El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, y la presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Mirjana Spoljaric, han pedido este martes 25 de agosto a los Estados que comiencen a negociar normas jurídicamente vinculantes sobre los sistemas de armas autónomas, ante el rápido avance de estas tecnologías y el riesgo de que las máquinas lleguen a seleccionar de forma autónoma a seres humanos como objetivos. Ambos dirigentes consideran que la Séptima Conferencia de Examen de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, prevista para noviembre, ofrece una oportunidad decisiva para iniciar formalmente esas negociaciones.

 

Una «línea roja moral»

 

Guterres y Spoljaric han renovado así el llamamiento conjunto que formularon hace tres años, aunque advierten de que desde entonces los riesgos asociados a estos sistemas se han intensificado. Según señalan, existe una distancia cada vez mayor entre las capacidades tecnológicas disponibles y las normas destinadas a limitar su utilización y proteger a las personas durante los conflictos armados.

El mundo está «peligrosamente cerca» de cruzar una línea roja moral en la que las máquinas puedan seleccionar autónomamente a seres humanos como objetivos

Los responsables de la ONU y el CICR advierten de que el mundo está «peligrosamente cerca» de cruzar una línea roja moral en la que las máquinas puedan seleccionar autónomamente a seres humanos como objetivos. El problema central, sostienen, reside en cuánto control conservarán las personas sobre las decisiones relacionadas con el uso de la fuerza a medida que los sistemas armamentísticos incorporen mayores grados de autonomía.

Una mayor autonomía supone, según ambos dirigentes, una reducción del control humano sobre el empleo de las armas. Esta evolución se produce además en un contexto en el que las tecnologías avanzadas utilizadas en los campos de batalla ya están aumentando los riesgos para la población civil y las infraestructuras civiles, además de agravar el sufrimiento provocado por los conflictos armados.

Por ello, Guterres y Spoljaric consideran que los Estados deben abandonar las discusiones graduales y avanzar hacia una acción política decisiva. Su objetivo es que comiencen las negociaciones destinadas a adoptar un instrumento jurídicamente vinculante que establezca prohibiciones y restricciones claras para los sistemas de armas autónomas.

 

Control humano y responsabilidad

 

La preocupación no se limita a la capacidad de una máquina para decidir sobre el uso de la fuerza. Naciones Unidas y el CICR también plantean el problema de quién asumiría la responsabilidad cuando un sistema autónomo cometa un error o cuando su utilización provoque una vulneración del derecho internacional.

Sin reglas suficientemente claras, advierten, podría resultar cada vez más difícil determinar responsabilidades por errores o infracciones y podrían debilitarse las protecciones que garantiza el derecho internacional humanitario. Para ambos organismos, la falta de una respuesta rápida y decidida puede tener consecuencias directas sobre la vida de las personas afectadas por los conflictos.

El llamamiento sitúa por ello el control humano sobre el uso de la fuerza en el centro del debate internacional. Los Estados llevan años examinando estas cuestiones tanto en la Asamblea General de Naciones Unidas como en el grupo de expertos gubernamentales de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales.

Estas conversaciones han permitido, según la información difundida por Naciones Unidas, avanzar hacia un entendimiento común sobre el grado de juicio y control humano que debe mantenerse y sobre las medidas necesarias para respetar el derecho internacional humanitario, responder a las preocupaciones éticas y reducir el sufrimiento causado durante los conflictos armados.

Guterres y Spoljaric consideran que esos trabajos ofrecen ya una base suficiente para iniciar una negociación formal. Su petición es que los Estados transformen los años de conversaciones y análisis en reglas concretas que permitan fijar límites antes de que la evolución tecnológica haga más difícil establecerlos.

Los dos responsables también señalan que la propia comunidad científica y tecnológica ha comenzado a advertir de los riesgos. Científicos e ingenieros relacionados con el desarrollo de estos sistemas han reclamado límites, una circunstancia que, a juicio de Guterres y Spoljaric, refuerza la necesidad de que los gobiernos actúen.

 

Noviembre, una cita decisiva

 

La Séptima Conferencia de Examen de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, prevista para noviembre, se presenta como el principal momento para que los Estados decidan si dan el paso hacia unas negociaciones formales. Guterres y Spoljaric consideran que ese encuentro constituye la vía más clara para avanzar hacia un instrumento jurídicamente vinculante.

El llamamiento llega después de que en 2023 ambos responsables pidieran conjuntamente a los Estados actuar frente a los sistemas de armas autónomas. Tres años después, sostienen que la urgencia es mayor porque la carrera hacia sistemas con niveles superiores de autonomía ya está en marcha y la distancia entre la innovación tecnológica y la capacidad reguladora continúa ampliándose.

Para Naciones Unidas y la Cruz Roja, retrasar las decisiones puede dificultar todavía más la creación de límites efectivos. Ambos organismos advierten de que la ausencia de prohibiciones y restricciones específicas puede abrir la puerta a prácticas que erosionen las garantías ofrecidas por el derecho internacional humanitario y reduzcan la capacidad de exigir responsabilidades cuando se producen daños.

La advertencia mira también a las consecuencias a largo plazo. Guterres y Spoljaric sostienen que las generaciones futuras evaluarán si los dirigentes actuales fueron capaces de actuar cuando todavía existía la posibilidad de establecer límites antes de que estos sistemas proliferaran sin control. Por ello, insisten en que la decisión que adopten los Estados tendrá efectos que irán más allá de los conflictos actuales.

El mensaje final de ambos responsables vincula directamente el avance tecnológico con la obligación de preservar la protección de las personas. Frente a una carrera hacia sistemas armamentísticos cada vez más autónomos, Naciones Unidas y el CICR reclaman que los gobiernos actúen mientras todavía pueden establecer límites internacionales claros, bajo el principio de que la innovación debe estar al servicio de la humanidad y no ponerla en peligro.

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