Un estudio científico impulsado por la Junta de Castilla y León (1), publicado y desarrollado en colaboración con la Universidad Politécnica de Madrid y la Universidad de Exeter, ha evaluado en la cordillera cantábrica cómo la temperatura, la presencia humana, la cobertura forestal y el tamaño corporal moldean el comportamiento del oso pardo, concluyendo que el calor limita su movimiento, especialmente en un contexto de cambio climático.

Captura de oso pardo / Foto: JCyL

 

El calor condiciona movimiento

 

La investigación, que constituye la segunda publicación derivada del Plan de Captura y Radiomarcaje de Oso Pardo de Castilla y León, supone un avance clave en la comprensión de cómo esta especie responde al calentamiento global en paisajes alterados por el ser humano.

El trabajo, difundido en la revista Biological Conservation (2), ha sido desarrollado por el Centro para la Conservación de la Biodiversidad y el Desarrollo Sostenible (CBDS) y el Departamento de Matemáticas y Estadística de la Universidad de Exeter, según han informado fuentes de la Junta de Castilla y León.

Para el análisis, el equipo investigador ha utilizado más de 70.000 posiciones GPS registradas en 17 osos adultos, combinadas con mediciones de temperatura recogidas por los propios collares. Esta metodología ha permitido evaluar por primera vez el impacto del estrés térmico sobre las decisiones de movimiento con un nivel de detalle superior al de los datos climáticos convencionales.

Dentadura de un oso pardo capturado para estudio científico / Foto: JCyL

Los resultados muestran que los osos cantábricos presentan un patrón de actividad predominantemente crepuscular y nocturno, con máximos de movimiento al amanecer y al anochecer. No obstante, el factor más determinante es la temperatura local, ya que a medida que aumenta el calor se produce una reducción de la actividad.

Este efecto es especialmente acusado en los individuos de mayor tamaño, todos ellos machos adultos solitarios, que experimentan una mayor limitación del movimiento debido a sus dificultades para disipar el calor corporal.

 

Influencia de la presencia humana

 

El estudio también identifica que los osos se desplazan más rápido en zonas con mayor huella humana, una conducta que los investigadores interpretan como una estrategia para reducir el riesgo de encuentro con personas y atravesar áreas más fragmentadas en menos tiempo.

Estimaciones de los coeficientes de las variables que influyen en la velocidad de movimiento a pequeña escala del oso pardo, con intervalos de confianza del 95 %. Los efectos significativos ( p < 0,05) aparecen en rojo (negativos) y azul (positivos)

Sin embargo, cuando las temperaturas son elevadas, esta respuesta se ve reducida, lo que indica que el estrés térmico y la evitación de humanos actúan como presiones contrapuestas sobre el comportamiento del oso.

En este sentido, el calor puede limitar la capacidad de adaptación conductual en entornos humanizados, dificultando que los animales ajusten su comportamiento para minimizar riesgos en zonas con presencia humana.

El estudio sitúa así al cambio climático como un elemento que no solo afecta directamente al movimiento, sino que también condiciona la interacción del oso con su entorno, incluyendo la forma en que responde a la actividad humana.

 

El bosque actúa como refugio

 

En cuanto a la cobertura forestal, los resultados indican que no influye directamente en la velocidad de desplazamiento, pero sí desempeña un papel clave al amortiguar los efectos del calor.

En las zonas arboladas, los osos mantienen niveles de actividad más elevados durante los periodos cálidos, lo que evidencia la función del bosque como refugio térmico.

Este hallazgo refuerza la importancia del hábitat forestal no solo como espacio vital, sino como elemento que permite a la especie continuar su actividad incluso en condiciones de altas temperaturas.

La Junta de Castilla y León ha señalado que, ante el avance del cambio climático, será prioritario identificar, proteger y conectar refugios térmicos, como laderas de umbría y áreas boscosas con recursos tróficos.

Estas medidas no solo beneficiarán al oso pardo cantábrico, sino también a otros grandes mamíferos que pueden enfrentarse a desafíos similares derivados del aumento de las temperaturas.

El Ejecutivo autonómico ha subrayado que este estudio refuerza su compromiso con la aplicación de ciencia de vanguardia para la conservación de la especie y pone en valor el Plan de Captura y Radiomarcaje como herramienta de generación de conocimiento científico de primer nivel en Europa.

En conjunto, la investigación confirma que el calor emerge como un factor limitante clave para el movimiento del oso pardo cantábrico, especialmente en los ejemplares de mayor tamaño, mientras que el bosque se consolida como un elemento esencial para mitigar sus efectos en un escenario de calentamiento global.

Referencias