA, voluntario de la Cruz Roja Eslovaca

Stanislav Zupka, ronda la treintena y es ingeniero químico. Normalmente trabaja desde un cargo de responsabilidad para la compañía inglesa Jaguar Land Rover en Bratislava. De aspecto dinámico y decidido, el joven eslovaco rememora en voz alta los motivos por los que está de voluntario de la Cruz Roja Eslovaca, en Vel’ke Slemence: “La mitad de los más de 100 empleados que coordino en la empresa para la que trabajo son de Ucrania. Con el estallido de la guerra muchos de ellos me dijeron: ‘Lo siento, pero tengo que irme a hacer entrenamiento militar para defender a mi país. Es mi deber’”.

De entrada, Zupka se quedó muy impactado por lo brusco de la nueva situación, y tal como recuerda le afectó mucho al estado de ánimo. Así, que decidió ir como voluntario hacia la frontera donde se encontraba hasta hace unos días, desde donde ya regresó a su residencia habitual. 

 

Viejos y pobres se quedan junto a la guerra

 

Dos jóvenes refugiados Sobia Gorentsobia (20 años) y Oleg Babenko (15 años), huidos de las bombas de la ciudad de Dnipro en Ucrania / Foto: FFM - EA

Stanislav Zupka, tras largas jornadas de auxilio y agotamiento, pero también muchas conversaciones con refugiados, tiene la convicción –cuando estubimo con él y se cumplía casi un mes desde inicio de la guerra, a 22 de marzo­– que el flujo del éxodo de personas que llegaban hasta la frontera había disminuido repentinamente –en esos momentos– ya que mayoría de gente que huye de Ucrania es la que tienen más recursos, y son los primeros que salieron. Por lo que, las personas mayores y las más pobres se quedaban junto a la guerra sin salir del país.

Además, hay que añadir a la estimación de Zupka que los varones entre 18 y 60 años se quedan para servir en el frente como soldado o el uso que se les estipule. Por lo que el éxodo tan masivo del principio se ha ido mitigando. Pero, desde la fecha han seguido llegando masivamente personas a territorio eslovaco. Si para el 20 de marzo eran 250.000, ahora ya son 367.904 personas.

Hemos cruzado toda Ucrania desde Dnipro, que está cerca del Donbás. Allí ya no podíamos seguir. Mi madre se quedó, pero nosotros nos marchamos. Hubo un momento en que se escuchaban las bombas hasta en los refugios. Teníamos mucho miedo

SOBIA GORENTSOBIA, refugiada de Dinipro (Ucrania)

Quien sí ha logrado alejarse del peligro de los misiles y las bombas es Sobia Gorentsobia, una joven refugiada y estudiante de magisterio de 20 años que ha recorrido más de 1.200 kilómetros para huir de la guerra. “Hemos cruzado toda Ucrania desde Dnipro, que está cerca del Donbás”, nos explica Gorentsobia, a quién acompaña Oleg Babenko, de 15 años.

Los dos pretenden alcanzar Eslovenia, donde la estudiante ha pasado alguna temporada. Mientras aguardan a un autobús que les traslade al siguiente destino, rememoran visiblemente aterrados las últimas semana en Ucrania. “Allí ya no podíamos seguir. Mi madre se quedó, pero nosotros nos marchamos. Hubo un momento en que se escuchaban las bombas hasta en los refugios. Teníamos mucho miedo”, admite muy angustiada Gorentsobia.

Casi todas las personas llegan extenuadas y con las huellas de haber huido de una guerra. Stanislav Zupka recuerda el caso de una joven que le dijo que había tal cantidad de multitud en la estación de tren de donde partía que se pasó seis horas de pie esperando el último tren

Casi todas las personas llegan extenuadas y con las huellas de haber huido de una guerra. Stanislav Zupka recuerda el caso de una joven que le dijo que había tal cantidad de multitud en la estación de tren de donde partía que se pasó seis horas de pie esperando el último tren. El voluntario de la Cruz Roja Zupka nos muestra: “Aquí tenemos una tienda de campaña caliente con capacidad para decenas de personas, para protegerse del frío cuando llegan y para relajarse y sentirse seguras, para comer, para beber después del largo y traumático viaje”.

El voluntario de la Cruz Roja Eslovaca, Stanislav Zupka, nos muestra el campamento y su equipamiento mientras nos explica las experiencias vividas durante esos días al auxilio de refugiados / Foto: FFM - EA

Desde allí también coordinan las atenciones de primeros auxilios en el caso de que haya personas heridas o la atención psicológica.

Stanislav Zupka, también destaca el agradecimiento infinito de las personas que atiende. Recuerda el caso de un refugiado que caminó hasta la frontera cerca de 20 kilómetros, por lo que agujereó los zapatos. Con las temperaturas extremadamente bajas de los últimos días de invierno, casi se congelaron los pies. Bueno, resume Zupka “cuando llegó aquí le dimos calcetines calientes y zapatos. Se estuvo más de media hora dándonos las gracias”.

En esta historia que nos explica, como en tanta otras que ha vivido como voluntario, por el brillo de su mirada, parece encontrarle parte de sentido a su dedicación altruista. A la vez, confiesa que reconoce que le hizo sentir cierto grado de estupor: “Cuando estás en casa, la mayoría pensamos en un IPhone nuevo, etc. Este tipo era feliz con tan solo dos zapatos. Se aprende mucho de los valores de la vida”.

 

De la frontera hacia otras ciudades europeas

 

El voluntario de la Cruz Roja Eslovaca, Stanislav Zupka, se despide de los refugiados Sobia Gorentsobia (20 años) y Oleg Babenko (15 años) ante la llegada de su transporte / Foto: FFM - EA

Una vez auxiliados y atendidos los refugiados en la frontera, abandonan la zona en autobús. La logística del transporte, no depende de la solidaridad individual de los particulares –como habíamos visto en Medyca, ya que no los hay–, sino que también la gestiona el Gobierno eslovaco. Los autocares desplazan a los refugiados desde la frontera hasta Mikalovce a 45 minutos o Kosice a una hora y media, la segunda ciudad más poblada de Eslovaquia y cercana a la frontera con Hungría. Desde allí, pueden viajar a otras ciudades europeas.

La mayoría de personas utilizan Eslovaquia tan solo como lugar de paso hacia otros destinos como Alemania, Holanda, Francia, Polonia, etc. Pero, también hay los que se quedan. Por ello, gestionan varios centros de soporte a los refugiados de Ucrania a lo largo de Eslovaquia

De hecho, la mayoría de personas utilizan Eslovaquia tan solo como lugar de paso hacia otros destinos como Alemania, Holanda, Francia, Polonia, etc. Pero, también hay los que se quedan. Stanislav Zupka, destaca que desde Cruz Roja Eslovaca gestionan varios centros de soporte a los refugiados de Ucrania a lo largo de Eslovaquia, como en la capital Bratislava o Banská Bystrica o Kosice, donde además “ayudamos a las personas huidas de la guerra más allá de la frontera.

Porque el trabajo no se acaba aquí. Les ayudamos a encontrar un trabajo, a encontrar alojamiento, quizá a alquilar un piso, a ayudar a los niños a ir a la escuela o con cursos de eslovaco para que se integren”.

Referencias