El Ecozine Film Festival celebrará su 19ª edición del 9 al 17 de abril con una programación que volverá a situar a Zaragoza como uno de los principales escaparates del cine ambiental en España. Bajo el lema ToBeeLife, el certamen reforzará este año su perfil internacional, su vocación educativa y su voluntad de conectar cultura y sostenibilidad a través de una selección de 52 obras y un programa que se extenderá también a otros municipios y espacios colaboradores.
Más cine y territorio
La presentación del festival ha servido para subrayar la consolidación de Ecozine como una cita cultural de referencia. La consejera municipal de Cultura, Educación y Turismo, Sara Fernández, ha destacado el arraigo del certamen en la ciudad y la comunidad que ha logrado tejer en torno a su propuesta. En esa misma línea, ha remarcado que el festival ha sabido crecer sin perder su identidad y ha puesto especial énfasis en su capacidad para conectar con el público joven, uno de los ejes que marcarán esta nueva edición.
Por su parte, el director del festival, Pedro Piñeiro, ha recordado que Ecozine nació en 2008 y ha ido ampliando su alcance hasta convertirse en un referente internacional en la intersección entre cine y medio ambiente. En esta edición, esa expansión volverá a traducirse en una programación descentralizada que irá más allá de Zaragoza y llegará a Pamplona, L’Eliana (Valencia), Aranda de Moncayo, Valderrobres, Belmonte de San José, Pastriz y Huesca.
Inauguración con Black Water
La inauguración tendrá lugar el 9 de abril en el Centro de Historias con la proyección del documental Black Water, dirigido por Natxo Leuza. La película llegará al festival después de pasar por citas internacionales como el Festival de Málaga, el CPH:DOX de Copenhague, el Adelaide Film Festival de Australia o Watch Docs en Polonia, un recorrido que anticipa el peso específico con el que desembarcará en Ecozine.
El documental se adentrará en una de las consecuencias más extremas del calentamiento global: el desplazamiento masivo de población en Bangladesh provocado por las inundaciones y la subida del nivel del mar. Con ello, la obra pondrá rostro humano a una crisis planetaria y enlazará con uno de los grandes hilos conductores del certamen: la relación entre emergencia ambiental y justicia social.
Ese enfoque resume buena parte del espíritu de Ecozine, que no solo exhibirá películas sobre naturaleza o biodiversidad, sino que también abrirá espacio a cuestiones como los conflictos territoriales, la vulnerabilidad humana ante la crisis climática o la necesidad de revisar los actuales modelos de desarrollo. La mirada ambiental del festival volverá así a cruzarse con las desigualdades sociales, los derechos humanos y la conciencia colectiva.
Competición internacional
A partir del 10 de abril arrancará la Sección Oficial Competitiva, que se desarrollará principalmente en la Filmoteca de Zaragoza y reunirá 34 títulos procedentes de 13 países. La selección incluirá largometrajes y cortometrajes documentales, de ficción y animación, reflejando la diversidad formal y temática que busca el festival.
En total, Ecozine ha recibido 319 películas rodadas y producidas en 54 países, de las que finalmente se han escogido 52 obras para las distintas secciones. La cifra no solo evidenciará la proyección exterior del certamen, sino también el creciente interés del sector audiovisual por los relatos vinculados al medio ambiente, la sostenibilidad y los efectos de la crisis ecológica.
La Sección Oficial incluirá obras centradas en asuntos tan diversos como la pérdida de biodiversidad, la crisis del agua, la contaminación o los modelos de consumo actuales. Los títulos seleccionados procederán de países como Francia, Alemania, Brasil, India o Canadá, lo que reforzará la vocación internacional del festival y su interés por mostrar distintas perspectivas sobre los grandes desafíos ambientales del presente.
Más allá de la Filmoteca, las proyecciones se extenderán también a otros espacios de la ciudad, como el Centro Cívico Río Ebro, residencias de mayores o el edificio Fernández Ordóñez, que acogerá la gala de clausura el 17 de abril. Entre las novedades, además, destacará la incorporación de la Universidad de Zaragoza como nueva sede, un paso que reforzará la conexión del festival con el ámbito académico y con el público universitario.
