Un grupo de expertos y expertas internacionales ha advertido este 22 de octubre de que aumentar el gasto militar no constituye una solución frente al cambio climático y puede comprometer la seguridad mundial. En varios artículos publicados en la revista científica The BMJ (1), las investigadoras/es señalan que las actividades militares generan importantes emisiones de gases de efecto invernadero y desvían recursos necesarios para afrontar la crisis climática y proteger la salud.
Las actividades militares generan importantes emisiones de gases de efecto invernadero y desvían recursos necesarios para afrontar la crisis climática y proteger la salud
El impacto climático de los ejércitos
Neta Crawford, investigadora de la Universidad de St Andrews, en Reino Unido, cuestiona que los gobiernos utilicen el cambio climático como argumento para justificar un mayor presupuesto de defensa, al considerarlo un factor capaz de agravar las tensiones internacionales y desencadenar conflictos.
Las emisiones anuales del Departamento de Defensa de Estados Unidos superan las de numerosos países.
A ellas se suman las generadas por la industria armamentística y los conflictos bélicos, especialmente cuando afectan a instalaciones petroleras y gasísticas
Según explica, esta perspectiva pasa por alto que las guerras y las actividades militares también contribuyen al calentamiento global, tanto por el funcionamiento cotidiano de las bases como por el entrenamiento, el transporte y las operaciones de las fuerzas armadas.
Como ejemplo, señala que las emisiones anuales del Departamento de Defensa de Estados Unidos superan las de numerosos países. A ellas se suman las generadas por la industria armamentística y los conflictos bélicos, especialmente cuando afectan a instalaciones petroleras y gasísticas.
Crawford sostiene que una reducción significativa de estas emisiones exige disminuir la dimensión y la huella ambiental de los ejércitos, además de adoptar estrategias militares menos contaminantes.
La investigadora considera necesario garantizar una defensa eficaz con menores emisiones y costes
La investigadora defiende que, en lugar de trasladar fondos destinados a la salud, el medio ambiente y la transición energética hacia el sector militar, los gobiernos deberían reforzar las inversiones en estos ámbitos. También considera necesario garantizar una defensa eficaz con menores emisiones y costes.
Más defensa, menos recursos sociales
En otro artículo publicado en The BMJ (2), Mohammed Abba-Aji, de la Universidad de Washington, y Nason Maani, de la Universidad de Edimburgo, advierten de que el incremento del gasto militar puede debilitar la seguridad que pretende garantizar.
El gasto militar mundial alcanzó los 2,887 billones de dólares en 2025, una cantidad equivalente a casi el 2,5 % de la producción económica global
La ayuda oficial al desarrollo descendió hasta los 174.000 millones de dólares, con la mayor caída anual registrada
Los investigadores recuerdan que el gasto militar mundial alcanzó los 2,887 billones de dólares en 2025, una cantidad equivalente a casi el 2,5 % de la producción económica global. En contraste, la ayuda oficial al desarrollo descendió hasta los 174.000 millones de dólares, con la mayor caída anual registrada.
A su juicio, destinar una proporción creciente de los presupuestos públicos a defensa limita los recursos disponibles para la adaptación climática, la educación y otras necesidades básicas, con consecuencias a largo plazo para la salud y el bienestar de la población.
Los autores alertan además de un círculo vicioso entre cambio climático y conflictos: la presión sobre los recursos naturales puede alimentar tensiones que justifican nuevas inversiones militares, mientras disminuye la financiación de las medidas necesarias para prevenirlas.
También advierten de que los países más ricos pueden contribuir a la inestabilidad cuando suministran armamento a regiones en conflicto y, al mismo tiempo, reducen la ayuda destinada a los Estados afectados.
Los países más ricos pueden contribuir a la inestabilidad cuando suministran armamento a regiones en conflicto y, al mismo tiempo, reducen la ayuda destinada a los Estados afectados
Una seguridad centrada en las personas
Frente a este escenario, las y los investigadores proponen replantear el concepto de seguridad para incorporar la protección de la salud, el medio ambiente y las poblaciones vulnerables a los efectos del calentamiento global.
Proponen replantear el concepto de seguridad para incorporar la protección de la salud, el medio ambiente y las poblaciones vulnerables a los efectos del calentamiento global
En particular, consideran que los gobiernos deberían evaluar las consecuencias sanitarias y climáticas de sus decisiones presupuestarias y destinar parte de los fondos de seguridad a la adaptación al cambio climático, especialmente en las regiones más expuestas.
Los expertos reconocen que los Estados tienen la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos frente a posibles agresiones, pero insisten en que esa obligación no debe limitarse al ámbito militar.
"La protección no puede limitarse a proteger contra la agresión. Debe extenderse a la protección contra los efectos del cambio climático, la protección de la salud y la protección del medio ambiente"
"La protección no puede limitarse a proteger contra la agresión. Debe extenderse a la protección contra los efectos del cambio climático, la protección de la salud y la protección del medio ambiente", concluyen.
Referencias
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