Con el cuerpo acorazado, garras curvadas y una cola larga y gruesa, el pangolín parece un cruce entre un oso hormiguero y una piña. Es un mamífero de tamaño medio que solo habita en África y Asia, y sus escamas superpuestas lo hacen único. Pero esa misma coraza ha sellado su desgracia: es el motivo por el que se ha convertido en el mamífero más traficado del mundo y, con ello, en uno de los más amenazados de extinción.
Un estudio publicado en la revista Communications Biology (1) ha confirmado que un pangolín asiático que pasaba inadvertido entre los bosques de Nepal y el norte de la India es en realidad una especie propia, Manis aurita. El trabajo, liderado por el Field Museum de Chicago junto a una red internacional de instituciones, redibuja el árbol genealógico de estos animales y abre una vía inédita para frenar la caza furtiva antes de que se produzca.
Un nombre antiguo recupera prioridad
En 2025, otro equipo de científicos determinó que el pangolín chino no era una sola especie, sino dos: una que vive sobre todo en China y otra repartida por las estribaciones del Himalaya, en Nepal, la India, Bután y Myanmar. A esa especie de montaña la bautizaron como Manis indoburmanica, el pangolín indobirmano.
Esto nos dejaba un enigma taxonómico esencial: ¿son la misma especie o especies distintas?
KAI HE, Universidad de Guangzhou
“Esto nos dejaba un enigma taxonómico esencial: ¿son la misma especie o especies distintas?”, resume Kai He, investigador del Centro de Investigación de Biodiversidad del Sur de China, en la Universidad de Guangzhou. En zoología rige una regla estricta: el primer nombre asignado a una especie es el que prevalece. Y existía un candidato anterior, Manis aurita, descrito en 1836 y rebajado más tarde a subespecie del pangolín chino.
El grupo, que llevaba una década reconstruyendo el árbol genealógico de los pangolines con rasgos físicos y ADN, halló la prueba definitiva en el Museo de Historia Natural de Londres. Allí se logró secuenciar el material genético del ejemplar original de aurita, un espécimen de 1836 con casi 190 años de antigüedad. El ADN histórico coincidió con los pangolines actuales del Himalaya, de modo que la especie descrita en 2025 como M. indoburmanica debía llamarse, en rigor, M. aurita.
El hallazgo culmina más de cinco años de investigación iniciada en Nepal, donde se documentaron los primeros indicios de que los pangolines del Himalaya formaban un linaje evolutivo propio, tal como recuerda el primer autor, Narayan Koju, del Nepal Engineering College de la Universidad de Pokhara. “No podemos proteger lo que no conocemos”, resume por su parte Anderson Feijó, coautor principal del estudio.
Pequeñas diferencias, territorios separados
La reordenación va mucho más allá de un tecnicismo de nomenclatura. Distinguir con claridad cada especie y su distribución geográfica resulta vital para proteger a un animal en peligro crítico y en el punto de mira de los furtivos.
Esta aclaración taxonómica aporta una base científica crucial para combatir la caza furtiva ilegal
YAN HUA, Academia Forestal de Guangdong
“Esta aclaración taxonómica aporta una base científica crucial para combatir la caza furtiva ilegal y sienta las bases para proteger a esta especie amenazada y esquiva”, sostiene Yan Hua, investigador de la Academia Forestal de Guangdong y también coautor del trabajo.
Las diferencias entre el pangolín del Himalaya –ahora M. aurita– y el chino son sutiles, pero significativas, y ayudan a identificarlos sobre el terreno.
Comparado con el pangolín chino, el del Himalaya tiene el cuerpo más grande, la cola más larga y las orejas más pequeñas
ANDERSON FEIJÓ, Field Museum
“Comparado con el pangolín chino, el del Himalaya tiene el cuerpo más grande, la cola más larga y las orejas más pequeñas”, detalla Feijó. El propio nombre resucitado, aurita, alude precisamente a esas orejas distintivas. Además, las dos especies ocupan territorios que no se solapan, un dato esencial para diseñar cualquier plan de protección.
El ADN rastrea las escamas
En la medicina tradicional china se atribuye a las escamas de pangolín un supuesto poder afrodisíaco. Esa creencia alimenta un tráfico ilegal que amenaza con hacer desaparecer al animal, y ponerle freno no es tarea sencilla, en buena parte por la propia forma en que se comercia con él.
En los mercados básicamente solo se encuentran escamas, no los animales enteros, lo que dificulta saber qué especies se cazan y de dónde proceden
ANDERSON FEIJÓ, Field Museum
“En los mercados básicamente solo se encuentran escamas, no los animales enteros, lo que dificulta saber qué especies se cazan y de dónde proceden”, explica Feijó. Los nuevos análisis de ADN permiten precisar la especie exacta de cada muestra incautada. Con esa información, los conservacionistas pueden trabajar hacia atrás: reconocer qué especies se están cazando y localizar las regiones con mayor riesgo de furtivismo.
El método sirve además para evitar errores en los programas de reintroducción, que hasta ahora podían devolver ejemplares al lugar equivocado por desconocimiento.
Antes se podían haber introducido pangolines chinos en Nepal, porque no se conocía la diferencia
ANDERSON FEIJÓ, Field Museum
“Antes se podían haber introducido pangolines chinos en Nepal, porque no se conocía la diferencia”, ejemplifica Feijó. “Al definir las diferencias entre las especies y los límites de dónde vive cada una, podemos tomar mejores decisiones de conservación”. Nada de esto, subrayan los autores, habría sido posible sin las colecciones de museo, que conservan ejemplares de hace más de un siglo y permiten estudiar a unos animales tan difíciles de encontrar en la naturaleza.
Referencias
- (1) Revalidation of Manis aurita based on integrative genomic and morphological evidence. Communications Biology.
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