El desperdicio alimentario es de 1.200 millones de toneladas más de lo estimado hasta ahora, hasta alcanzar los 2.500 millones de toneladas que generan en torno al 10% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2), según un informe internacional de la ONG WWF que concluye que en torno al 40% de los alimentos que se producen en la Tierra no se consumen.

Además, el informe Enviado a la basura: Pérdida global de alimentos en granjas, realizado por la ONG y Tesco, eleva hasta más del doble, 2.500 millones de toneladas el volumen de alimentos que se desperdician en el mundo, una cifra que equivale al 40% de la producción total. La diferencia de cálculo se debe a que este informe incluye por primera vez el desperdicio en las propias explotaciones agrícolas, frente al índice de la FAO que solo contempla las pérdidas posteriores a la cosecha y acumuladas a lo largo de las cadenas de suministro.

 

Alimentar a toda la población mundial hasta 2050

 

Con este volumen de desperdicio se podría alimentar a toda la población mundial hasta 2050 y a los 800 millones de personas que pasan hambre a diario en el planeta hasta siete veces.

La ONG señala que este problema es "de tal magnitud" que debe ser abordado en la precumbre de sistemas alimentarios que celebrará la Organización de Naciones Unidas del 26 al 28 de julio. Además, WWF solicita al Gobierno que tenga en cuenta esta información a la hora de elaborar la futura Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario que prepara el Ministerio de Agricultura, así como el futuro Plan Estratégico de la PAC, que incluye por primera vez el despilfarro en un objetivo específico.

La estimación anterior sugería que el desperdicio alimentario generaba el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero, un porcentaje que se eleva ahora hasta el 10% del total mundial de las emisiones de CO2, o lo que es lo mismo, casi el doble de las emisiones que generan todos los coches que circulan por Estados Unidos y Europa durante todo el año.

 

440 millones de hectáreas de tierra agrícola

 

Los recursos agrícolas utilizan 440 millones de hectáreas de tierra agrícola y 760.000 hectómetros cúbicos de agua para producir los 1.200 millones de toneladas de alimentos que se pierden antes, durante y después de la cosecha o se desvían a otros usos como la alimentación animal y el biocombustibles.

La cifra equivale al área del subcontinente indio y a un volumen de agua equivalente al de 304 millones de piscinas olímpicas, sin contar con los recursos adicionales que se utilizan para producir los alimentos que se desperdiciarán después durante la cadena de suministro.

Otro de los datos del informe refleja que las pérdidas per cápita en las explotaciones agrícolas suelen ser mayores en las regiones industrializadas, a pesar de contar con una mayor mecanización y tener al 37% de la población mundial. Así, el trabajo afirma que son los países de renta alta y media de Europa, América del Norte y Asia industrializada los que contribuyen al 58% del desperdicio mundial de las cosechas.

 

Un grave problema que se suele minimizar

 

La responsable del programa de Alimentación Sostenible, Celsa Peiteado, ha criticado que a pesar de que se sabe desde hace años que el desperdicio de alimentos "es un grave problema también a pie de campo, se suele minimizar". En ese sentido, añade que el informe muestra que "posiblemente mayor de lo pensado" y que si se tiene en cuenta que casi 800 millones de personas en todo el mundo pasan hambre, al impacto ambiental hay que sumar "esta emergencia social".

"Los datos son alarmantes: se desperdicia suficiente comida como para alimentar a todo el mundo hasta 2050. Podríamos alimentar a todas las personas que pasan hambre en el planeta más de siete veces", ha apostillado Peiteado que reclama que la Cumbre del Clima que se celebrará en Glasgow, Escocia, el próximo mes de noviembre de a este problema una "atención urgente".

 

Apoyar a los agricultores de todo el mundo

 

Para WWF es necesario tomar medidas para apoyar a los agricultores de todo el mundo y comprometerse a reducir al menos a la mitad el desperdicio alimentario en todas las etapas de la cadena de suministro.

En cuanto a España, la ONG pide a la administración española que cuantifique el desperdicio alimentario en todos y cada uno de los eslabones de la cadena, comenzando a pie de campo, analizar las causas, especialmente las estructurales (sobreproducción, saturación del mercado, etc.) y poner en marcha todas las medidas necesarias para reducirlo a la mitad en 2030.