Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de São Paulo (USP) muestra que la actividad física durante el tiempo libre está condicionada por factores sociales, ambientales y económicos. La investigación, publicada en mayo, siguió a 978 habitantes de São Paulo entre 2014 y 2024 para analizar cómo el sexo, la raza o color de piel y el nivel educativo influyeron en sus oportunidades para hacer ejercicio.
Diez años de seguimiento
El trabajo recopiló información en tres periodos: 2014/15, 2020/21 y 2023/24. A diferencia de estudios anteriores, los investigadores siguieron al mismo grupo durante una década, lo que les permitió observar la evolución de las desigualdades.
Los resultados, publicados en la revista International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity (1), señalan que los hombres blancos con mayor formación registraron los niveles más altos de ejercicio durante el tiempo libre.
En el extremo contrario se situaron las mujeres negras, mestizas, asiáticas o indígenas con menor escolaridad, que afrontaron más obstáculos para practicar actividades deportivas o recreativas.
La nutricionista Andreia Alexandra Machado Miranda, autora corresponsal del artículo, sostiene que hacer ejercicio no depende únicamente de la motivación o de una decisión personal. También influyen el entorno urbano, la situación económica, la seguridad y el reparto de las responsabilidades familiares.
Los investigadores trabajaron con un índice de vulnerabilidad social acumulada que combinó el sexo, la raza o color de piel y el nivel educativo. La escala otorgó una puntuación de cero a las personas menos vulnerables y de cuatro a quienes reunían más factores de desigualdad.
Para medir la actividad física, el equipo realizó entrevistas presenciales y remotas y utilizó la versión larga del Cuestionario Internacional de Actividad Física (IPAQ).
Una brecha creciente
En la primera evaluación, el 51 % de los hombres blancos con mayor nivel educativo practicaba actividad física durante su tiempo libre. Entre las personas del grupo más vulnerable, el porcentaje se situaba en el 29 %.
En la última fase del seguimiento, las cifras aumentaron hasta el 65 % y el 39 %, respectivamente. Aunque la práctica de ejercicio creció en ambos grupos, la diferencia pasó de 22 a 26 puntos porcentuales.
Para los autores, estos resultados muestran que las oportunidades para hacer ejercicio continuaron concentrándose en los sectores más favorecidos. La actividad física durante el ocio siguió funcionando como un privilegio social, pese al aumento general registrado durante la década.
Las mujeres afrontaron barreras que fueron más allá de la falta de tiempo. Entre ellas figuraron el reparto desigual del trabajo doméstico, los salarios más bajos y la inseguridad para utilizar calles, parques u otros espacios públicos.
Las dificultades aumentaron en las zonas periféricas, donde la población dispone con frecuencia de menos instalaciones deportivas, menor iluminación y pocos espacios abiertos. Estas condiciones limitan las posibilidades de realizar ejercicio, incluso cuando existe voluntad de hacerlo.
El profesor Alex Antonio Florindo, también autor del estudio, explica que la actividad física debe analizarse mediante un modelo ecológico. Esta perspectiva considera tanto las decisiones personales como el apoyo familiar, las experiencias vividas, las políticas públicas y las características del entorno.
La práctica habitual de ejercicio favorece el bienestar físico y mental, ayuda a controlar el peso y reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y accidentes cerebrovasculares.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos realicen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada o entre 75 y 150 minutos de ejercicio vigoroso.
Sin embargo, aproximadamente el 31 % de los adultos del mundo no alcanzó en 2022 los niveles mínimos recomendados. Esta proporción equivale a unos 1.800 millones de personas, mientras el sedentarismo está asociado con cerca de cinco millones de muertes anuales.
En Brasil, el 42,3 % de los adultos realizó en 2024 al menos 150 minutos de actividad moderada por semana. El porcentaje fue del 47,7 % entre los hombres y del 37,9 % entre las mujeres.
Caminar para desplazarse
La investigación también analizó la actividad física asociada al transporte, especialmente caminar para desplazarse por la ciudad. En este caso, no encontró una relación estadísticamente significativa con el índice de vulnerabilidad social.
La proporción de participantes que caminó como medio de transporte aumentó del 61,8 % al 71,6 % entre la primera y la última evaluación. La mayor prevalencia se observó entre hombres jóvenes, negros y mestizos con estudios secundarios.
Según Miranda, caminar para desplazarse responde más a una necesidad cotidiana y a las condiciones de movilidad urbana que a una elección recreativa. Factores como el acceso al transporte público, las características del barrio y la situación económica pueden influir en esta práctica.
Los investigadores consideran que los desplazamientos a pie pueden incorporarse con mayor facilidad a la rutina y contribuir a mejorar la salud urbana, además de favorecer el uso del transporte público frente al vehículo privado.
La muestra procedió de la Encuesta de Salud del Municipio de São Paulo, utilizada para obtener información sobre salud y acceso a servicios sanitarios. Posteriormente, el seguimiento recibió el nombre de ISA Actividad Física y Ambiente.
El estudio incluyó cinco áreas sanitarias de una metrópoli marcada por fuertes desigualdades territoriales. Alrededor de 963.700 viviendas se encuentran en zonas de alta o muy alta vulnerabilidad, donde reside el 22,5 % de la población de la ciudad.
Aunque las condiciones ambientales no fueron el objeto principal del trabajo, investigaciones anteriores mostraron que los barrios más vulnerables también soportan una mayor exposición a las islas de calor.
Los autores/autoras reclaman políticas públicas integradas que amplíen el acceso a instalaciones deportivas, espacios seguros y medios de transporte activo. Entre los ejemplos citados figura la creación de ciclovías próximas a las viviendas, una medida que favorece el uso de la bicicleta.
La investigación concluye que promover la actividad física exige actuar sobre las desigualdades sociales y urbanas, en lugar de atribuir el sedentarismo exclusivamente a la voluntad individual.
Referencias
- (1) Social inequalities in leisure-time and transport-related physical activity through the lens of intersectionality: 10-year longitudinal study in Brazil. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity.
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