Belfast ha quedado marcada por dos noches de disturbios racistas que han dejado 12 agentes de Policía heridos y 16 manifestantes detenidos, en una escalada de violencia registrada en Irlanda del Norte después del ataque con arma blanca atribuido a un ciudadano sudanés contra un hombre británico el pasado lunes.
El episodio ha derivado en ataques contra minorías étnicas, incendios de viviendas y vehículos y una creciente preocupación por el papel del odio difundido en redes sociales.
Violencia contra minorías
Los altercados han sacudido Belfast durante dos noches consecutivas, con escenas de violencia en las que las fuerzas antidisturbios han empleado camiones de agua para dispersar protestas violentas. Los incidentes han incluido coches y autobuses incendiados, viviendas vandalizadas, ataques contra propiedades y enfrentamientos con las fuerzas policiales.
El secretario de Estado para Irlanda del Norte, Hilary Benn, ha elevado a 12 el número de policías heridos y ha confirmado 16 detenciones. La cifra supone una escalada respecto al balance anterior, que situaba en al menos dos los agentes heridos durante los primeros disturbios registrados en la capital norirlandesa.
Benn ha insistido en que los disturbios han remitido respecto a la noche anterior, aunque ha advertido de que las minorías étnicas en Belfast están “aterradas” después de escenas en las que se ha prendido fuego a viviendas “por el color de la piel” de los residentes. El responsable británico ha recalcado que “no hay justificación” para esos ataques.
En una comparecencia previa para hacer balance de los choques violentos, Benn ya había atribuido los incidentes a “matones encapuchados” y había afirmado que nada podía justificar la violencia registrada en las calles de Irlanda del Norte. También había señalado que los organizadores de las protestas contra la migración dicen “proteger” a las comunidades locales, pero están “haciendo exactamente lo contrario”.
La violencia ha incluido el lanzamiento de cócteles molotov, piedras y otros objetos contra la Policía, así como incendios provocados en vehículos y propiedades. Las fuerzas de seguridad también han utilizado proyectiles plásticos en un intento de contener los disturbios, en un contexto de fuerte preocupación por la presencia de menores entre las multitudes.
Odio en redes
El jefe de Policía de Belfast, Jon Boutcher, ha vuelto a apelar a la ciudadanía para que “no se deje llevar por la corriente” de los mensajes vertidos en Internet. Boutcher ha incidido en que personas “que no saben nada sobre Irlanda del Norte” están alentando los disturbios racistas y ha advertido de que los mensajes de odio difundidos en redes sociales son “totalmente inaceptables”.
Según ha señalado, esos mensajes vinculados a la situación en Belfast pueden constituir un delito y están poniendo “vidas en peligro”. La Policía ha tratado así de frenar la extensión de los disturbios y de contener la tensión generada tras la difusión de imágenes del ataque inicial, cuya grabación se ha convertido en un vídeo viral en Reino Unido y ha provocado una fuerte indignación.
El debate se ha intensificado por la actividad de Elon Musk en X, después de que el propietario de la red social haya compartido imágenes del ataque y mensajes de cuentas antiinmigración. Europa Press recoge que responsables británicos han denunciado que este tipo de publicaciones contribuyen a avivar el resentimiento y a amplificar discursos vinculados a los ataques raciales en Belfast.
La red social X no afronta por ahora medidas inmediatas del Gobierno británico por la difusión de publicaciones incendiarias vinculadas a los disturbios, aunque el debate político ha vuelto a situar el foco sobre la responsabilidad de las plataformas digitales ante contenidos que pueden favorecer la intimidación y la violencia contra comunidades migrantes.
Boutcher ha informado de que hay un centenar de personas investigadas por los altercados y ha advertido de que todos los responsables serán “identificados y perseguidos”. Al mismo tiempo, ha hecho un llamamiento a que la población se controle y evite repetir las escenas de violencia registradas en la ciudad. “Esto tiene que parar”, ha señalado.
El jefe policial también ha indicado que un contingente de 200 agentes se está trasladando a Irlanda del Norte para reforzar la presencia policial durante las próximas noches, con la vista puesta en evitar que se extiendan los disturbios. Además, ha pedido a la ciudadanía que deje que el proceso judicial siga su curso y que respete los tiempos de la justicia.
Refuerzo policial
Los incidentes racistas han surgido tras el ataque con arma blanca atribuido a Hadi Alodid, un ciudadano sudanés de 30 años, identificado como sospechoso de la agresión contra Stephen Ogilvie, un británico de unos 40 años y trabajador del servicio público de salud británico, el NHS.
El sospechoso ha comparecido ante un tribunal de Belfast y, aparte del ataque contra Ogilvie, se le acusa de posesión de un cuchillo en un lugar público y de amenazas de muerte contra un trabajador del NHS. El atacante se encuentra en prisión preventiva, mientras que la víctima permanece ingresada en el hospital con heridas graves en los ojos, el cuello y la espalda tras la agresión.
Boutcher ha calificado las escenas de violencia posteriores como un “insulto a la víctima” y a todos los afectados por el altercado, incluida una persona que intercedió para ayudar al hombre atacado. Su mensaje ha buscado rebajar la tensión y separar la respuesta judicial al ataque inicial de los actos racistas registrados después en las calles.
La violencia ha golpeado especialmente a comunidades migrantes y minorías étnicas, con viviendas atacadas y familias obligadas a abandonar sus hogares. Las autoridades han advertido de que los disturbios no solo han generado daños materiales, sino también un clima de miedo e intimidación entre personas que se sienten señaladas por su origen o por el color de su piel.
La preocupación se ha extendido también al ámbito sanitario, después de que personal internacional del NHS haya expresado temor a desplazarse al trabajo por las amenazas y el ambiente de hostilidad. Algunos profesionales han optado por permanecer en hospitales ante el miedo a sufrir ataques durante sus trayectos, en un contexto que las autoridades describen como especialmente grave para la convivencia.
Pese a que el foco principal se ha situado en Belfast, se han producido altercados racistas en distintas ciudades de Reino Unido, incluidos varios puntos de Escocia y la ciudad de Southampton, en el sur de Inglaterra. El ministro principal escocés, John Swinney, ha censurado las escenas vistas en Glasgow, Edimburgo y Ayr, que ha calificado de “inaceptables”.
Swinney ha subrayado que Escocia es una nación acogedora y que quienes eligen hacer allí sus vidas son miembros valiosos de sus comunidades. También ha insistido en que “el racismo, el odio y la intimidación” no tienen cabida en Escocia y ha llamado a oponerse a esta tendencia.
El Gobierno británico y las autoridades norirlandesas han coincidido en denunciar el carácter racista de la violencia y han pedido que no se utilice el ataque inicial para justificar agresiones contra comunidades enteras. La Policía, por su parte, mantiene el refuerzo operativo y advierte de que las investigaciones siguen abiertas para identificar a quienes han participado en los disturbios.
La evolución de los altercados deja así un balance de 12 policías heridos, 16 manifestantes detenidos, viviendas atacadas, vehículos incendiados, uso de cañones de agua y proyectiles plásticos y un refuerzo policial de 200 agentes. Las autoridades británicas insisten en que la agresión inicial debe quedar en manos de la justicia y que nada justifica la oleada de violencia racista desatada después en Belfast y en otras ciudades del Reino Unido.
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