Cada cambio en el clima deja un rastro, y los científicos llevan más de 30 años aprendiendo a leerlo. Una nueva revisión ha concluido ahora que la evidencia de la influencia humana en el clima es más sólida que nunca, y lo ha hecho en un momento en que un informe del Gobierno de EE UU cuestiona esa evidencia. El análisis, publicado el 12 de octubre en la revista Earth’s Future(1), defiende que las pruebas acumuladas son abrumadoras.
El trabajo, dirigido por el profesor Benjamin Santer, de la Universidad de East Anglia (UEA), en el Reino Unido, está firmado también por Susan Solomon, David W. J. Thompson, Qiang Fu y Gabriele C. Hegerl, de centros como el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la Universidad Estatal de Colorado y la Universidad de Edimburgo. Concluye que más de tres décadas de investigación sobre la “huella climática” han aportado pruebas abrumadoras de que las emisiones de gases de efecto invernadero están impulsando cambios en todo el sistema climático de la Tierra.
Qué es una huella climática
Una huella climática funciona como las huellas dactilares en una investigación: ayuda a identificar al responsable de lo que ocurre. Este campo de estudio utiliza los patrones y la cronología de los cambios del clima para distinguir entre las influencias humanas y las naturales en el clima de la Tierra. La nueva revisión repasa la historia de estos estudios y los avances logrados en las últimas décadas.
La ciencia del clima publicada desde la Declaración de Peligro de 2009 es ahora más sólida que en 2009, la evidencia es incontrovertible
BENJAMIN SANTER, Universidad de East Anglia
“La ciencia del clima publicada desde la Declaración de Peligro de 2009 es ahora más sólida que en 2009, la evidencia es incontrovertible”, ha afirmado Santer, de la Escuela de Ciencias Ambientales de la UEA. La Declaración de Peligro (Endangerment Finding, en inglés) es la determinación legal de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EE UU, de 2009, que establece que las emisiones de gases de efecto invernadero ponen en peligro la salud pública en el país.
Los autores sostienen que la base científica de aquella declaración ya era convincente en 2009 y que se ha fortalecido aún más desde entonces.
Santer es un veterano de este campo: lleva más de 30 años colaborando con colegas de todo el mundo para identificar huellas humanas en muchos aspectos del sistema climático. Sus primeras investigaciones contribuyeron a la histórica conclusión de 1995 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC): “el balance de las pruebas sugiere una influencia humana discernible en el clima global”.
Una señal cada vez más nítida
Desde 2009 no solo han mejorado las técnicas: el propio calentamiento ha avanzado. El periodo posterior incluye los 10 años más cálidos registrados con instrumentos sobre la temperatura de la superficie. Eso ha reforzado la señal del calentamiento causado por el ser humano frente al “ruido” de la variabilidad natural, es decir, las oscilaciones del clima que ocurren al margen de nuestras emisiones.
Estos estudios revelan que muchos aspectos del clima de la Tierra, supervisados de forma independiente, han sido alterados por el calentamiento global
SUSAN SOLOMON, Instituto Tecnológico de Massachusetts
“Estos estudios revelan que muchos aspectos del clima de la Tierra, supervisados de forma independiente, han sido alterados por el calentamiento global de maneras físicamente coherentes, tal como cabría esperar: desde lo alto de la estratosfera hasta las profundidades de los océanos del planeta”, ha explicado Susan Solomon, catedrática de Estudios Ambientales Lee y Geraldine Martin del MIT. La estratosfera es la capa alta de la atmósfera.
Los investigadores añaden que las técnicas de identificación de huellas han evolucionado hasta el punto de que la influencia humana ya puede detectarse en todo el sistema climático de la Tierra. Esa influencia, advierten, está “afectando cada vez más la capacidad de las sociedades y los ecosistemas para prosperar”.
Gabi Hegerl, de la Universidad de Edimburgo, ha subrayado que la ciencia también ha dado un paso más. “Se han desarrollado además métodos para entender cómo los gases de efecto invernadero han cambiado la frecuencia y la intensidad de los eventos extremos, y cómo un fenómeno meteorológico que observamos hoy ha sido modificado por las emisiones de gases de efecto invernadero”, ha añadido.
La revisión se centra en los estudios de huellas que analizan los cambios del clima a escala anual, decenal y estacional, y también toca el amplio conjunto de pruebas sobre cómo el cambio climático de origen humano altera las propiedades de los eventos extremos. Estos fenómenos afectan a la salud y al bienestar de las personas y de los ecosistemas por medio del estrés térmico, las inundaciones, los incendios forestales o los daños en los cultivos. Los estudios de huellas establecen un vínculo directo entre el aumento de los gases de efecto invernadero causado por el ser humano y esas amenazas.
Lo que está en juego
La revisión llega después de un informe del Departamento de Energía de EE UU (DOE), publicado en julio de 2025, que los científicos califican de “profundamente defectuoso”. Aquel documento puso en duda la credibilidad de la identificación del impacto climático y cuestionó la base científica de la Declaración de Peligro. Los autores replican que la evaluación del DOE no refleja ni la contundencia de las pruebas disponibles en 2009 ni los importantes avances científicos de los últimos 17 años.
Es una ciencia incómoda para quienes buscan un futuro intensivo en combustibles fósiles, porque conecta los puntos entre la quema de combustibles fósiles
BENJAMIN SANTER, Universidad de East Anglia
“Es una ciencia incómoda para quienes buscan un futuro intensivo en combustibles fósiles, porque conecta los puntos entre la quema de combustibles fósiles y los daños a nuestra salud personal, a la salud de nuestro planeta y a la salud de nuestras sociedades y economías”, ha dicho Santer, que advierte de que la continuidad de la ciencia de atribución rigurosa –la que vincula los cambios observados en el clima con sus causas– está en peligro.
La decisión de revocar la Declaración de Peligro ha suscitado inquietud por su impacto en la salud humana y en los esfuerzos por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Otra preocupación es que su derogación podría abrir la puerta a la eliminación de otras regulaciones ambientales en EE UU.
“Nuestra revisión sugiere que el creciente conjunto de pruebas que vinculan la actividad humana con los cambios climáticos observados refuerza la necesidad de políticas destinadas a limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y a abordar los riesgos relacionados con el clima”, ha señalado el investigador.
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