La organización internacional GRAIN advierte (1) de que el mundo afronta una nueva crisis alimentaria marcada por la guerra, el encarecimiento de la energía y la dependencia del sistema agroindustrial de los combustibles fósiles, en un escenario que recuerda a la crisis de hace dos décadas, pero que presenta diferencias profundas por el aumento de la desigualdad, la financiarización y la rivalidad geopolítica.

 

Energía y alimentos

 

Hace 20 años, el aumento del precio del petróleo elevó los costes de producción y distribución de alimentos y preparó el terreno para una crisis mundial de precios que afectó a cientos de millones de personas. Según GRAIN, en 2026 se desarrolla un escenario similar, porque la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán ha provocado una subida drástica de los combustibles fósiles y ha afectado de lleno a los envíos de combustible y fertilizantes.

La organización señala que el conflicto se produce en el Golfo Pérsico, una de las principales fuentes de petróleo y gas del planeta, y que esta situación repercute directamente sobre los insumos agrícolas. El campesinado, desde India hasta Brasil, se ve obligado a sembrar menos o a reducir el uso de fertilizantes, lo que alimenta los temores sobre las consecuencias en las cosechas de finales de año.

En Tanzania, por ejemplo, los precios de abril subieron 20% para el aceite de cocina, 17% para las papas, 50% para el plátano verde, 20% para el pan y 18% para las cebollas

GRAIN subraya que los precios de los alimentos ya se están disparando en muchos países por el aumento de los costes energéticos vinculados al transporte, la cocción y el envasado. En Tanzania, por ejemplo, los precios de abril subieron 20% para el aceite de cocina, 17% para las papas, 50% para el plátano verde, 20% para el pan y 18% para las cebollas.

El riesgo, según la organización, es que lo peor llegue en los próximos meses, cuando los recortes actuales en la siembra o en el uso de fertilizantes se traduzcan en cosechas reducidas. La situación será especialmente grave para cultivos como el arroz, el maíz y el trigo, muy dependientes de fertilizantes químicos tras décadas de programas de fitomejoramiento asociados a la revolución verde.

 

Crisis más desigual

 

GRAIN identifica más paralelismos con la crisis alimentaria de hace dos décadas. Entonces, los altos precios del combustible se vieron amplificados por fenómenos meteorológicos extremos, especialmente inundaciones y sequías. Ahora, la organización advierte de que el mundo se prepara para afrontar un Súper El Niño, con posibles sequías e inundaciones graves a finales de este año y comienzos del siguiente.

En 2008 los especuladores financieros y las grandes corporaciones de semillas, fertilizantes, comercio de mercancías y supermercados utilizaron su poder para obtener beneficios y trasladar los costes al campesinado y a los consumidores

La organización también recuerda que en 2008 los especuladores financieros y las grandes corporaciones de semillas, fertilizantes, comercio de mercancías y supermercados utilizaron su poder para obtener beneficios y trasladar los costes al campesinado y a los consumidores. En su análisis, GRAIN sostiene que hoy la concentración empresarial y la financiarización del sistema alimentario se han agudizado.

En Francia, por ejemplo, el Parlamento acusa a las principales cadenas de supermercados de quedarse con 40 céntimos de cada euro gastado en alimentos, además de otras prácticas abusivas. En este contexto, algunos gobiernos estudian formas de limitar o controlar los precios de los alimentos básicos, desde el Reino Unido hasta Ecuador.

GRAIN también alerta del nuevo auge de los biocombustibles producidos a partir de cultivos alimentarios, presentados como alternativa al petróleo cada vez más caro y de acceso limitado. La organización recuerda que ya fueron un factor importante en la crisis alimentaria de hace veinte años y sostiene que su expansión actual contribuye al aumento de precios de cultivos como el maíz y la palma aceitera.

Pese a los paralelismos, GRAIN considera que esta crisis es diferente. La primera diferencia es que la situación actual es consecuencia directa de la guerra y de la agresión imperialista, en particular del ataque estadounidense-israelí contra Irán, tras la invasión rusa de Ucrania. Para la organización, estas guerras causan sufrimiento no solo en los países afectados, sino también en comunidades de todo el mundo.

