Su color rosa y su nombre pueden llevar a engaño: el tusi –también conocido como tusibí o cocaína rosa– no es cocaína ni tiene una composición fija. Bajo esa denominación se vende un polvo que mezcla sobre todo ketamina y MDMA, con efectos difíciles de prever para la salud de quien lo consume.
Así lo explica el psicólogo Ernesto Tarragón, director académico e investigador en neurociencia de las conductas adictivas de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), y lo confirma el análisis de 470 muestras de tusi que ha realizado el programa Energy Control, de la Fundación Acción, Bienestar y Desarrollo (ABD)(1): entre 2020 y 2024, la ketamina apareció en el 93,2 % de ellas y la MDMA, en el 92,1 %.
Qué lleva realmente el tusi
El tusi es un polvo, casi siempre de color rosa, que las propias personas usuarias han llevado a analizar a los servicios de Energy Control. Entre 2020 y 2024, los investigadores Claudio Vidal Giné, Berta de la Vega Moreno y Jordi Navarro López han identificado 36 sustancias distintas en las 470 muestras recibidas, y concluyen que el riesgo de tomar sin saberlo sustancias no deseadas es elevado.
El tusi no tiene una fórmula fija y puede contener una gran cantidad de sustancias diferentes (hasta 36 detectadas)
El tusi no tiene una fórmula fija y puede contener una gran cantidad de sustancias diferentes (hasta 36 detectadas), advierte el estudio. Aun así, hay una base común: 412 de las 470 muestras, casi nueve de cada diez, combinaban ketamina y MDMA, y en más de la mitad de ellas había además cafeína u otras sustancias.
La cocaína, que da nombre popular a la mezcla, apenas aparece: solo se ha detectado en 10 de las 470 muestras, algo más de dos de cada cien. Para los autores, esa escasa presencia invalida el uso del nombre cocaína rosa.
“El tusi es engañoso porque no es cocaína”, subraya Tarragón. El experto añade que algunos análisis encuentran también cafeína, pero en proporciones muy bajas con respecto a la ketamina y la MDMA, y que la cocaína aparece “de forma testimonial”: “Ni el color, ni el nombre, dicen nada fiable sobre lo que se está consumiendo”.
Las muestras de tusi que llegan a estos servicios no dejan de crecer: han pasado de 5 en 2020 a 201 en 2024. Es una cifra de muestras recibidas, no una medida de cuánta gente lo consume, pero refleja el interés que ha despertado un producto que, según el informe, ha ganado popularidad con rapidez en los contextos de consumo.
El estudio detecta además un cambio: la ketamina pesa cada vez más. En las muestras que solo contenían ketamina y MDMA, su concentración media ha subido hasta el 48,3 % en 2024. Los autores creen que esta sustancia es la principal responsable de los efectos psicoactivos y, posiblemente, de los adversos, y advierten de su potencial adictivo y de los daños que puede causar en el sistema urinario, de los que no todas las personas son conscientes. Admiten, eso sí, que el número de muestras analizadas no es elevado.
Hay otro matiz importante para quien consume. Como el tusi suele esnifarse, la cantidad de MDMA por dosis podría no bastar para producir un efecto pleno, lo que puede llevar a repetir las tomas en poco tiempo y aumentar el riesgo de sobredosis, según el informe.
Por qué atrae y su riesgo
Tarragón recuerda que, según los últimos datos oficiales de 2023, el alcohol, los hipnosedantes (tranquilizantes y somníferos), la cocaína y el cannabis siguen siendo las sustancias más presentes en las urgencias relacionadas con drogas. Sí ve señales que vigilar, sobre todo en los cuadros mixtos de consumo, es decir, de varias sustancias a la vez, “más en relación con el uso del óxido nitroso”: ese aumento existe, pero no parece tan alto como para generar una alarma a día de hoy.
El policonsumo, en cambio, no es nuevo: existe desde el inicio de los tiempos. Lo ‘novedoso’ es que se venda ya mezclado
ERNESTO TARRAGÓN, UNIR
“El policonsumo, en cambio, no es nuevo: existe desde el inicio de los tiempos. Lo ‘novedoso’ es que se venda ya mezclado, como las nuevas bebidas que se venden con el licor y el refresco mezclado”, explica el investigador de la UNIR.
