El aspecto de las calles y la sensación de seguridad del vecindario pueden relacionarse con la duración y la calidad del sueño, según un estudio dirigido por el profesor Daisuke Matsushita, de la Universidad Metropolitana de Osaka. La investigación analizó en Tokio más de 200.000 imágenes de Google Street View y las vinculó con los datos de descanso de 1.089 adultos trabajadores, con el objetivo de conocer cómo el entorno urbano puede influir en el sueño.
Calles que transmiten seguridad
El paisaje físico de una calle forma parte de la vida cotidiana, aunque sus habitantes no siempre sean conscientes de cómo lo perciben. La presencia de árboles, la altura de los edificios, la amplitud de los espacios o la infraestructura peatonal pueden modificar la sensación de seguridad y tranquilidad del vecindario.
Para estudiar esta relación, el equipo utilizó inteligencia artificial con el fin de identificar características visuales en miles de imágenes de las calles. Posteriormente, comparó esos elementos con la duración del sueño y los síntomas de insomnio comunicados por los participantes.
Las personas incluidas en el estudio eran adultos trabajadores que residían en las plantas bajas de edificios de apartamentos. Los investigadores consideraron que estos vecinos estaban más expuestos a las características visuales, la actividad y las condiciones del entorno inmediato.
Los resultados mostraron que quienes vivían en zonas percibidas como más seguras tendían a dormir durante más tiempo. Esta percepción parecía estar relacionada con elementos concretos del paisaje urbano y no únicamente con las características personales de los residentes.
El estudio plantea que el entorno puede actuar de forma subconsciente. Aunque una persona no examine deliberadamente cada detalle de su calle, la apariencia del barrio podría influir en su nivel de relajación y en la percepción de protección antes de dormir.
Vegetación y espacios cerrados
Uno de los elementos vinculados con una mayor duración del sueño fue la abundancia de vegetación, especialmente la presencia de árboles frondosos. En general, los participantes que residían en calles más verdes tendían a descansar durante más tiempo.
La investigación no determina que los árboles provoquen directamente una mejora del sueño. Sin embargo, identifica una asociación entre la vegetación, una valoración más favorable del entorno y una mayor duración del descanso.
También se observó una relación entre el sueño y el denominado confinamiento urbano, entendido como la presencia de numerosos edificios altos y pocos espacios abiertos. Las personas que vivían en estas zonas tendían a dormir más y presentaban menos síntomas de insomnio.
Este resultado sugiere que un espacio visualmente cerrado no siempre genera una experiencia negativa. En ciertos contextos, los edificios que rodean una calle pueden aumentar la sensación de protección, privacidad o resguardo.
Los investigadores detectaron así patrones entre la configuración física del barrio y el descanso. La vegetación y la disposición de los edificios destacaron como algunos de los elementos relacionados con una mayor seguridad percibida.
La transitabilidad no siempre tranquiliza
El estudio obtuvo un resultado inesperado en los entornos considerados más transitables a pie. Las calles con más aceras y señales de tráfico se asociaron con una menor sensación de seguridad y con una duración más reducida del sueño.
Los autores señalan que facilitar los desplazamientos peatonales no implica necesariamente crear un entorno percibido como tranquilo. Las calles con una infraestructura peatonal más desarrollada suelen registrar más movimiento, actividad y presencia de desconocidos.
Una posible explicación es que estos espacios se encuentren más concurridos que las zonas residenciales con menor tránsito. Esa actividad podría hacer que algunos residentes percibieran el barrio como menos relajante, aunque la calle dispusiera de mejores condiciones para caminar.
Por tanto, la transitabilidad y la seguridad percibida no siempre coinciden. Una calle puede favorecer los desplazamientos a pie y, al mismo tiempo, transmitir menos tranquilidad que un entorno residencial con poca circulación.
El profesor Daisuke Matsushita destacó que la técnica utilizada permite evaluar grandes áreas geográficas de una manera rentable y sistemática. La inteligencia artificial facilita el análisis de miles de imágenes y la detección de características difíciles de medir mediante observaciones aisladas.
Según el investigador, este método podría ayudar a las ciudades a valorar la seguridad, la belleza, el dinamismo y la privacidad de sus calles. También podría emplearse para examinar factores ambientales como el ruido o la contaminación.
La investigación abre así nuevas posibilidades para estudiar cómo el urbanismo se relaciona con el bienestar. Sus responsables esperan que esta perspectiva contribuya al diseño de barrios más saludables, en los que la movilidad, la vegetación y la distribución de los edificios se planifiquen teniendo en cuenta la experiencia de sus habitantes.
Los resultados muestran que el entorno exterior de las viviendas puede estar relacionado con una actividad que se desarrolla en su interior. La apariencia de las calles, la presencia de árboles y la sensación de seguridad podrían formar parte de los factores que condicionan la duración y la calidad del sueño.
Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista científica Building and Environment (1).
Referencias
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