El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) pone el foco en el impacto ambiental de los pantalones vaqueros y en las medidas que algunas fábricas de Túnez están incorporando para reducir el consumo de agua y productos químicos.
Lo hace en un contexto en el que la industria de la moda y los textiles figura entre las más contaminantes del mundo y afronta una creciente presión para avanzar hacia una producción más sostenible.
Según datos de la marca Levi’s recogidos por el PNUMA, fabricar un solo par de vaqueros puede requerir unos 3.800 litros de agua. A este consumo se añaden las cantidades de energía y productos químicos necesarias para conseguir determinados colores, acabados y efectos sobre el tejido.
Dentro del sector, el denim –el tejido de algodón con el que se fabrican los vaqueros– es uno de los productos más intensivos en recursos. La moda y el sector textil, además, contribuyen al cambio climático y consumen grandes cantidades de recursos naturales.
Para observar de cerca esta realidad, la modelo y embajadora de Buena Voluntad del PNUMA Amber Valletta visita instalaciones de este sector en un documental producido por la organización. El recorrido permite conocer algunas de las prácticas que están implantando fabricantes que buscan producir prendas con un menor impacto ambiental.
Menos agua y menos químicos
La transformación de los procesos industriales se aprecia en fábricas como Gonser Denim Revolution (GDR), donde las mejoras ambientales se han ido incorporando progresivamente. Una de ellas consiste en eliminar gradualmente sustancias como el permanganato de potasio y el hipoclorito, utilizadas tradicionalmente para conseguir determinados efectos en el tejido.
Estos compuestos están siendo sustituidos por alternativas consideradas más seguras, capaces de obtener resultados similares con un impacto ambiental menor. Paralelamente, el agua utilizada para lavar las prendas en diferentes fases del proceso se trata y se reutiliza dentro de las instalaciones.
Bilel Ben Miled, responsable de sostenibilidad de Gonser Group, señala que estas medidas, junto con otras mejoras tecnológicas, pueden permitir una reducción del 75 % en el agua utilizada para fabricar un par de vaqueros.
Este ahorro cobra especial relevancia en un país como Túnez, expuesto a periodos prolongados de sequía.
Otra empresa, DEMCO, ha comenzado a emplear maquinaria que utiliza gas ozono o cantidades mínimas de agua ozonizada para blanquear o desgastar el denim.
Según su fundador y consejero delegado, Johnny De Meirsman, este procedimiento permite reducir alrededor del 90 % del agua empleada en estos procesos. El reto para los fabricantes consiste en lograr la misma calidad de las prendas sin generar problemas ambientales ni efectos negativos para las personas que posteriormente las utilizan.
Para avanzar en esa dirección, el PNUMA desarrolla el programa InTex, financiado por la Unión Europea y el Gobierno de Dinamarca e integrado en su iniciativa sobre textiles.
Los químicos usados en textiles pueden perjudicar a las personas y a los ecosistemas.
— Programa ONU Medio Ambiente (@unep_espanol) September 3, 2026
El programa InTex del PNUMA ayuda a las pequeñas empresas a avanzar hacia una producción más limpia para vivir #SinContaminación.
Más, en inglés: https://t.co/vCrZcIoOg1 pic.twitter.com/sA7RamGUdH
InTex trabaja con pequeñas y medianas empresas de países productores de textiles para impulsar la sostenibilidad y la circularidad. Entre otras actuaciones, ayuda a las fábricas a recopilar y analizar sus datos operativos para identificar dónde se concentran sus principales impactos ambientales y qué medidas pueden producir mejoras cuantificables.
Túnez, proveedor clave para Europa
Los vaqueros forman parte de una compleja cadena de valor mundial que abarca desde la extracción de recursos naturales y la fabricación hasta el transporte, el diseño y la comercialización. Pese a su aspecto sencillo, detrás de cada prenda intervienen numerosos procesos y personas distribuidos por distintos lugares del planeta.
Aunque una gran parte del denim mundial se produce y confecciona en Asia, Túnez se encuentra entre los principales proveedores de prendas de este tejido terminadas que llegan a la Unión Europea, con alrededor del 8 % de la cuota de mercado durante el pasado año.
Su proximidad al mercado europeo facilita además plazos de entrega más rápidos.
Esta relación con Europa también expone a los fabricantes tunecinos a unas exigencias crecientes en trazabilidad, transparencia, durabilidad y comportamiento ambiental. Las empresas son auditadas regularmente para comprobar su adaptación a las normas y expectativas comunitarias.
En el plano de los derechos humanos, Amnistía Internacional recoge en su informe sobre Túnez de 2025 que las autoridades intensificaron la represión de la libertad de expresión, de reunión pacífica y de la disidencia, con detenciones y juicios contra opositores, periodistas, profesionales de la abogacía y personal de ONG. La organización documenta también violaciones generalizadas contra personas migrantes y refugiadas, entre ellas expulsiones colectivas a Libia y Argelia.
Según el mismo informe, se recurrió a cargos de “obstrucción” contra personas que protestaban por problemas como las malas condiciones laborales, la contaminación o el acceso al agua, lo que afectó también al derecho a sindicarse y a hacer huelga. En Gabes, miles de personas se manifestaron contra la contaminación de las plantas del Grupo Químico de Túnez, de titularidad estatal, y la policía hizo un uso excesivo de gas lacrimógeno. El documento no se refiere específicamente al sector textil.
Europa endurece las exigencias
La presión para transformar la fabricación del denim no procede únicamente de las propias empresas. El PNUMA señala que gobiernos, marcas, consumidores y clientes demandan cada vez más productos sostenibles y con un menor impacto, generando una cadena de exigencias que termina alcanzando a los proveedores.
La Unión Europea prepara nuevas normas para 2027 y 2028, entre ellas requisitos de ecodiseño y sistemas de información digital de producto conocidos como pasaportes digitales de producto.
Estas herramientas permitirán documentar aspectos relacionados con la sostenibilidad de los materiales empleados para fabricar las prendas y buscan reforzar la transparencia sobre el origen y la composición de los productos.
En DEMCO, por ejemplo, un código QR permite mostrar información sobre la procedencia del algodón, los botones, los remaches y el hilo utilizados en una prenda, además de aportar datos vinculados con su posterior reciclaje.
El cambio también alcanza a la fase de diseño. DEMCO estudia el uso de fibras recicladas y alternativas con menor impacto para elementos como botones, hilos y forros de bolsillos.
Aunque puedan pasar inadvertidas para quien compra la prenda, estas decisiones pueden influir en su durabilidad, consumo de recursos, contenido químico y posibilidades de reciclaje.
Claudia Giacovelli, responsable del programa InTex del PNUMA, sostiene que los consumidores pueden contribuir demandando prendas más sostenibles, pero subraya que gobiernos e industria deben liderar la transformación.
A su juicio, los gobiernos deben fijar reglas claras, mientras las marcas deben incorporar sostenibilidad y circularidad desde el diseño y apoyar a sus proveedores durante la transición.
Los fabricantes, por su parte, tienen que mantener la inversión en tecnologías más limpias y procesos de producción más eficientes. El futuro ambiental del denim dependerá así de múltiples decisiones adoptadas en los distintos eslabones de la cadena de valor durante los próximos años.
Para el PNUMA, el debate trasciende además los propios vaqueros: cada prenda tiene asociado un coste ambiental derivado de los recursos, procesos y desplazamientos necesarios para producirla. La transformación del sector pasa, por tanto, por dejar de contemplar incluso las prendas más sencillas como productos fácilmente desechables.
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