Piñeiro ha resumido ese planteamiento con una idea central: “El objetivo es seguir reflexionando a través de la cultura y de la cinematografía más comprometida”. La frase sintetiza una apuesta que se mantendrá fiel a los orígenes del certamen: usar el cine no solo como vehículo narrativo, sino también como herramienta para activar preguntas incómodas y abrir debates públicos.
Memoria y activismo
El festival mantendrá asimismo su perfil reivindicativo a través de galardones como el de Compromiso Ambiental o el Premio Berta Cáceres, que en esta edición adquirirá una dimensión especial al cumplirse diez años del asesinato de la activista hondureña. Desde la organización no descartarán incluso la participación de familiares de Cáceres, una presencia que añadiría una carga simbólica especialmente potente al programa de este año.
El Premio Berta Cáceres se ha consolidado como uno de los reconocimientos más significativos de Ecozine al distinguir trabajos que destacan por su defensa del medio ambiente y los derechos humanos. El galardón rinde homenaje a la activista asesinada en 2016 por su oposición a proyectos hidroeléctricos y representa uno de los emblemas del compromiso social del festival.
En este punto, Ecozine volverá a insistir en una idea que atraviesa toda su filosofía: el cine como motor de conciencia. Piñeiro ha subrayado que el audiovisual resulta clave para promover cambios en un contexto global marcado por la emergencia climática. No se tratará únicamente de mostrar catástrofes o alertas, sino de favorecer la reflexión, estimular el pensamiento crítico y fomentar la movilización.
Ese posicionamiento también se reflejará en el lema ‘ToBeeLife’, que pondrá el foco en la importancia de las abejas como indicador de la salud de los ecosistemas. El mensaje no quedará solo en el plano conceptual: atravesará la identidad visual del festival y se proyectará en sus actividades paralelas, reforzando la idea de que la defensa de la biodiversidad exige una mirada transversal y cotidiana.
Juventud y nuevas sedes
Junto a la sección oficial, el certamen volverá a desplegar varias secciones paralelas como Ecozine Young Festival, Ecozine Rural, Enfocados, Cine y Agua o CooperART, que ampliarán la oferta con propuestas educativas, culturales y de sensibilización. Esa estructura permitirá al festival llegar a públicos distintos y combinar proyecciones con actividades que desbordan el formato clásico de exhibición cinematográfica.
La sección dedicada a los jóvenes volverá a ocupar un lugar central. Se trata de una de las áreas más consolidadas del festival y ya ha reunido a miles de estudiantes en sus primeras actividades, con presencia destacada de alumnado de centros educativos de Zaragoza y del resto de sedes. Esa respuesta reforzará una de las principales apuestas de Ecozine: formar nuevas generaciones sensibles a la crisis ecológica a través del lenguaje audiovisual.
Entre las novedades de esta edición, Piñeiro ha citado también la incorporación de nuevos espacios y la ampliación de actividades en localidades como Belmonte de San José o La Alfranca, en Pastriz, donde se celebrarán proyecciones en entornos singulares. Esta expansión territorial buscará multiplicar el impacto del festival y acercar sus contenidos a públicos menos habituales.
El cartel de este año, titulado E de miel, ha sido diseñado por el artista Antoni Pontí, que repetirá tras su participación en 2022. La imagen, construida a partir de una composición de abejas, volverá a enlazar con el mensaje de sostenibilidad, cooperación y equilibrio ecológico que define esta edición. Además, el certamen contará con el artista Alberto Fuentes como embajador, una figura estrechamente vinculada a Ecozine y responsable del diseño de algunos de sus galardones.
Con casi dos décadas de trayectoria, Ecozine continuará consolidándose como un punto de encuentro entre cine, medio ambiente y sociedad. En un momento en que los desafíos climáticos y ecológicos ganan peso en la agenda pública, el festival volverá a reivindicar la cultura como espacio de diálogo, conocimiento y transformación. Y lo hará con una programación amplia, internacional y abierta a nuevas generaciones, confirmando que Zaragoza seguirá siendo, al menos durante nueve días, una de las capitales del cine ambiental.




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