Los astrónomos pueden predecir cuándo se producirá un eclipse mediante el seguimiento y el cálculo de las posiciones de la Luna, el Sol y la Tierra, según ha informado la Agencia Espacial Europea (ESA).

Sumario

 

La agencia recuerda este proceso ante el eclipse total de Sol que podrá verse el 12 de agosto en España, donde varias zonas quedarán dentro de la franja de totalidad.

 

Qué es un eclipse

 

Cómo se predicen los eclipses / Imagen: ESA Cómo se predicen los eclipses / Imagen: ESA

Los eclipses, que en otros tiempos fueron interpretados como presagios de fatalidad, se han convertido en la actualidad en acontecimientos culturales y científicos muy esperados. Miles de personas viajan para observar durante unos minutos uno de estos fenómenos astronómicos, especialmente cuando se trata de un eclipse solar total, como el previsto este verano en territorio español.

Un eclipse ocurre cuando el Sol, la Luna y la Tierra se alinean en línea recta. Según la disposición de estos tres cuerpos, puede producirse un eclipse solar o un eclipse lunar. La diferencia principal está en cuál de ellos se sitúa en medio y qué sombra se proyecta.

Durante un eclipse solar, la Luna se coloca entre la Tierra y el Sol. En ese momento, bloquea total o parcialmente la luz solar y provoca que algunas zonas del planeta queden sumidas en una oscuridad temporal. Es el tipo de eclipse que podrá observarse este verano en España.

Los lugares de la Tierra que se encuentran dentro de la umbra, es decir, la sombra completa proyectada por la Luna, experimentan un eclipse solar total. En esas zonas, el disco solar queda completamente cubierto por la Luna durante un breve intervalo.

En cambio, los observadores situados en la penumbra, la zona de sombra parcial, presencian un eclipse solar parcial. Desde ese punto de vista, la Luna solo tapa una parte del Sol, por lo que la oscuridad no llega a ser completa.

El segundo tipo es el eclipse lunar. En este caso, la Tierra se sitúa entre el Sol y la Luna y proyecta su sombra sobre la superficie lunar. Sin embargo, la Luna no desaparece por completo ni se oscurece del todo.

Durante un eclipse lunar, la Luna adquiere un tono rojizo. Esto sucede porque la atmósfera terrestre desvía y filtra la luz solar: dispersa la luz azul y permite que la luz roja alcance la superficie de la Luna, lo que genera ese color característico.

 

La clave está en la órbita

 

Una de las preguntas más frecuentes es por qué no se produce un eclipse dos veces al mes, durante cada luna nueva y cada luna llena, si estos fenómenos dependen del paso de la Luna o de la Tierra frente al Sol.

La respuesta está en la inclinación de la órbita lunar. Los astrónomos explican que la órbita de la Luna alrededor de la Tierra no está en el mismo plano que la órbita terrestre alrededor del Sol, conocida como plano de la eclíptica.

La órbita de la Luna está inclinada unos 5 grados respecto a la eclíptica. Esto significa que, a medida que la Luna se desplaza alrededor de la Tierra, no siempre pasa exactamente por delante del Sol ni atraviesa la sombra terrestre.

Por esa razón, aunque haya una luna nueva cada mes, no siempre se produce un eclipse solar. Y aunque haya una luna llena cada mes, tampoco se produce siempre un eclipse lunar. Para que el fenómeno ocurra, la alineación debe ser mucho más precisa.

Dos veces al año, la órbita de la Luna se coloca de tal forma que cruza la línea Sol–Tierra en la eclíptica durante la luna nueva o la luna llena. Esos puntos de cruce se llaman nodos lunares.

Cuando la Luna pasa por uno de estos nodos lunares en el momento adecuado, puede producirse un eclipse. Si lo hace durante la luna nueva, puede generarse un eclipse solar. Si lo hace durante la luna llena, puede producirse un eclipse lunar.

Por tanto, la predicción de los eclipses se basa en conocer con precisión la posición de la Luna, su paso por los nodos lunares y la alineación con el Sol y la Tierra. A partir de esos datos, los astrónomos pueden calcular cuándo y dónde será visible el fenómeno.

 

Temporadas de eclipses

 

La ESA recuerda que existe un período de unos 35 días alrededor de cada nodo lunar durante el cual puede producirse un eclipse. Ese intervalo se denomina temporada de eclipses.

El momento exacto de un eclipse puede explicarse mediante cálculos matemáticos que tienen en cuenta el ángulo de la órbita lunar y el diámetro aparente del Sol y de la Luna tal como se observan desde la Tierra.

Por lo general, en cada temporada de eclipses tiene lugar un eclipse solar y un eclipse lunar. Sin embargo, como cada temporada dura algo más que una órbita completa de la Luna alrededor de la Tierra, algunas temporadas pueden incluir un tercer eclipse.

La Luna tarda 27,3 días en completar una órbita alrededor de la Tierra. Como una temporada de eclipses dura más que ese periodo, puede darse la situación de que haya tres alineaciones favorables dentro del mismo intervalo.

Durante una luna nueva, la Luna cruza la eclíptica entre el Sol y la Tierra. En esas condiciones puede producirse un eclipse solar total, anular o parcial, en función de la alineación y de la posición del observador sobre la superficie terrestre.

Durante una luna llena, la Luna cruza la eclíptica por detrás de la Tierra. En ese caso, la sombra terrestre alcanza la Luna y puede producirse un eclipse lunar total o parcial.

Las temporadas de eclipses no comienzan siempre en las mismas fechas. Cada año se adelantan entre dos y tres semanas respecto al año anterior. Esto ocurre porque la órbita de la Luna alrededor de la Tierra rota lentamente, un movimiento conocido como precesión.

Como consecuencia de esa precesión, el tiempo entre dos nodos lunares es de 173,3 días. A partir de ahí se define un llamado año de eclipses, que dura 346,6 días, un periodo más corto que el año solar de 365,25 días.

Gracias a esta regularidad, incluso sin cálculos muy precisos, puede estimarse el momento del próximo eclipse contando aproximadamente 173 días desde el eclipse actual. No obstante, para conocer con exactitud el lugar y la hora de observación son necesarios cálculos astronómicos más precisos.

Lo que no puede garantizarse con la misma exactitud es la meteorología. La ESA recuerda que, aunque los eclipses pueden predecirse con antelación, la observación depende de un factor mucho menos controlable: disponer de cielo despejado en el momento del fenómeno.

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