Lo que come una mujer durante el embarazo se relaciona con la salud de su bebé. Los hijos de madres que siguieron una dieta de estilo mediterráneo han tenido un menor riesgo de sufrir a la vez cólicos –episodios de llanto intenso en el lactante– y eccema, una inflamación de la piel. El consumo regular de marisco durante la gestación también ha ayudado a reducir ese riesgo.
Así lo ha concluido un estudio de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, el Hospital Infantil de Boston y el Instituto Harvard Pilgrim Health Care, en Estados Unidos, publicado el 12 de octubre en la revista JAMA Network Open.(1) Los investigadores han analizado la alimentación de más de 1300 mujeres embarazadas y la han puesto en relación con lo que ocurrió después con sus bebés.
Menos riesgo con dieta mediterránea
Los números dan una idea del alcance. El 26 % de los bebés del estudio padeció cólicos –algo más de uno de cada cuatro– y el 5 % tuvo a la vez cólicos y eccema, es decir, uno de cada veinte. Es entre estos últimos donde se han concentrado los hallazgos: las madres que seguían más de cerca la dieta mediterránea tenían un riesgo significativamente menor de tener un bebé con ambas afecciones.
Cada punto más alto en la puntuación de dieta mediterránea de la madre se asoció con una reducción del 15 % del riesgo de que su bebé tuviera cólicos y eccema
Cada punto más alto en la puntuación de dieta mediterránea de la madre se asoció con una reducción del 15 % del riesgo de que su bebé tuviera cólicos y eccema, según el estudio. Esta puntuación se calcula a partir de los cuestionarios de alimentación que las participantes completaron de forma periódica y es más alta cuanto más saludable es el menú: mucha fruta, verdura, cereales integrales y legumbres, grasas saludables y un consumo moderado de lácteos y proteínas magras.
Los investigadores han utilizado una segunda medida, el índice de inflamación dietética, que funciona al revés. Una puntuación alta indica una alimentación menos saludable, con un elevado consumo de carnes rojas o procesadas, bebidas azucaradas, sodio y cereales refinados. En este caso, cada punto más alto se asoció con un riesgo un 34 % mayor.
Las dos puntuaciones apuntan en la misma dirección: cuanto más se parecía el menú de la madre a la dieta mediterránea, menor era el riesgo, y cuanto más inflamatoria era la dieta, mayor. Conviene recordar, eso sí, que se trata de asociaciones: el estudio relaciona lo que comían las madres con lo que sucedió con sus bebés, pero por sí solo no demuestra una relación de causa y efecto.
El marisco y las alergias
Los investigadores también han examinado los alimentos alergénicos más habituales, los conocidos por ser alérgenos comunes. Las participantes informaron de cuánto consumían de cacahuetes, mantequilla de cacahuete y otros frutos secos, pescado y marisco, huevos y lácteos. El resultado más llamativo ha sido el del marisco.
Por cada porción semanal de mariscos que consumía una mujer embarazada, su bebé tenía un 25 % menos de probabilidades de padecer cólicos y eccema
Por cada porción semanal de mariscos que consumía una mujer embarazada, su bebé tenía un 25 % menos de probabilidades de padecer cólicos y eccema, han descubierto los investigadores. Dicho de otro modo, una ración más de marisco a la semana se asoció con una cuarta parte menos de probabilidades de que el bebé tuviera ambas afecciones. El consumo regular de marisco durante el embarazo, por tanto, ayudó a reducir el riesgo.
Los otros alimentos alergénicos típicos –lácteos, huevos y frutos secos– no se relacionaron con tener un bebé con cólicos y eccema. Los investigadores calcularon, además, que todas las asociaciones encontradas en el estudio eran más fuertes entre los bebés cuyas madres tenían antecedentes de alergias.
Nuestro nuevo estudio es el primero en analizar cómo la dieta prenatal puede influir en los cólicos, y en particular en la combinación de cólicos y eccema
JENIFER LIGHTDALE, Hospital Infantil de Boston
“Nuestro nuevo estudio es el primero en analizar cómo la dieta prenatal puede influir en los cólicos, y en particular en la combinación de cólicos y eccema”, ha explicado Jenifer Lightdale, autora principal del trabajo, jefa asociada de la División de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición del Hospital Infantil de Boston y profesora de pediatría en la Facultad de Medicina de Harvard. La razón, según la investigadora, es que los bebés que presentan ambas afecciones en la infancia “pueden tener un mayor riesgo de desarrollar diversas manifestaciones de alergias en la edad adulta”.
Sus estudios previos ya habían mostrado que los bebés que padecieron cólicos tienen mayores tasas de afecciones atópicas –las de base alérgica– en la edad adulta, como asma, rinitis estacional y alergias alimentarias.
Más allá del plato
“Nuestros hallazgos ofrecen una razón más para ayudar a las mujeres embarazadas a lograr una dieta sana y equilibrada, con especial énfasis en el consumo de mariscos”, ha señalado Emily Oken, primera autora del estudio, presidenta del Instituto Harvard Pilgrim Health Care y profesora del Departamento de Nutrición de la Escuela Harvard Chan.
Las madres desean hacer todo lo posible por sus bebés, pero a menudo existen barreras financieras y estructurales que les impiden acceder a una nutrición saludable
EMILY OKEN, Instituto Harvard Pilgrim Health Care
“Las madres desean hacer todo lo posible por sus bebés, pero a menudo existen barreras financieras y estructurales que les impiden acceder a una nutrición saludable”, ha añadido Oken. La investigadora espera que el estudio sea útil “no solo para las personas y las familias, sino también para los programas y servicios que apoyan la salud y la nutrición de las mujeres”, incluidos los programas federales como WIC y SNAP y los administrados por los planes y sistemas de salud, como las iniciativas de la alimentación es medicina.
El mensaje de las autoras apunta así en dos direcciones: a las mujeres embarazadas y sus familias, y a las instituciones que apoyan su alimentación.
El trabajo se apoya en el estudio Project Viva, que reclutó a más de 1300 mujeres embarazadas en clínicas prenatales del este de Massachusetts entre abril de 1999 y noviembre de 2002. Las participantes completaron cuestionarios de alimentación periódicos, que los investigadores calificaron según la puntuación de la dieta mediterránea y el índice de inflamación dietética.
Hasta ahora, la investigación sobre dieta y cólicos se había centrado en si los cambios en la alimentación de las madres lactantes después del parto, o la elección de fórmulas infantiles, pueden afectar a los síntomas una vez que estos se presentan. Este trabajo examina, en cambio, si los hábitos alimenticios durante el embarazo se asocian con el riesgo de cólicos en el bebé, en particular de la combinación de cólicos y eccema.
- (1) Maternal Prenatal Diet and Colic and Eczema Among Infants. JAMA Network Open.
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