Un equipo internacional del que forman parte investigadores del Centro de Estudios Avanzados de Blanes –CEAB-CSIC–, en Girona, ha revelado este miércoles, 22 de julio, que la degradación o desaparición de manglares, marismas y praderas marinas puede liberar el mercurio acumulado en sus sedimentos y devolver este contaminante peligroso al medio ambiente.

 

Ecosistemas que retienen contaminantes

 

La investigación, publicada en la revista científica Earth-Science Reviews (1), señala que estos ecosistemas costeros no solo desempeñan una función importante como almacenes de carbono, sino que también actúan como filtros y trampas de la contaminación.

Manglares, marismas y praderas marinas retienen diferentes contaminantes peligrosos, entre ellos metales pesados como el mercurio, que quedan acumulados en sus sedimentos mientras los ecosistemas se mantienen conservados

Los manglares, las marismas y las praderas marinas retienen diferentes contaminantes peligrosos, entre ellos metales pesados como el mercurio, que quedan acumulados en sus sedimentos mientras los ecosistemas se mantienen conservados.

Esta capacidad convierte a los llamados ecosistemas de carbono azul en espacios relevantes tanto para la retención de carbono como para la inmovilización de sustancias contaminantes que podrían volver a circular cuando estos entornos naturales resultan alterados.

Los ecosistemas de carbono azul son ecosistemas costeros y marinos capaces de capturar y almacenar grandes cantidades de CO₂, sobre todo en sus sedimentos

El estudio calcula que los ecosistemas analizados acumulan anualmente unas 16 toneladas de mercurio en todo el mundo. La permanencia de este metal en los sedimentos limita su circulación, pero su función como depósito puede verse comprometida cuando el ecosistema se degrada o desaparece.

Los investigadores advierten de que la destrucción o alteración de estos espacios puede remover los sedimentos y provocar que los contaminantes retenidos durante años vuelvan a entrar en circulación. Esta liberación representa un riesgo añadido asociado a la pérdida de manglares, marismas y praderas marinas.

La investigación estima que la degradación y desaparición de estos ecosistemas puede liberar cada año alrededor de 26 toneladas de mercurio a escala global, una cantidad superior a la que estos entornos acumulan anualmente.

El análisis expone así que la pérdida de ecosistemas costeros no supone únicamente la desaparición de espacios capaces de almacenar carbono. También puede provocar la movilización de contaminantes heredados que permanecían inmovilizados en sus sedimentos.

 

Actividades y fenómenos de riesgo

 

Entre las perturbaciones examinadas por el equipo científico figura el dragado, una actividad que puede alterar los fondos y movilizar los sedimentos en los que se encuentra acumulado el mercurio.

La investigación también analiza la pesca de arrastre, que afecta directamente al fondo marino y puede modificar los depósitos sedimentarios asociados a las praderas marinas y a otros ecosistemas costeros.

La urbanización y transformación del litoral aparecen igualmente entre los factores que pueden contribuir a la degradación o desaparición de estos espacios. Estas modificaciones alteran las condiciones naturales de manglares, marismas y praderas marinas y pueden reducir su capacidad para mantener retenidos los contaminantes.

Los investigadores/as incluyen asimismo los vertidos de petróleo entre las perturbaciones estudiadas. Estos episodios afectan a los ecosistemas costeros y pueden alterar tanto su funcionamiento como los sedimentos en los que se concentran los metales pesados.

Junto a las actividades humanas, el estudio considera diferentes fenómenos naturales y climáticos capaces de degradar estos entornos. Entre ellos se encuentran los temporales y las inundaciones, que pueden erosionar o remover los sedimentos.

También se analizan las sequías y las olas de calor marinas, dos perturbaciones que pueden afectar a la conservación de los ecosistemas de carbono azul y favorecer su deterioro.

El conjunto de presiones estudiadas muestra que la liberación del mercurio puede estar vinculada a numerosas formas de alteración. Tanto la transformación directa del litoral como los fenómenos extremos pueden comprometer la función de estos ecosistemas como depósitos naturales de contaminantes.

El coautor del artículo y director del grupo GAME del CEAB-CSIC, Òscar Serrano, asegura que los resultados aportan un nuevo motivo para conservar y restaurar manglares, marismas y praderas marinas.

Según Serrano, la conservación de estos espacios permite mantener inmovilizados contaminantes heredados como el mercurio, que pueden volver a entrar en circulación cuando se destruyen los ecosistemas o se alteran sus sedimentos.

Mantener inmovilizados contaminantes heredados, como el mercurio, que pueden entrar de nuevo en circulación si destruimos o alteramos los sedimentos”, señala el investigador sobre una de las razones que refuerzan la necesidad de proteger estos entornos.

El diagrama ilustra cómo las perturbaciones externas pueden afectar la estabilidad de los sedimentos en los ecosistemas de cuencas hidrográficas y provocar la removilización de contaminantes, incluido el Hg, que puede bioacumularse en las redes tróficas y provocar la exposición humana a través del consumo de mariscos.

La bioacumulación en las redes tróficas puede provocar la exposición humana a través del consumo de mariscos

 

Regiones con mayor peligro

 

El trabajo identifica varias zonas del planeta en las que el riesgo asociado a la liberación de mercurio resulta especialmente relevante. Entre las regiones con mayor peligro figura Asia oriental.

La investigación señala también a América Latina y el Caribe, donde la presencia y posible degradación de ecosistemas de carbono azul puede favorecer la movilización del mercurio retenido en los sedimentos.

Otra de las áreas destacadas es África subsahariana, que aparece entre las regiones en las que los riesgos derivados de la pérdida o alteración de manglares, marismas y praderas marinas requieren una atención especial.

El estudio incluye además a varias subregiones insulares del Pacífico dentro de las zonas con mayor peligro. La identificación de estos territorios permite localizar los lugares en los que la conservación y restauración de los ecosistemas puede resultar especialmente relevante para mantener inmovilizados los contaminantes.

Los autores y autoras proponen incorporar esta perspectiva a las políticas de gestión costera

Ante estos resultados, los autores y autoras proponen incorporar esta perspectiva a las políticas de gestión costera. La protección de los ecosistemas de carbono azul debería tener en cuenta no solo su capacidad de almacenar carbono, sino también su función como filtros y depósitos de metales pesados.

La investigación plantea igualmente integrar este riesgo en los marcos internacionales de control del mercurio, de manera que las políticas destinadas a reducir la circulación de este metal consideren las consecuencias de la degradación de los ecosistemas costeros.

Entre los instrumentos mencionados se encuentra el Convenio de Minamata, el marco internacional de control del mercurio en el que los investigadores/as proponen incluir la función que desempeñan manglares, marismas y praderas marinas.

El estudio concluye que la conservación y restauración de estos ecosistemas puede contribuir a evitar que el mercurio acumulado vuelva a circular. Su degradación, por el contrario, puede transformar espacios que actúan como trampas de contaminación en fuentes de liberación de este metal.

Referencias

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