 

Geopolítica alimentaria

 

La organización sostiene que el orden internacional de finales del siglo XX ha sido sustituido por una época de rivalidad por los recursos, intimidación y violencia armada como herramienta de poder. Esta transformación, según GRAIN, influye de forma determinante sobre el sistema alimentario global y agrava el hambre en zonas afectadas por conflictos, sanciones, bloqueos u otras formas de privación.

Entre los focos de conflicto citados por GRAIN figuran Palestina, Sudán, República Democrática del Congo, Líbano, Haití, Mali, Yemen, Myanmar y Cuba. La organización advierte de que la guerra intensifica el deterioro ecológico, aumenta la presión sobre la producción mundial de alimentos y convierte la comida en un arma: los alimentos se retienen o destruyen para castigar colectivamente a poblaciones y facilitar la expropiación de tierras, vías fluviales o zonas de pesca.

En respuesta, los Estados hablan cada vez más de seguridad alimentaria e incluso de soberanía alimentaria, aunque GRAIN advierte de que lo hacen muchas veces desde una lógica de control y estabilidad interna. En los Estados del Golfo, esto puede implicar cadenas internacionales de suministro controladas por corporaciones desde la granja hasta el supermercado; en Egipto e Indonesia, puede traducirse en grandes proyectos agrícolas impulsados con participación militar o empresas privadas.

Otra diferencia central respecto a hace veinte años es el aumento de la desigualdad global. GRAIN afirma que el coste de la vida —alimentos, vivienda, transporte, electricidad, ropa y medicamentos— aumenta mientras los ingresos reales no lo hacen. Las personas ricas acumulan más riqueza en los mercados financieros y el sector tecnológico, mientras la vida de las personas trabajadoras, especialmente quienes producen, procesan y distribuyen alimentos, se vuelve más difícil.

En India, por ejemplo, personas empleadas en fábricas con bajos salarios abandonan la ciudad y regresan al campo porque no pueden asumir el aumento del precio del combustible para cocinar

La organización advierte de que una parte importante de la población mundial es hoy más vulnerable a los aumentos repentinos de los precios de los alimentos que hace 20 años. En India, por ejemplo, personas empleadas en fábricas con bajos salarios abandonan la ciudad y regresan al campo porque no pueden asumir el aumento del precio del combustible para cocinar.

GRAIN señala además que las grandes corporaciones alimentarias ya demostraron durante la crisis de precios y suministros de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania, su capacidad para obtener enormes ganancias. Según la organización, no existen leyes ni regulaciones suficientes que les impidan repetir ese comportamiento, aunque esta vez la presión económica sobre la población puede dificultar que aumenten márgenes sin recurrir a recortes de costes, despidos, ingredientes más baratos o reducciones salariales.

 

Acaparamiento de tierras

 

La organización también vincula la crisis alimentaria con el acaparamiento de tierras. Tras las crisis alimentaria y financiera de 2008, corporaciones e inversores financieros adquirieron más de 30 millones de hectáreas en una década. Hoy, según los datos citados por GRAIN, el 1% de las mayores explotaciones agrícolas controla el 70% de las tierras arables del planeta.

El 1% de las mayores explotaciones agrícolas controla el 70% de las tierras arables del planeta

Para GRAIN, los precios de los alimentos no bajarán simplemente cuando los barcos vuelvan a navegar por el estrecho de Ormuz, porque los costes y las consecuencias ya están incorporados en los mercados y las previsiones. La organización sostiene que, sin una transformación profunda, las crisis alimentarias pueden convertirse en una situación permanente, aunque cambien en intensidad o ubicación.

Entre las medidas que plantea figuran frenar la especulación empresarial, aplicar controles de precios, crear reservas estratégicas de alimentos, gravar la riqueza de los multimillonarios y fortalecer programas que garanticen el acceso equitativo a alimentos sanos y seguros. También defiende sistemas alimentarios biodiversos, menos dependientes de los combustibles fósiles y liderados por quienes producen y trabajan en el sector alimentario.

Referencias

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