Un calentamiento del océano en el Pacífico tropical puede acabar notándose, a miles de kilómetros, dentro de casas, escuelas y hospitales. Por eso, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha pedido a países y comunidades de todo el mundo que actúen ya para prepararse ante los crecientes riesgos para la salud de El Niño, que se intensificará hasta convertirse en un episodio muy fuerte a finales de año y traerá más calor extremo, inundaciones y sequías.

Sumario

 

El llamamiento, difundido por la OMM, se ha producido este miércoles, 23 de septiembre, en un acto sobre resiliencia urbana frente al calor celebrado en Nueva York durante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Según la última actualización del organismo, El Niño tendrá impactos en cascada sobre economías y sociedades, y sus efectos ya son visibles en sectores sensibles al clima como la salud.

 

Una prueba con tiempo para actuar

 

“Este El Niño es una prueba. Tenemos la ciencia. Tenemos aviso anticipado. Y todavía tenemos tiempo para actuar”, ha afirmado la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo. Saulo ha recordado que el fenómeno comienza con un calentamiento del Pacífico tropical, pero que sus consecuencias no se limitan a esa región: a miles de kilómetros puede alterar el régimen de lluvias y hacer más probables las temperaturas extremas.

En las ciudades que ya luchan contra el calor, los efectos llegan al interior de las casas, los lugares de trabajo, las escuelas y los hospitales

CELESTE SAULO, secretaria general de la OMM

“En las ciudades que ya luchan contra el calor, los efectos llegan al interior de las casas, los lugares de trabajo, las escuelas y los hospitales”, ha advertido Saulo. Por eso, ha pedido a gobiernos, autoridades sanitarias y organizaciones comunitarias que colaboren con los servicios meteorológicos para “tratar el calor extremo como el riesgo previsible para la salud pública que es”.

La OMM trabaja con sus socios para reforzar los llamados servicios climáticos para la salud. Se trata de tender puentes entre las comunidades sanitaria y meteorológica, de modo que las previsiones lleguen a las autoridades de salud en el momento adecuado y en el formato adecuado para salvar vidas.

El calendario agrava la amenaza. Cuando El Niño alcance su punto máximo, a finales de 2026, buena parte del hemisferio sur –el sur de África, Sudamérica y Australia– entrará en su estación más calurosa en los primeros meses de 2027. Ese calor propio de la época se sumará al de El Niño y elevará el riesgo de sequías, incendios forestales y humo, además de la contaminación del aire que los acompaña.

Quienes viven en ciudades son especialmente vulnerables, porque edificios y carreteras absorben el calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche. Eso puede dejar con muy poco margen para recuperarse a personas mayores, niños y trabajadores al aire libre, a quienes padecen enfermedades crónicas y a los residentes de viviendas mal ventiladas.

La exposición al calor afecta directamente al funcionamiento del cuerpo humano. Además, puede contribuir a muertes y enfermedades graves al agravar dolencias cardiovasculares, respiratorias, renales, metabólicas y de salud mental. En muchas partes del mundo preocuparán también las enfermedades causadas por el calor y los problemas respiratorios ligados al humo de los incendios y a la mala calidad del aire.

 

Más que una historia de calor

 

El calor extremo es solo uno de los riesgos examinados en el nuevo Global Public Health Situation Analysis – El Niño 2026(1) –un análisis mundial de la situación de la salud pública ante este episodio–, publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con aportaciones de la OMM. El documento estudia los riesgos propios de cada país y región a partir de las previsiones meteorológicas.

Esto es más que una historia de calor. La previsión estacional de la OMM apunta a lluvias superiores a lo normal en unas regiones y riesgo de sequía en otras

ARMEL CASTELLAN, Programa Conjunto OMS-OMM sobre Clima y Salud

“Esto es más que una historia de calor. La previsión estacional de la OMM apunta a lluvias superiores a lo normal en unas regiones y riesgo de sequía en otras”, ha señalado Armel Castellan, asesor sobre calor extremo del Programa Conjunto OMS-OMM sobre Clima y Salud, en referencia a las perspectivas para el periodo de septiembre a noviembre.

Según Castellan, ese escenario pone sobre la mesa la seguridad hídrica, la nutrición y las enfermedades transmitidas por vectores –las que propagan insectos como los mosquitos–, junto a la temperatura. El objetivo del análisis es ayudar a las autoridades sanitarias a anticipar dónde y cuándo golpearán con más fuerza los impactos, y cómo gestionarlos.

Para ello, el documento apuesta por reforzar los sistemas de vigilancia de enfermedades y la capacidad de respuesta rápida. “Las previsiones estacionales de la OMM nos dan un margen de tiempo muy necesario, y ese margen es lo que permite a las autoridades sanitarias anticiparse y prepararse, en lugar de reparar”, ha añadido Castellan.

El experto ha subrayado que, si los profesionales sanitarios pueden tomar decisiones informadas, eso puede marcar la diferencia entre perder vidas o salvarlas.

Las temperaturas más cálidas y los cambios en las lluvias pueden favorecer la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos, como la malaria, el dengue, el chikungunya, la fiebre amarilla y el zika. En algunas zonas, estas dolencias podrían extenderse a lugares donde tradicionalmente no se habían registrado, incluidas regiones situadas a mayor altitud.

 

Malnutrición y cólera, riesgo muy alto

 

Entre las mayores preocupaciones del análisis figuran la malnutrición y el cólera, evaluados como riesgos muy altos tanto en los lugares afectados por la sequía como en los que sufren inundaciones. Son, por tanto, amenazas que aparecen en los dos extremos del fenómeno.

El Niño es una amenaza importante para la salud pública, no solo un fenómeno climático. Es un multiplicador de riesgos

TERESA ZAKARIA, Organización Mundial de la Salud (OMS)

“El Niño es una amenaza importante para la salud pública, no solo un fenómeno climático. Es un multiplicador de riesgos”, ha advertido Teresa Zakaria, jefa de la Unidad de Reducción de Riesgos, Operaciones Humanitarias y Cambio Climático de la OMS. Zakaria ha añadido que se esperan impactos sanitarios en todo el mundo.

La situación alimentaria ya es delicada. Más de 150 millones de personas sufren actualmente inseguridad alimentaria aguda en el mundo, y se espera que esa cifra aumente a medida que las perturbaciones climáticas alteren la producción de alimentos y los medios de vida.

Los impactos más graves se producirán allí donde las perturbaciones climáticas se crucen con sistemas de salud débiles

TERESA ZAKARIA, Organización Mundial de la Salud (OMS)

“Los impactos más graves se producirán allí donde las perturbaciones climáticas se crucen con sistemas de salud débiles”, ha concluido Zakaria, así como con un acceso limitado a la atención sanitaria, la inseguridad alimentaria, los desplazamientos de población y las crisis humanitarias.

 

Referencias

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