La contaminación por cocaína y sus metabolitos alteró el comportamiento del salmón atlántico juvenil en su hábitat natural, según un estudio internacional liderado por la Universidad Griffith, la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, la Sociedad Zoológica de Londres y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal. La investigación, publicada este 20 de abril en la revista Current Biology (1), fue la primera en demostrar estos efectos en peces en estado salvaje y no en condiciones de laboratorio, tras el seguimiento de 105 salmones durante ocho semanas en el lago Vättern, en Suecia, con el objetivo de comprobar cómo estos contaminantes influían en su movimiento y en el uso del espacio.
Un estudio en libertad
Para analizar esos efectos, los investigadores utilizaron implantes químicos de liberación lenta y sistemas de telemetría acústica, una técnica que permitió monitorizar con precisión los desplazamientos de los peces en un entorno natural complejo. Los 105 salmones atlánticos juveniles fueron repartidos en tres grupos de tratamiento: un grupo de control, otro expuesto a cocaína y un tercero expuesto a benzoilecgonina, el principal metabolito de la cocaína y uno de los compuestos que se detectan con frecuencia en las aguas residuales.
El trabajo, titulado La contaminación por cocaína altera el movimiento y el uso del espacio del salmón atlántico (Salmo salar) en un gran lago natural, supuso un paso relevante porque trasladó al medio silvestre una línea de investigación que, hasta ahora, se había desarrollado casi exclusivamente en laboratorio. Esa diferencia resultó clave, ya que los animales en libertad se enfrentan a condiciones ambientales mucho más complejas, con variaciones en alimento, depredadores, temperatura y competencia espacial.
Los autores pretendían comprender hasta qué punto la presencia de estos contaminantes, que llegan a ríos y lagos a través de los sistemas de depuración, podía modificar la forma en la que los peces se desplazaban por el ecosistema. El movimiento, recordaron, no es una variable secundaria: determina el acceso a recursos, la exposición al riesgo y la relación entre individuos y poblaciones dentro de un mismo espacio acuático.
El metabolito causa más cambios
Los resultados mostraron que los peces expuestos a benzoilecgonina nadaban hasta 1,9 veces más lejos por semana que los no expuestos y llegaban a dispersarse hasta 12,3 kilómetros más lejos a través del lago. Además, esos cambios se hacían más pronunciados con el paso del tiempo, lo que indicó que la exposición no solo tenía un efecto inmediato, sino que alteraba de manera sostenida la forma en que los salmones utilizaban el espacio.
Ese hallazgo situó al metabolito de la cocaína como el compuesto con mayor impacto sobre el movimiento de los peces, incluso por encima de la propia cocaína. Para los investigadores, se trató de un resultado especialmente significativo porque las evaluaciones de riesgo ambiental suelen centrarse en el compuesto original y no tanto en sus derivados, a pesar de que estos pueden ser más abundantes en los cursos de agua y ejercer efectos biológicos más intensos.
El doctor Marcus Michelangeli, coautor del estudio e investigador del Instituto Australiano de Ríos de la Universidad Griffith, destacó la importancia de estos hallazgos por el papel que el desplazamiento desempeña en la vida de los animales. Según explicó, el lugar al que van los peces condiciona qué comen, qué depredadores los acechan y cómo se organizan las poblaciones en un ecosistema determinado.
En esa línea, Michelangeli advirtió de que, si la contaminación está alterando esos patrones, existe la posibilidad de que también esté modificando los ecosistemas de formas que apenas empiezan a comprenderse. El estudio no concluyó todavía cuáles son todas las consecuencias de ese cambio conductual, pero sí apuntó a un posible impacto sobre procesos ecológicos básicos relacionados con la distribución de individuos y el equilibrio de las comunidades acuáticas.
Un problema ambiental creciente
Los autores recordaron que la cocaína y sus metabolitos se detectaban cada vez con mayor frecuencia en ríos y lagos de todo el mundo. Estos compuestos entran en los cursos de agua principalmente a través de sistemas de aguas residuales que no estan diseñados para eliminar por completo este tipo de sustancias. El estudio, por tanto, encuadró sus hallazgos dentro de un problema más amplio vinculado a la presencia de contaminantes de origen humano en los ecosistemas acuáticos.
Aunque investigaciones anteriores ya habían mostrado que la cocaína podía afectar al comportamiento animal, esos trabajos se habían limitado a entornos controlados. La novedad de este estudio consistió en aportar la primera evidencia en la naturaleza, donde los peces no responden de forma aislada, sino en interacción constante con múltiples factores ambientales. Ese salto del laboratorio al medio salvaje reforzó la relevancia ecológica de los resultados.
Los investigadores insistieron, no obstante, en que los datos obtenidos no indicaban ningún riesgo para las personas que consumen pescado. Según precisaron, los niveles de exposición empleados reflejaban concentraciones ya detectadas en vías fluviales contaminadas, los compuestos se degradan con el tiempo y, además, los ejemplares analizados eran juveniles que se encontraban muy por debajo del tamaño legal de captura.
Michelangeli subrayó que el estudio ponía de relieve un problema de fondo sobre la clase de sustancias que están entrando en los ecosistemas acuáticos. A su juicio, la idea de que la cocaína afecte a los peces puede parecer sorprendente, pero la realidad es que la fauna silvestre ya está expuesta todos los días a una amplia gama de drogas derivadas de la actividad humana. En ese contexto, sostuvo que lo realmente inusual no era el experimento, sino lo que ya está ocurriendo en ríos y lagos.
A partir de estos resultados, las futuras investigaciones tratarán de determinar la magnitud real de los efectos, identificar qué especies corren mayor riesgo y comprobar si la alteración en los patrones de movimiento termina traduciéndose en cambios en la supervivencia y la reproducción. Esa siguiente fase será decisiva para entender si el desplazamiento anómalo observado en el salmón atlántico juvenil tiene consecuencias persistentes sobre las poblaciones y sobre el funcionamiento general de los ecosistemas de agua dulce.
El estudio también abrió una reflexión sobre los métodos con los que se evalúa el riesgo ambiental de los contaminantes emergentes. Si los metabolitos pueden provocar efectos más intensos que el compuesto de origen y, al mismo tiempo, son los que aparecen con más frecuencia en el agua, los enfoques actuales podrían estar dejando fuera una parte importante del problema. Los autores sugirieron así que será necesario ampliar la mirada para incorporar no solo las sustancias principales, sino también sus productos de degradación.
En conjunto, la investigación situó la contaminación por drogas como un factor de presión adicional sobre la vida silvestre acuática. En un escenario en el que las aguas continentales ya soportan impactos por cambio climático, sobreexplotación o vertidos químicos, la alteración del comportamiento animal por compuestos presentes en las aguas residuales añadió una nueva dimensión a los riesgos que afrontan especies como el salmón atlántico.
Referencias