Tarragón considera casi imposible señalar un único motivo por el que estas sustancias nuevas empiezan a aparecer. Cree que pesan factores tan simples como el económico –son más baratas de conseguir– y también la regulación: al tratarse de sustancias nuevas, la legislación deja huecos que hacen más “resbaladizo” el intento de fiscalizarlas.
A ello se suma una tendencia humana, “por pura naturaleza”, a explorar lo novedoso, especialmente durante la adolescencia. “No es extraño que una de las dimensiones de personalidad que más correlaciona el inicio de consumo de sustancias es la búsqueda de sensaciones”, remarca. El entorno de ocio también pesa: según el experto, el contexto se asocia al efecto y, con el tiempo, esas señales despiertan por sí solas el deseo de consumir.
Sobre el papel de las redes sociales en la normalización del consumo, advierte de que aún no hay datos muy robustos: ha aumentado la presencia de contenido relacionado, pero es pronto para establecer una relación clara.
Si se consume cocaína rosa pensando en contrarrestar efectos sedantes del alcohol, la sorpresa puede ser desagradable
ERNESTO TARRAGÓN, UNIR
“Si se consume cocaína rosa pensando en contrarrestar efectos sedantes del alcohol, la sorpresa puede ser desagradable”, avisa Tarragón. El uso de estas sustancias como supuesto antídoto de otras tampoco es nuevo, recuerda: ya ocurre con la mezcla de alcohol y bebidas energéticas. El problema, insiste, está en pensar que se consume algo que no es.
Mezclas peligrosas y consumo continuado
Cuando se mezclan sustancias, “el problema es múltiple”, señala Tarragón. Los efectos de cada una pueden generar interacciones imprevisibles, y la mayor parte del policonsumo en el entorno recreativo se hace con sustancias no reguladas, por lo que es imposible saber de antemano qué se consume más allá del alcohol o el tabaco. Incluso el cannabis puede estar adulterado de un modo que el consumidor no puede detectar.
La combinación más preocupante es cuando se consume con depresores del sistema nervioso, como el alcohol, benzodiazepinas o GHB
ERNESTO TARRAGÓN, UNIR
“La combinación más preocupante es cuando se consume con depresores del sistema nervioso, como el alcohol, benzodiazepinas o GHB”, advierte Tarragón. Según el experto, el resultado puede ser un enmascaramiento de la percepción de efectos tóxicos o la potenciación de la toxicidad. Además, las expectativas juegan un papel fundamental: quien lo consume pensando en un subidón puede toparse con “una realidad desagradable”.
El experto recomienda a cualquier persona que piense consumir esta u otra sustancia que contacte con servicios como Energy Control, presente, dice, en la mayoría de grandes superficies de ocio. El propio programa propone analizar la muestra antes de consumirla, empezar con dosis pequeñas, espaciar las tomas y evitar las mezclas, y recuerda que la única forma de no asumir riesgos es no consumir.
En cuanto al consumo continuado, Tarragón admite que no hay literatura de “adicción al tusi”, aunque sí se sabe que el uso prolongado de sustancias con potencial de abuso puede generar neuroadaptaciones a largo plazo, es decir, cambios del cerebro para adaptarse al consumo, que pueden causar problemas conductuales, afectivos o sociales, entre otros fenómenos.
Es un momento de plantearse que quizá haya un problema de consumo. Y para ello existen recursos e instituciones especializadas en ayudar a navegar estas situaciones
ERNESTO TARRAGÓN, UNIR
“Es un momento de plantearse que quizá haya un problema de consumo. Y para ello existen recursos e instituciones especializadas en ayudar a navegar estas situaciones”, concluye Tarragón. Se refiere al momento en que no disponer de la sustancia genera malestar, o en que consumirla ya no produce el placer inicial pero sí calma la ansiedad.
- (1) Los mercados de drogas en España vistos a través de un servicio de análisis de sustancias: MDMA, cocaína y tusi. Vidal Giné, C., de la Vega Moreno, B. y Navarro López, J. Fundación Acción, Bienestar y Desarrollo (Energy Control), 2025.
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