El uso de fármacos GLP-1 para tratar la obesidad en niños de entre 8 y 11 años se ha incrementado de forma acelerada en Estados Unidos desde 2019, según un estudio de NYU Langone Health publicado en Pediatrics online. La investigación analiza las prescripciones de estos medicamentos hasta junio de 2026 para conocer cómo está evolucionando su utilización entre menores con obesidad y sin diabetes, en un país donde se estima que el 20 % de los niños padece obesidad.

 

Las prescripciones crecen rápidamente

 

Aunque el número de niños estadounidenses menores de 12 años con obesidad que reciben medicamentos para perder peso como Saxenda, Wegovy y Zepbound continúa siendo bajo, el estudio concluye que la cifra registrada en junio de 2026 es 310 veces superior a la de 2019, cuando comenzaron a prescribirse estos tratamientos entre los menores analizados.

Los investigadores comprobaron que la proporción de niños de entre 8 y 11 años con obesidad y sin diabetes a los que se recetaron agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 –conocidos como GLP-1– pasó del 0,03 % en 2019 al 9,3 % en 2026. Durante los aproximadamente siete años y medio estudiados, 20.282 menores de esas edades recibieron una prescripción de estos medicamentos.

El trabajo señala asimismo que las recetas de medicamentos destinados a reducir el peso son menos frecuentes entre los niños pequeños con obesidad, de 8 a 11 años, que entre los adolescentes con obesidad de 12 a 17 años. Los investigadores sitúan estas proporciones en el 0,6 % y el 0,9 %, respectivamente.

Los niños de mayor edad presentan, por tanto, más probabilidades de recibir estos fármacos que los menores más pequeños, a pesar de que las guías clínicas permiten su utilización frente a la obesidad a partir de los 8 años, según recoge el estudio. También se observan diferencias por sexo, ya que las niñas tienen más probabilidades que los niños de recibir estas prescripciones.

La investigación refleja además que quienes reciben estos tratamientos presentan generalmente los casos de obesidad más graves. Un 93,7 % de los menores tratados con GLP-1 tiene obesidad severa, definida por un índice de masa corporal considerablemente superior al de casi todos los niños de su misma edad y sexo.

A ello se suma que el 65,2 % presenta al menos otra enfermedad relacionada con la obesidad, como colesterol alto, presión arterial elevada o apnea del sueño. Además, una cuarta parte de los niños pequeños con obesidad a quienes se habían recetado estos medicamentos eran prediabéticos y, por tanto, presentaban un elevado riesgo de desarrollar diabetes.

 

Beneficios y riesgos a largo plazo

 

El investigador principal, Babak J. Orandi, especialista en medicina de la obesidad y profesor asociado de los departamentos de Cirugía y Medicina de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, señala que el estudio proporciona una primera visión general a escala nacional sobre la utilización de los GLP-1 en niños pequeños frente a la obesidad.

Según Orandi, aunque el número absoluto de menores de 12 años tratados continúa siendo reducido, los resultados muestran que su utilización “se está acelerando rápidamente”. El investigador considera que el uso prudente de los GLP-1 continúa siendo una herramienta de valor para afrontar la obesidad entre los jóvenes estadounidenses.

Los responsables del trabajo destacan que estos medicamentos pueden resultar muy eficaces para tratar la obesidad y algunas de sus complicaciones metabólicas. Entre los efectos señalados figuran la pérdida de peso, una mejor regulación del azúcar en sangre y la supresión del apetito.

El estudio también apunta a las consecuencias de no tratar determinados casos de obesidad infantil. Aunque algunos padres pueden mostrar dudas ante la prescripción de estos medicamentos, los investigadores recuerdan que existen riesgos a largo plazo asociados a no utilizarlos cuando están indicados, entre ellos enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y enfermedad hepática durante las primeras etapas y etapas medias de la edad adulta.

Pese al fuerte incremento observado, los propios resultados recalcan que los GLP-1 todavía no constituyen un tratamiento generalizado entre los niños pequeños con obesidad. El trabajo describe cómo están evolucionando los patrones de prescripción, pero no demuestra por sí solo que estos medicamentos sean la mejor alternativa terapéutica para todos los menores que presentan obesidad.

Los autores defienden por ello un uso prudente cuando estos tratamientos estén indicados. El crecimiento de las prescripciones abre además interrogantes sobre cómo abordar a largo plazo el tratamiento farmacológico de la obesidad infantil y sobre qué menores pueden obtener un beneficio suficiente que justifique su utilización.

 

Diferencias en el acceso

 

Otro de los principales resultados del estudio se refiere a las desigualdades en el acceso a los medicamentos GLP-1. Los investigadores observaron que los niños pequeños con obesidad residentes en comunidades de altos ingresos tenían un 55 % más de probabilidades de recibir una prescripción que aquellos que no vivían en estas zonas.

Para Allan B. Massie, coautor principal del estudio y profesor asociado en los departamentos de Cirugía y Salud Pública de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, estos patrones muestran ya los primeros indicios de una creciente divergencia entre quienes pueden acceder a los medicamentos y quienes encuentran mayores dificultades para recibirlos.

Massie sostiene que tanto los médicos como los responsables de las políticas sanitarias deben garantizar que, a medida que se extienda la utilización de estos tratamientos, los niños pequeños con obesidad que realmente los necesiten puedan tener acceso a ellos. El investigador advierte especialmente de que estos medicamentos pueden ser costosos y de que el acceso no debería quedar limitado a las familias que disponen de seguro médico o pueden acudir a clínicas pediátricas.

Para elaborar el estudio, el equipo recurrió a Epic Cosmos, una base de datos nacional de historias clínicas electrónicas que reúne información de más de 300 millones de pacientes estadounidenses. La plataforma integra datos procedentes de 2.067 hospitales y 47.100 clínicas que utilizan Epic, el mayor proveedor de sistemas de historias clínicas electrónicas del país, que no participó en la realización de la investigación.

Los resultados muestran así un escenario en el que las prescripciones de GLP-1 avanzan rápidamente entre los menores con obesidad, pero continúan concentrándose en una proporción relativamente reducida de niños. Junto al crecimiento de estos tratamientos, el estudio sitúa como cuestiones centrales la selección adecuada de los pacientes y la igualdad de acceso a unos medicamentos cuya utilización entre la población infantil estadounidense está aumentando.

Referencias

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