Los ecosistemas marinos de todo el mundo están experimentando rápidos cambios ecológicos y socioeconómicos. Se deben al cambio ambiental global: las actividades humanas que afectan los recursos marinos se distribuyen de manera heterogénea, se superponen espacialmente y aumentan con el tiempo.

La explotación de los recursos marinos ha sido históricamente el impulsor principal del cambio en los ecosistemas marinos. Le siguen la contaminación, la destrucción mecánica del hábitat y, más recientemente, la introducción de especies exógenas y el cambio climático inducido por el ser humano.

Este cambio ambiental altera las propiedades biofísicas y ecológicas del océano, tanto a escala global como local. Afecta en múltiples niveles su organización biológica, incluidos genes, especies, poblaciones y comunidades, provocando cambios en las interacciones ecológicas y impulsando incluso nuevas redistribuciones geográficas de las especies marinas.

Por otra parte, estos cambios también producen un efecto negativo sobre los servicios que el océano proporcionan a los seres humanos, como la provisión de alimento y la protección de la costa. Una transformación decidida hacia la sostenibilidad es clave para adaptar nuestros sistemas socioecológicos a entornos cambiantes y asegurar así sus beneficios a largo plazo.

 

Gestión desde la ciencia

 

En respuesta a este gran reto, existe un fuerte impulso para la implementación de un enfoque de ordenación pesquera basada en el ecosistema (EBFM, siglas en inglés de Ecosystem-Based Fisheries Management). Y, de manera más general, un enfoque de ordenación de las múltiples actividades humanas basado en el ecosistema (EBM, siglas en inglés de Ecosystem-Based Management).

Estos enfoques incluyen el establecimiento de iniciativas de ordenación transformadoras que consideren las actividades humanas de forma conjunta, la dinámica espacial y temporal cambiante de los ecosistemas y los factores ambientales, e incluyan sus interacciones y retroalimentaciones.

Es esencial que esta gestión transformadora de las actividades humanas esté informada por la ciencia. También tiene que considerar su impacto socioecológico involucrando a la variedad de actores interesados. Debe ser proactiva, mitigando y adaptando las medidas de gestión del cambio climático creciente para garantizar la resiliencia de los ecosistemas y las sociedades que dependen de estos.

El conocimiento científico sobre el funcionamiento del océano y cómo ha cambiado en las últimas décadas y continuará cambiando en el futuro es imprescindible para esta gestión transformadora. Esto incluye aumentar nuestra comprensión sobre cómo se estructuran los ecosistemas marinos y cómo el cambio climático los alterará. El conocimiento tiene que incluir el efecto de las sinergias potenciales con otros impulsores socioecológicos de cambio.

 

La importancia de los ecosistemas pelágicos

 

El océano cubre el 70 % de la superficie de la Tierra, y una gran proporción está asociada al hábitat que se desarrolla en la columna de agua, lo que conocemos como ecosistema pelágico. El ecosistema pelágico es mucho menos conocido que los hábitats demersales (cuyos organismos viven asociados al fondo marino). Cuanto más profundo es y más alejado está de la costa, menos conocimiento está disponible.

La gran variedad de organismos que habitan el ecosistema pelágico engloba especies de plancton (sin capacidad natatoria) y necton (con capacidad natatoria). Dentro de estas se encuentran las especies forrajeras, incluidos peces (como la sardina y el boquerón) e invertebrados (como camarones, pulpos, sepias y calamares).

Las especies forrajeras son el alimento fundamental para otras especies superiores en la red trófica y desempeñan un papel clave en la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas marinos. Estas ejercen un fuerte control sobre los organismos más pequeños y son claves como presa de organismos más grandes. También desempeñan un papel importante en los procesos de acoplamiento demersal-pelágico y en el transporte de materia orgánica y nutrientes en la columna de agua.

