Un grupo que en generaciones anteriores presentaba niveles de salud mental comparativamente más altos es hoy el que más preocupa. Una encuesta a 50.000 personas en 92 países ha revelado que la salud mental a nivel mundial podría estar estancada, incluso en los países más ricos, y que son los jóvenes quienes más empujan los indicadores a la baja.
El trabajo, liderado por Kai Ruggeri, doctor en filosofía y profesor de política y gestión sanitaria en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), se ha publicado el 30 de octubre de 2026 en la revista Social Indicators Research con el título Riqueza mental global: un análisis multidimensional del bienestar social, financiero y emocional en 92 países (del inglés, Global Mental Wealth: A multidimensional analysis of social, financial, and emotional well-being in 92 countries)(1).
Los jóvenes, los más afectados
Los resultados dibujan una brecha generacional. Los indicadores de salud mental parecen verse afectados negativamente por las respuestas de los jóvenes, a quienes les faltan aspectos fundamentales del bienestar: menor vitalidad –la energía y la motivación–, menor estabilidad emocional y menor resiliencia, es decir, la capacidad de sobreponerse a las dificultades.
Son una señal de alarma que indica que poblaciones enteras ya están sufriendo y sienten que su capacidad de adaptación se ve mermada aquí y ahora
KAI RUGGERI, Universidad de Columbia
“Son una señal de alarma que indica que poblaciones enteras ya están sufriendo y sienten que su capacidad de adaptación se ve mermada aquí y ahora”, advierte Ruggeri en el comunicado de la universidad. Para el investigador, los hallazgos no solo avisan a los responsables políticos de que hacen falta soluciones para mejorar la salud mental de los más jóvenes o de quienes llegan con dificultad a fin de mes: el malestar se siente ya en el presente, no solo por un futuro incierto.
La investigación también ha hallado señales alentadoras. Se observan señales positivas entre las personas mayores y, en general, una buena percepción de las relaciones personales y del sentido de la vida en todas las edades.
Los autores formulan sus conclusiones con cautela: la salud mental mundial “podría estar estancada” y los indicadores “parecen verse” afectados por las respuestas de los más jóvenes. Es decir, el estudio describe una tendencia preocupante, no un deterioro demostrado en todos los países.
Una brecha de optimismo
La encuesta, realizada principalmente en línea, planteó a los participantes 10 preguntas sobre salud mental que abarcan varias dimensiones: la sensación de competencia, el optimismo, la autoestima, las emociones positivas, el compromiso y la vitalidad, entre otras.
Las dimensiones con mayor puntuación fueron las relaciones, el sentido de la vida, la competencia, el compromiso y la autoestima
Las dimensiones con mayor puntuación fueron las relaciones, el sentido de la vida, la competencia, el compromiso y la autoestima, según recoge el estudio. Dicho de otro modo, las personas se sienten competentes, comprometidas con lo que hacen y satisfechas con sus relaciones y con la imagen que tienen de sí mismas.
Este hallazgo podría indicar que las personas se autoevalúan positivamente, pero tienen una visión negativa de los factores externos que afectan a su bienestar. Pueden sentirse bien respecto a sus circunstancias y experiencias personales, pero los acontecimientos que escapan a su control –la inestabilidad política y económica– les causan un daño significativo: miedo, estrés y agotamiento.
Esta distancia coincide con los informes sobre las “brechas de optimismo”, la diferencia entre la percepción que tienen las personas de su propia vida y la que tienen de la sociedad en general. Es decir, alguien puede valorar bien su vida y, a la vez, sentir que el mundo que lo rodea va peor.
Deben comprometerse con acciones concretas y significativas: garantizar el sustento de las personas ante la pérdida de empleos provocada por la IA
KAI RUGGERI, Universidad de Columbia
“Deben comprometerse con acciones concretas y significativas: garantizar el sustento de las personas ante la pérdida de empleos provocada por la IA”, sostiene Ruggeri, para quien los líderes ya no pueden recurrir a vagas frases hechas que eluden la inversión en iniciativas genéricas de salud mental.
El investigador reclama también abordar los factores que generan agotamiento entre la población joven y en edad laboral, tomar medidas que generen confianza en las oportunidades futuras y respaldar todo ello con una mejor atención a la salud mental. No hacerlo, advierte, amenaza tanto el futuro como el presente.
Ingresos, estudios y cautelas
Los investigadores añadieron después mediciones de trastornos mentales comunes como el estrés, la depresión y la ansiedad, además de la satisfacción general con la vida, y recopilaron datos sobre edad, sexo, nivel socioeconómico y situación laboral.
Las personas empleadas y con mayores ingresos tendían a tener mejor salud mental y bienestar. No existía un límite; a mayor cantidad de recursos, mejores resultados
Las personas empleadas y con mayores ingresos tendían a tener mejor salud mental y bienestar. No existía un límite; a mayor cantidad de recursos, mejores resultados, según el estudio. La educación sigue la misma lógica: contrariamente a las ideas erróneas sobre la disminución del valor de la educación universitaria, tener educación secundaria o inferior se asociaba con un menor bienestar en muchos países, y cada nivel adicional de estudios se relacionaba con mejores resultados.
No vivir solo también contribuía al bienestar: los hogares más numerosos reportaban mejores resultados. Igualmente, quienes trabajaban en modalidad híbrida obtenían mejores resultados que quienes lo hacían completamente a distancia.
Los autores advierten de que conviene ser prudentes al comparar las puntuaciones entre países. Ciertos factores pueden influir en las respuestas, como la conciencia de que el estudio es global o la tendencia a responder en positivo para proyectar una imagen favorable hacia el exterior.
También especulan con que algunos jóvenes se ofrecieron como voluntarios porque estaban deseosos de compartir sus experiencias, al sentir que sus inquietudes sobre salud mental no han sido atendidas. Y con que los participantes de mayor edad fueran quienes mejor pudieron participar, por su mayor conexión con el grupo –cómo se les informó de la encuesta– y por su nivel de vitalidad, es decir, la energía y la motivación necesarias para completarla.
Aun así, los autores concluyen que estos factores por sí solos no pueden explicar por completo el efecto en una muestra tan grande, de unas 50.000 personas. El artículo lo firman 261 coautores, que declaran expresamente no tener ningún conflicto de intereses.
Referencias
- (1) Global Mental Wealth: A multidimensional analysis of social, financial, and emotional well-being in 92 countries (Riqueza mental global: un análisis multidimensional del bienestar social, financiero y emocional en 92 países). Social Indicators Research.
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