Un equipo internacional de paleontólogos ha identificado una nueva especie de cocodrilo extinto en fósiles procedentes de las mismas rocas que se utilizaron para construir la Gran Esfinge, en Egipto. Se llama Herugavialis cairensis y comparte con el célebre monumento una curiosa coincidencia: al cráneo fosilizado le falta la punta del hocico, igual que a la Esfinge le falta la punta de la nariz.
El hallazgo, publicado el 7 de octubre en la revista Royal Society Open Science(1), lo firma un equipo con miembros del Reino Unido, Suecia, Alemania y Egipto, dirigido por el doctor Paul Burke, investigador del Museo Sueco de Historia Natural, en Estocolmo. Los científicos han comprobado, con ayuda de la tomografía computarizada, que unos fósiles descritos hace un siglo como otro tipo de cocodrilo pertenecen, en realidad, a una especie desconocida hasta ahora.
Fósiles hallados hace un siglo
La historia arranca en la década de 1920, cuando se recuperaron en Egipto varios fósiles de la Formación Mokattam, un conjunto de rocas de 45 millones de años de antigüedad. Entre ellos había un cráneo casi completo. Los restos se describieron entonces como pertenecientes a Tomistoma, el grupo del llamado “falso gavial”, por su parecido superficial con este animal.
Los recientes avances analíticos en paleontología, incluido el uso de la tomografía computarizada para observar el interior del cráneo
Los recientes avances analíticos en paleontología, incluido el uso de la tomografía computarizada para observar el interior del cráneo, han permitido ahora revisar aquellos fósiles con otros ojos. Con esa mirada al interior del cráneo, el equipo ha identificado varias diferencias entre el falso gavial y los fósiles de la Formación Mokattam.
Dicho de otro modo, lo que durante décadas se tomó por un pariente del falso gavial ha resultado ser un animal distinto. Aquel parecido era solo superficial. El propio título del estudio presenta a Herugavialis cairensis como un cocodrilo egipcio del Eoceno medio.
Para situar el hallazgo conviene saber qué es un gavial. Se trata de un grupo de cocodrilos que se caracterizan por sus hocicos largos y delgados. Hoy solo viven en ambientes de agua dulce del subcontinente indio y el sudeste asiático, y apenas quedan dos especies vivas: Gavialis gangeticus y Tomistoma schlegelii, el falso gavial.
El pasado de los gaviales fue muy distinto a su presente. Su registro fósil documenta una distribución casi global que abarca más de 100 millones de años, con muchas especies que habitaban en ambientes marinos poco profundos. Es decir, un grupo que hoy se limita a dos especies de agua dulce en Asia tuvo antes una presencia casi mundial.
Un nombre inspirado en Heru
El cráneo de Herugavialis se conserva relativamente bien, pero una característica en particular llamó la atención de los investigadores: le falta la punta del hocico. La coincidencia con la Gran Esfinge, a la que también le falta la punta de la nariz, no pasó inadvertida.
Dada esta coincidencia con la famosa ausencia de la nariz de la Gran Esfinge, decidimos nombrar al nuevo cocodrilo en honor al dios egipcio Heru
PHILIP MANNION, University College de Londres
“Dada esta coincidencia con la famosa ausencia de la nariz de la Gran Esfinge, decidimos nombrar al nuevo cocodrilo en honor al dios egipcio Heru, quien posiblemente fue la inspiración para este monumento emblemático”, señala el profesor Philip Mannion, del University College de Londres, que codirigió el estudio.
El nombre de la especie une así un hallazgo científico con la mitología egipcia y con un monumento icónico. Según Mannion, Heru posiblemente inspiró la Gran Esfinge, de modo que el cocodrilo fosilizado queda unido por su nombre a esa figura.
Hay más puntos en común. El fósil fue hallado en las mismas rocas utilizadas para construir el monumento, y ambos conservan una pieza incompleta: uno, la nariz; el otro, el hocico. Una coincidencia de material y de aspecto que dio pie al bautizo de la especie.
La escala del tiempo ayuda a medir el hallazgo. Han pasado cerca de cien años desde que aquellos restos se recuperaron en Egipto, y unos 45 millones de años desde que el animal habitó la región. Hizo falta una técnica capaz de mirar dentro del cráneo para descubrir que no era quien se creía.
Un Mediterráneo lleno de cocodrilos
Herugavialis no era el único cocodrilo que habitaba Egipto en aquella época. Los entornos marinos poco profundos que cubrían gran parte de la región también albergaban al menos otras dos especies de gaviales. El nuevo hallazgo suma así una pieza a un paisaje donde convivían varios de estos reptiles de hocico largo.
Durante gran parte de los últimos 50 millones de años, la región mediterránea albergó una gran diversidad de cocodrilos, incluidos los gaviales
PAUL BURKE, Museo Sueco de Historia Natural
“Durante gran parte de los últimos 50 millones de años, la región mediterránea albergó una gran diversidad de cocodrilos, incluidos los gaviales”, afirma el autor principal del estudio, Paul Burke, del Museo Sueco de Historia Natural. El Mediterráneo fue, por tanto, un espacio con una gran variedad de cocodrilos durante buena parte de ese tiempo.
Esa diversidad no fue constante. Según Burke, el número de especies fluctuó con el tiempo y lo hizo, aparentemente, al compás de dos factores: la temperatura global y el nivel del mar. El propio título del estudio subraya que el análisis del cráneo aporta nuevos conocimientos sobre la diversidad de los gavialoideos –el grupo al que pertenecen los gaviales– en la región mediterránea.
esta diversidad fluctuó con el tiempo, aparentemente en correspondencia con los cambios en la temperatura global y el nivel del mar
PAUL BURKE, Museo Sueco de Historia Natural
“Sin embargo, esta diversidad fluctuó con el tiempo, aparentemente en correspondencia con los cambios en la temperatura global y el nivel del mar, antes de la desaparición de todos los cocodrilos en esta región como resultado de la desecación del Mediterráneo hace aproximadamente 6 millones de años”, añade Burke. En otras palabras, los cocodrilos desaparecieron por completo de la zona cuando el Mediterráneo se secó, hace aproximadamente 6 millones de años. Aquel final contrasta con la riqueza de especies que el nuevo estudio ayuda a documentar.
La investigación ha contado con financiación de Knut och Alice Wallenbergs Stiftelse, el programa Emmy Noether de la DFG, la Royal Society y el Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural.
Referencias
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