Son además especies muy importantes en relación con la seguridad alimentaria, ya que representan un porcentaje elevado de las capturas mundiales de la pesca. Adquirir una comprensión integral de la biología y la ecología de estos organismos que habitan el vasto ecosistema pelágico es un desafío para la comunidad científica marina.

 

Disminución de las poblaciones de sardinas y anchoas

 

Los ecosistemas pelágicos, como los ecosistemas marinos en general, están cambiando. Son per se muy dinámicos, pero también están mostrando cambios a largo plazo que se aceleran con el tiempo en algunas áreas. Estos cambios son muy evidentes en las aguas españolas, sobre todo en el Mediterráneo occidental. En esta zona especies de gran interés comercial como la sardina y boquerón (o anchoa, como se prefiera nombrar según la zona) han mostrado caídas importantes en su abundancia y captura, cambios en su distribución y un empeoramiento de su condición corporal en los últimos años.

Al mismo tiempo, hay especies potencialmente competidoras, como la sardinella (o alacha) u organismos gelatinosos (medusas), que han expandido su distribución y han aumentado su abundancia.

Estos cambios del ecosistema mediterráneo se están investigando con gran interés científico. Los últimos estudios apuntan a que son motivados por un impacto combinado de varios factores. Entre estos factores destaca una sobrepesca histórica y presente intensa que conlleva una mortalidad por pesca excesiva y la incapacidad de que los organismos se reproduzcan a un nivel suficiente para garantizar el tamaño de sus poblaciones.

También se han identificado como factores determinantes el efecto del cambio climático en aumento, que incluye el calentamiento de las aguas y cambios en la productividad marina, y el aumento de la polución por plásticos que está afectando a la salud de los organismos marinos.

De forma preocupante, estudios científicos recientes muestran cómo aquellas áreas dónde el cambio climático parece más rápido son las mismas donde la actividad humana (como la pesca) se concentra. Estos trabajos también permiten identificar zonas con potencial de ser refugios climáticos en el futuro, donde las condiciones ambientales óptimas para especies pelágicas parecen mantenerse en el tiempo bajo escenarios contrastados de cambio climático. En estas zonas la gestión pesquera podría reducir la intensidad de la extracción de capturas para garantizar áreas seguras de cría y reproducción.

 

Cambios necesarios de cara al futuro

 

Utilizando un modelo matemático del ecosistema marino que representa el Mediterráneo noroccidental, resultados de proyecciones de gestión muestran cómo diferentes combinaciones de reducción de esfuerzo pesquero y protección marina pueden ser beneficiosa. Por ejemplo, reducir el esfuerzo pesquero del cerco y arrastre, proteger la zona costera con profundidades menores de 50 metros y los refugios climáticos identificados en la zona podrían contribuir a asegurar las capturas de especies pelágicas comerciales y mantener unos adecuados niveles de biomasa de estas especies en el mar.

Por el contrario, si no se ejecutan medidas de gestión de los recursos marinos adicionales a las actuales, las proyecciones auguran una disminución aun mayor de biomasas y capturas en el futuro.

La Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible y la Década de la Restauración de los Ecosistemas, ambas proclamadas por las Naciones Unidas, nos brindan una oportunidad única para abordar estos grandes desafíos desde la ciencia y la gestión de los recursos marinos.

Los avances que se logren en esta década pueden contribuir sustancialmente a alcanzar los objetivos del Convenio sobre la Diversidad Biológica y su marco mundial de biodiversidad posterior a 2020. También serán fundamentales para informar al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en particular el ODS 14 sobre conservación y uso sostenible del océano, los mares y los recursos marinos.

La política y la gestión encaminada a velar y administrar los recursos marinos públicos tiene una oportunidad única en los próximos años para asentar las bases de una gestión transformadora e informada de estos recursos, dentro de un contexto complejo de cambio climático y global. De lo que hagan dependerá en gran medida la salud del océano y del planeta en su conjunto, y de los seres humanos que lo habitan y dependen de él.