Las cistitis pueden aumentar durante los meses de verano debido a las altas temperaturas, la mayor sudoración y determinados cambios de hábitos que reducen la frecuencia con la que se orina, según explica la doctora Leticia Delgado, facultativa adjunta del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Príncipe de Asturias, en una entrevista publicada el 12 de julio de 2026. La especialista señala que la deshidratación y el retraso de la micción facilitan la concentración de la orina y la proliferación de bacterias en la vejiga, mientras que bañarse en una piscina o en el mar no provoca directamente la infección.
El calor favorece la infección
La cistitis es una infección urinaria baja y sintomática que se encuentra limitada a la vejiga y que, en principio, no se acompaña de manifestaciones sistémicas como fiebre o malestar general. La infección resulta más habitual entre las mujeres debido a sus características anatómicas.
La infección resulta más habitual entre las mujeres debido a sus características anatómicas
La uretra femenina es más corta que la masculina y se encuentra más próxima a las áreas vulvovaginal y anal. Esta proximidad facilita que las bacterias procedentes de la flora intestinal puedan desplazarse por la uretra y alcanzar la vejiga.
Aunque durante el verano suele hablarse de un incremento de las infecciones urinarias, la doctora Delgado matiza que esta relación no debe interpretarse como una regla absoluta. Existen datos que sugieren un aumento de los casos durante los periodos de más calor, pero en su aparición intervienen diferentes circunstancias.
Entre los factores que pueden explicar este incremento se encuentran la mayor sudoración, la reducción del volumen de orina cuando la pérdida de líquidos no se compensa con una hidratación adecuada, los cambios de rutina asociados a las vacaciones y, en algunas mujeres, una mayor actividad sexual.
Por tanto, la aparición de cistitis durante estos meses no puede atribuirse exclusivamente al verano ni a los baños recreativos. La especialista destaca especialmente el papel de la deshidratación relativa y de la menor diuresis –la producción y eliminación de orina– como elementos que pueden favorecer la infección.
Cuando una persona bebe poca agua y suda más, la orina se vuelve más concentrada y se reduce la frecuencia de las micciones. Esta situación disminuye el efecto de arrastre que se produce al orinar y puede facilitar que las bacterias permanezcan o proliferen en las vías urinarias.
También influyen algunos comportamientos frecuentes durante las vacaciones, como aguantar las ganas de orinar durante viajes, excursiones o jornadas prolongadas fuera de casa. Retrasar repetidamente la micción permite que las bacterias permanezcan durante más tiempo en la vejiga.
La piscina no es culpable
La doctora Delgado descarta que exista una relación directa entre bañarse en piscinas o en el mar y desarrollar una cistitis. La mayoría de estas infecciones no se producen por contagio a través del agua, sino por microorganismos que ya forman parte de la flora intestinal de la persona.
El origen habitual de la infección no se encuentra en el agua de las piscinas o de las playas
La bacteria que aparece con mayor frecuencia es la Escherichia coli, que puede colonizar el área vulvovaginal y ascender posteriormente por la uretra hasta llegar a la vejiga. Por este motivo, el origen habitual de la infección no se encuentra en el agua de las piscinas o de las playas.
Los baños pueden contribuir de manera indirecta cuando una persona permanece durante varias horas con el bañador húmedo, sufre irritación en la zona genital, no mantiene una hidratación suficiente o aplaza la visita al baño pese a sentir la necesidad de orinar.
El bañador mojado y la ropa excesivamente ajustada pueden incrementar la humedad y la irritación local, además de favorecer la proliferación bacteriana. Sin embargo, su papel como causa directa de una cistitis se encuentra menos demostrado que el de la deshidratación o el retraso de la micción.
Otro factor relevante es el aumento de las relaciones sexuales, que puede elevar el riesgo de desarrollar una infección urinaria en algunas mujeres. La actividad sexual facilita el desplazamiento de bacterias hacia la uretra, aunque no todas las mujeres presentan la misma predisposición.
Los síntomas más habituales de la cistitis son el escozor o dolor al orinar, el aumento de la frecuencia de las micciones, la sensación urgente de necesitar ir al baño y el dolor en la parte baja del abdomen. En algunas ocasiones también puede aparecer sangre en la orina.
La especialista recomienda consultar con un profesional sanitario cuando aparecen fiebre, escalofríos, dolor lumbar, náuseas o mal estado general, ya que estos síntomas pueden indicar que la infección no está limitada a la vejiga o que existe una complicación.
También deben recibir una valoración específica las mujeres embarazadas, diabéticas o inmunodeprimidas, así como aquellas que sufren episodios repetidos o que no responden adecuadamente al tratamiento indicado.
Cuando la sintomatología se acompaña de un aumento o alteración del flujo vaginal, picor intenso o dolor durante las relaciones sexuales, resulta necesario valorar otras posibles causas, entre ellas las vulvovaginitis o las infecciones de transmisión sexual.
Hidratación y micciones frecuentes
Para reducir el riesgo de cistitis durante el verano, la principal recomendación consiste en mantener una hidratación adecuada. Beber líquidos ayuda a evitar que la orina se concentre y favorece unas micciones más frecuentes, que contribuyen a eliminar las bacterias de las vías urinarias.
También conviene no retrasar la micción, especialmente durante viajes, excursiones o actividades prolongadas. Ir al baño cuando aparece la necesidad de orinar evita que la orina permanezca demasiado tiempo almacenada en la vejiga.
Después de bañarse, se aconseja cambiar el bañador mojado por ropa seca para reducir la humedad y la irritación de la zona genital. Esta medida no impide por sí sola todas las infecciones, pero forma parte de los hábitos preventivos recomendados.
Es aconsejable, además, orinar después de mantener relaciones sexuales y evitar los espermicidas
Es aconsejable, además, orinar después de mantener relaciones sexuales y evitar los espermicidas, ya que pueden modificar el equilibrio de la zona genital y aumentar el riesgo de infección en mujeres predispuestas.
Las duchas vaginales y los productos íntimos innecesarios también deben evitarse porque pueden irritar o alterar la microbiota vulvovaginal. La higiene excesiva no protege frente a la cistitis y, en determinados casos, puede favorecer desequilibrios locales.
Cuando los episodios se repiten, resulta importante confirmar correctamente el diagnóstico mediante un cultivo de orina, analizar los posibles factores desencadenantes y evitar la utilización innecesaria de antibióticos.
La presencia de bacterias en la orina sin síntomas no debe tratarse de forma generalizada con antibióticos, salvo en situaciones concretas, como el embarazo o antes de determinados procedimientos urológicos. Esta precaución permite evitar tratamientos que no aportan beneficios y el uso inadecuado de estos medicamentos.
Un tratamiento antibiótico preventivo, aunque la decisión debe individualizarse y realizarse siempre bajo supervisión médica, sin recurrir a la automedicación
En algunos casos de infecciones recurrentes puede resultar necesario administrar un tratamiento antibiótico preventivo, aunque la decisión debe individualizarse y realizarse siempre bajo supervisión médica, sin recurrir a la automedicación.
En las mujeres posmenopáusicas, los estrógenos tópicos vaginales pueden ayudar a reducir las recurrencias. Los suplementos de arándano rojo también pueden disminuir moderadamente el número de episodios en mujeres predispuestas, aunque su efecto es limitado y no sustituye la valoración sanitaria.
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