La riada registrada el 26 de agosto en el norte de Nepal, en la frontera con China, deja ya 1.399 personas muertas y 4.089 desaparecidas, según el último recuento de la Policía nepalí, tres semanas después de la catástrofe.

Sumario

 

UNICEF ha alertado de que más de 17.000 niños necesitan apoyo psicológico y psicosocial urgente para superar el trauma del desastre, cuyos daños materiales acaba de cifrar el Gobierno en 2.690 millones de dólares.

 

Casi 1.400 personas muertas

 

Al balance nepalí se suman 43 muertos y 519 desaparecidos en el lado tibetano, entre ellos 261 ciudadanos extranjeros de 23 nacionalidades, según los recuentos difundidos por las autoridades chinas. Los equipos de emergencia han rescatado a más de 13.700 personas.

Entre los desaparecidos en territorio nepalí figuran 610 extranjeros, en su mayoría peregrinos que se dirigían al monte Kailash cuando la avenida arrasó el paso fronterizo de Gyirong.

La identificación de los fallecidos se ha convertido en el principal cuello de botella: buena parte de los cuerpos fueron enterrados sin identificar y solo un centenar ha podido ser entregado a sus familias, pese a las miles de muestras de ADN recogidas.

Estados Unidos ha aprobado un millón de dólares adicional destinado específicamente al apoyo forense para esa tarea, con lo que su contribución total a la respuesta de emergencia supera ya los cinco millones.

Las búsquedas continúan con medios cada vez más artesanales: un perro labrador llamado Samba ha localizado alrededor de veinte cuerpos sepultados bajo el lodo y los escombros en el distrito de Rasuwa.

 

Cicatrices emocionales en la infancia

 

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia ha subrayado que la riada tuvo “un impacto devastador” sobre los niños, que necesitan apoyo mental y psicosocial para recuperarse de la angustia y el trauma acumulados.

“Más allá de la destrucción visible, estas inundaciones han dejado profundas cicatrices emocionales en los niños y sus familias”, ha afirmado la representante de UNICEF en Nepal, Alice Akunga, que ha recordado que la avenida llegó en plena jornada escolar.

“Muchos de ellos presenciaron escenas angustiosas y ahora luchan contra el miedo, la ansiedad y el duelo; algunos incluso son incapaces de hablar de lo que vivieron”, ha señalado la responsable del organismo.

UNICEF ha cifrado en 541 los menores no acompañados o separados de sus familias, un colectivo en especial riesgo, de los que 18 ya han sido reunificados, y mantiene abiertos 18 espacios amigos de la infancia, trece de ellos con su apoyo directo.

“El miedo puede persistir durante mucho tiempo después del desastre”, ha advertido Shitanshu Dhakal, médico del Hospital Trishuli en Nuwakot, quien ha defendido que los niños reciban primeros auxilios psicológicos inmediatos para prevenir consecuencias a largo plazo.

 

Una factura de 4.760 millones

 

La Evaluación Rápida de Daños y Necesidades (RDNA), elaborada bajo la dirección de la Comisión Nacional de Planificación, sitúa las pérdidas en 408.000 millones de rupias y calcula que la reconstrucción exigirá 4.760 millones de dólares.

Frente a esa necesidad, Nepal solo ha logrado reunir 94 millones en donaciones, apenas un 3,5% del valor de los daños, mientras miles de desplazados afrontan la reconstrucción de sus casas con el invierno a las puertas.

El sector privado ha soportado la mayor parte del golpe, con alrededor de 300.000 millones de rupias en pérdidas, más de dos tercios del total, en unos destrozos que acercan la catástrofe a la magnitud del terremoto de 2015.

La energía encabeza el recuento con 151.000 millones de rupias: la riada afectó a trece centrales hidroeléctricas y cinco plantas solares que suman 759 megavatios, y su recuperación absorberá 2.570 millones de dólares.

Le siguen los negocios comerciales, con 146.190 millones de rupias y 4.800 empresas afectadas –sobre todo hoteles y restaurantes–, y la vivienda, con 63.880 millones y 7.570 casas dañadas en los cinco distritos golpeados.

En las comunicaciones terrestres, 33 de los 37 puentes aptos para vehículos fueron arrastrados por el agua, junto a 69 kilómetros de carretera, mientras que la vía de Rasuwagadhi ha perdido cerca de 40 kilómetros de trazado.

La avenida dañó también 18 escuelas –once de ellas completamente destruidas–, siete centros de salud y 30 bienes del patrimonio cultural, lo que prolongará durante meses la interrupción de las clases en las zonas afectadas.

La catástrofe se originó con el colapso de un glaciar a gran altitud en el Parque Nacional de Langtang, que liberó un alud de hielo y roca convertido después en un flujo de detritos de alta velocidad por los valles del Bhotekoshi y el Trishuli.

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