Cambiar la oficina por el salón de casa se ha consolidado como uno de los gestos más asociados a la vida sostenible. Sin embargo, la cuenta no siempre sale a favor del planeta: el teletrabajo puede reducir las emisiones de carbono al eliminar los desplazamientos diarios, pero ese beneficio corre el riesgo de quedar contrarrestado por el coste de carbono del espacio de la vivienda dedicado al trabajo.

Sumario

 

Así lo ha concluido un estudio de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes de Lucerna (Suiza), liderado por la investigadora Jana Z’Rotz y publicado este miércoles en la revista de acceso abierto PLOS Climate(1). Tras analizar los hábitos de más de 1.000 teletrabajadores suizos, el equipo ha comprobado que trabajar a distancia no garantiza, por sí solo, una huella climática menor.

 

La oficina en casa pasa factura

 

Los cálculos del equipo han mostrado que, como se esperaba, quienes teletrabajan con mayor frecuencia generan menos emisiones por desplazamientos. La sorpresa ha llegado al completar la ecuación: esa mejora se ve contrarrestada en gran medida por el aumento del coste de carbono asociado al uso de la vivienda y de la tecnología relacionadas con el trabajo.

El teletrabajo no tuvo un efecto positivo general constante en las emisiones laborales

“El teletrabajo no tuvo un efecto positivo general constante en las emisiones laborales”, concluye la investigación. Dicho de otro modo: quedarse en casa evita el trayecto diario, pero traslada parte del coste de carbono al propio hogar. El efecto es especialmente acusado cuando el teletrabajador utiliza un espacio de oficina independiente dentro de la vivienda.

Ese coste de carbono de la vivienda se refiere al impacto de mantener operativo el espacio doméstico durante la jornada laboral: cuanto mayor es la superficie destinada al trabajo –como ocurre con una habitación de oficina propia–, mayores son las emisiones asociadas al espacio habitable y a los equipos que lo acompañan, según recoge el estudio.

La conclusión matiza una idea muy extendida. El teletrabajo –desde casa, en espacios de coworking o desde otros lugares alternativos– se ha popularizado en los últimos años y suele considerarse una forma de recortar emisiones al disminuir los desplazamientos de los trabajadores. Sin embargo, ya se había sugerido que estos beneficios podrían verse anulados por un mayor consumo de suministros en el espacio de trabajo del hogar.

 

Una encuesta a mil teletrabajadores

 

Para poner a prueba esa hipótesis, los autores han utilizado una encuesta con la que recopilaron datos y estimaron el coste de carbono de tres frentes: los patrones de desplazamiento, el uso de la oficina en casa y el empleo de las tecnologías de la información y la comunicación –las llamadas TIC, es decir, los equipos y conexiones con los que se trabaja a distancia–.

La encuesta recibió más de 1.000 respuestas de personas que habían teletrabajado durante el mes anterior

“La encuesta recibió más de 1.000 respuestas de personas que habían teletrabajado durante el mes anterior”, detalla la publicación. El cuestionario estuvo disponible en línea para participantes suizos a finales de 2024, y sus respuestas permitieron comparar las emisiones de quienes acuden más o menos días a su puesto presencial.

“Entre los teletrabajadores, un mayor número de días de teletrabajo y disponer de una oficina en casa independiente se asocian positivamente con las emisiones de CO2 equivalente relacionadas con el espacio habitable y las tecnologías de la información y la comunicación”, han añadido los autores. El CO2 equivalente es la unidad que se emplea para expresar el efecto conjunto de los distintos gases de efecto invernadero en términos de dióxido de carbono.

 

Cómo teletrabajar de forma sostenible

 

Los resultados demuestran que el teletrabajo no reduce automáticamente las emisiones de carbono. Por ello, las empresas y los particulares que deseen recortar su huella deberían plantearse medidas adicionales, como espacios de trabajo en casa más compactos o espacios de trabajo remotos compartidos entre varias personas.

Los resultados ofrecen una visión general inicial, pero se basan en estimaciones de emisiones simplificadas

“Los resultados ofrecen una visión general inicial, pero se basan en estimaciones de emisiones simplificadas”, reconocen los propios investigadores, que señalan además otra limitación: el estudio carece de un grupo de control, es decir, de un conjunto de personas que no teletrabajan con el que contrastar los datos.

Con todo, el mensaje de fondo es claro: el balance climático del teletrabajo depende de cómo se organiza, y no solo de los trayectos que se dejan de hacer. Los autores concluyen que los estudios futuros deberían ampliar los datos para identificar las opciones más respetuosas con el medio ambiente y, al mismo tiempo, con los propios trabajadores.

Mientras llegan esas investigaciones, el trabajo deja una pauta práctica para cualquier empleado con ordenador en casa: reducir la superficie dedicada a la jornada laboral y compartir espacios cuando sea posible son, hoy por hoy, las vías más claras para que el teletrabajo cumpla su promesa ambiental.

Referencias

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