El mundo no es actualmente más seguro frente a las pandemias que hace 10 años pese a las reformas impulsadas tras la COVID-19, según advierte el informe A world on the edge – Priorities for a pandemic-resilient future, publicado por el Global Preparedness Monitoring Board (GPMB) (1), organismo independiente copresidido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial.
El documento concluye que los impactos sanitarios, económicos, sociales y políticos de las emergencias de salud pública “no han disminuido” y, en algunos ámbitos, incluso están creciendo, mientras aumentan la fragmentación geopolítica, la desinformación y las desigualdades en el acceso a vacunas y tratamientos.
Riesgo pandémico creciente
El informe sostiene que la trayectoria del riesgo pandémico “se mueve en la dirección equivocada” y alerta de que factores como el cambio climático, los conflictos armados, la urbanización o la destrucción ecológica están favoreciendo la aparición y expansión de nuevas enfermedades infecciosas. El GPMB señala además que la cooperación internacional se está debilitando debido al auge del nacionalismo, la polarización política y los intereses comerciales.
Los expertos recuerdan que, pocos meses después del primer informe del organismo en 2019, el mundo sufrió la pandemia de COVID-19, considerada la crisis respiratoria más letal desde 1918
Los expertos recuerdan que, pocos meses después del primer informe del organismo en 2019, el mundo sufrió la pandemia de COVID-19, considerada la crisis respiratoria más letal desde 1918. A pesar del desarrollo acelerado de vacunas y herramientas diagnósticas, el documento concluye que las capacidades de prevención, preparación y respuesta –PPR, por sus siglas en inglés– no avanzan al mismo ritmo que las amenazas sanitarias.
El análisis examina las seis Emergencias de Salud Pública de Importancia Internacional declaradas en la última década: el brote de ébola en África occidental entre 2014 y 2016, el virus Zika, los brotes de ébola en República Democrática del Congo, la pandemia de COVID-19 y las recientes emergencias por mpox. Según el documento, todas ellas muestran patrones similares de vulnerabilidad institucional, impactos sociales prolongados y dificultades para garantizar una respuesta equitativa.
En 2024 la OMS detectó casi el doble de eventos sanitarios de emergencia que en 2015 y advierte de que los brotes que logran expandirse se convierten cada vez más en crisis de gran impacto global
El informe destaca que en 2024 la OMS detectó casi el doble de eventos sanitarios de emergencia que en 2015 y advierte de que los brotes que logran expandirse se convierten cada vez más en crisis de gran impacto global. También recuerda que las enfermedades infecciosas representaban el 15% de las muertes mundiales en 2015, pero esa cifra volvió a subir hasta el 23% en 2021 debido a la COVID-19.
Impactos persistentes
El GPMB sostiene que las consecuencias sanitarias, económicas y sociales de las emergencias recientes siguen siendo profundas y duraderas.
El informe indica que entre un tercio y la mitad de los supervivientes de las grandes epidemias experimentan secuelas relacionadas con la salud mental y subraya que durante la crisis del ébola y la pandemia de COVID-19 el acceso a servicios esenciales como la atención prenatal cayó cerca de un 40%
El informe indica que entre un tercio y la mitad de los supervivientes de las grandes epidemias experimentan secuelas relacionadas con la salud mental y subraya que durante la crisis del ébola y la pandemia de COVID-19 el acceso a servicios esenciales como la atención prenatal cayó cerca de un 40%.
En el ámbito económico, el documento señala que los países que recurrieron a confinamientos y restricciones masivas sufrieron mayores impactos estructurales. Durante la epidemia de ébola en África occidental y la COVID-19, el PIB llegó a caer un 5,1% y un 2,9%, respectivamente, mientras la deuda pública aumentó de forma considerable. Además, la inversión extranjera directa cayó un 51% en el primer año de la pandemia, el mayor descenso registrado hasta ahora.
El informe también subraya que las crisis sanitarias profundizaron las desigualdades sociales. Durante la pandemia de COVID-19, alrededor del 80% de los estudiantes del mundo se vieron afectados por cierres escolares, mientras millones de personas perdieron empleo o quedaron atrapadas en situaciones de pobreza. En el caso del virus Zika, el GPMB recuerda que el 83% de las madres con hijos afectados abandonó el mercado laboral.
Los expertos advierten además de un deterioro de la confianza pública en gobiernos, instituciones científicas y organismos multilaterales. Según el informe, la expansión de la desinformación y la polarización política han debilitado la cohesión social y dificultado las respuestas coordinadas frente a futuras emergencias sanitarias.
El documento considera especialmente preocupante la aparición de una “fatiga de equidad”, es decir, una pérdida progresiva de voluntad política y financiera para garantizar un acceso justo a vacunas, diagnósticos y tratamientos. El GPMB recuerda que durante los brotes recientes de mpox las vacunas tardaron entre 24 y 27 meses en llegar a países de renta baja, más tiempo incluso que durante la COVID-19.
Cuatro prioridades urgentes
Ante este escenario, el organismo plantea cuatro grandes líneas de actuación para la próxima década.
La primera consiste en crear un mecanismo independiente y permanente de vigilancia del riesgo pandémico, vinculado a la Asamblea Mundial de la Salud y apoyado en herramientas avanzadas de inteligencia artificial y análisis digital
La primera consiste en crear un mecanismo independiente y permanente de vigilancia del riesgo pandémico, vinculado a la Asamblea Mundial de la Salud y apoyado en herramientas avanzadas de inteligencia artificial y análisis digital.
La segunda prioridad pasa por garantizar un acceso equitativo a vacunas, diagnósticos y tratamientos mediante la ratificación e implementación completa del futuro Acuerdo sobre Pandemias de la OMS, junto con el fortalecimiento de capacidades regionales de producción farmacéutica. El informe defiende que las empresas que reciban financiación pública para investigación y desarrollo deban participar obligatoriamente en mecanismos de reparto equitativo.
El GPMB reclama además sistemas de financiación sostenibles que permitan actuar desde el llamado “día 0” de una emergencia sanitaria. El documento propone crear mecanismos automáticos de financiación inmediata para detección, rastreo y contención temprana de brotes, así como mantener un fondo mínimo de 100 millones de dólares para emergencias de la OMS.
Por último, el informe insta a mantener la atención política sobre la preparación pandémica y pide a los gobiernos aprovechar las negociaciones internacionales previstas en 2026 para reforzar la cooperación multilateral. El organismo advierte de que la fragmentación geopolítica y la reducción de la inversión en salud global amenazan con revertir los avances logrados tras la COVID-19.
Las conclusiones del informe sostienen que el mundo afronta una etapa marcada por mayor volatilidad e incertidumbre y que las futuras amenazas sanitarias podrían ser más frecuentes y difíciles de gestionar. El GPMB considera que solo una combinación de confianza pública, cooperación internacional y sistemas sanitarios resilientes permitirá reducir el impacto humano, económico y político de las próximas pandemias.
Referencias
- (1) A world on the edge – Priorities for a pandemic-resilient future, Global Preparedness Monitoring Board (GPMB).
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