Greenpeace ha desplegado este miércoles una pancarta a 2.315 metros bajo la superficie del océano Ártico para exigir a los líderes mundiales que “escuchen a la ciencia”, en el marco de una expedición destinada a estudiar ecosistemas vulnerables e inexplorados del fondo marino a lo largo de la dorsal mesoceánica del área.

 

Llamamiento desde el fondo marino

 

La acción busca reclamar a los gobiernos que cumplan los objetivos climáticos globales, implementen el Tratado Global de los Océanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y avancen en la protección del 30% de los océanos del mundo para 2030.

Pide que se establezca una moratoria inmediata sobre la minería submarina, una actividad que amenaza ecosistemas profundos todavía poco conocidos y de gran valor científico

Greenpeace también pide que se establezca una moratoria inmediata sobre la minería submarina, una actividad que, según la organización, amenaza ecosistemas profundos todavía poco conocidos y de gran valor científico.

La responsable de la campaña de Océanos y Pesca de Greenpeace España, Ana Pascual, ha subrayado que es “imprescindible” que los gobiernos se tomen en serio la implementación del tratado y trabajen para llevar propuestas concretas de santuarios marinos a la primera Conferencia de las Partes de Océanos, prevista para enero de 2027.

 

Un ecosistema único

 

La pancarta ha sido sostenida por un vehículo submarino operado a distancia, conocido como ROV por sus siglas en inglés, denominado Holly. El despliegue se ha realizado frente al campo de fuentes hidrotermales llamado Castillo de Loki, un ecosistema volcánico considerado único.

En esta zona, las fumarolas negras emiten fluido a temperaturas de entre 300 y 320°C desde el fondo de la corteza oceánica. Greenpeace destaca que la comunidad científica cree que antepasados lejanos de los seres humanos podrían haber tenido un aspecto muy similar al de los microorganismos que viven en estructuras como estas.

Estos ecosistemas únicos deben quedar protegidos antes de que actividades industriales puedan alterar o destruir hábitats todavía inexplorados

La organización considera que el Castillo de Loki constituye una “cuna” de vida compleja que podría contener claves sobre el origen de la vida en la Tierra. Por ello, defiende que estos ecosistemas deben quedar protegidos antes de que actividades industriales puedan alterar o destruir hábitats todavía inexplorados.

 

Minería submarina en Noruega

 

La Expedición al Ártico profundo de Greenpeace reúne a científicos líderes a nivel mundial para explorar montes submarinos y campos de fuentes hidrotermales del Ártico. Las inmersiones al lecho marino ártico se están retransmitiendo a través del canal de YouTube de Greenpeace Internacional.

Las inmersiones al lecho marino ártico se están retransmitiendo a través del canal de YouTube de Greenpeace Internacional

Según la ONG, el Gobierno noruego abrió la zona de la expedición a la minería submarina en 2024, aunque los planes se detuvieron el año pasado tras las protestas de organizaciones ecologistas, pescadores, comunidad científica y partidos ecologistas de la oposición en Noruega.

Greenpeace advierte de que, según los científicos, la minería submarina causaría daños irreversibles a los vulnerables ecosistemas de aguas profundas. Entre los impactos señalados figuran la destrucción de hábitats y la posible extinción de especies antes incluso de que sean descubiertas.

La científica jefa de la Expedición al Ártico profundo de Greenpeace International, Sandra Schöttner, ha afirmado que “no es demasiado tarde para actuar”. Según ha indicado, la ciencia predice de forma clara los límites que el planeta puede soportar, pero la acción humana determina la supervivencia.

La protección de estos ecosistemas de aguas profundas mediante una red global de santuarios marinos y una moratoria sobre la minería submarina permitiría crear una red de seguridad resiliente para la vida marina y proteger la salud de los océanos globales para las generaciones futuras

Schöttner ha defendido que la protección de estos ecosistemas de aguas profundas mediante una red global de santuarios marinos y una moratoria sobre la minería submarina permitiría crear una red de seguridad resiliente para la vida marina y proteger la salud de los océanos globales para las generaciones futuras.

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