El segundo aniversario de la dana del 29 de octubre de 2024, que dejó 233 víctimas mortales en la provincia de València, puede reactivar el miedo, la rabia y el dolor emocional de quienes sufrieron la catástrofe. Así lo advierte este miércoles el Col·legi Oficial de Psicologia de la Comunitat Valenciana (COPCV), que recuerda que las consecuencias psicológicas de las inundaciones todavía persisten y que la recuperación no depende únicamente del tiempo transcurrido, sino también de las condiciones personales, familiares y sociales de las personas afectadas.

 

El impacto emocional del aniversario

 

Las psicólogas Rosa Molero, doctora en Psicología y especialista en trauma, y Noelia Chartier, psicóloga general sanitaria que trabaja actualmente en intervención social en Aldaia, explican que las fechas significativas pueden despertar recuerdos y sensaciones vinculadas a una experiencia traumática. Ambas participaron en los dispositivos de atención activados por el COPCV tras las inundaciones.

Este fenómeno, conocido como reacción de aniversario, consiste en la reaparición o intensificación de emociones, recuerdos y manifestaciones físicas cuando se aproxima la fecha de un acontecimiento traumático. No afecta de la misma manera a todas las personas y puede producirse incluso sin que quienes lo experimentan relacionen inicialmente su malestar con lo sucedido.

No siempre se trata de un proceso consciente: algunas personas pueden experimentar mayor inquietud, dificultades para dormir, tristeza, irritabilidad o una sensación de amenaza sin identificar inmediatamente por qué sucede

ROSA MOLERO, doctora en Psicología

"No siempre se trata de un proceso consciente: algunas personas pueden experimentar mayor inquietud, dificultades para dormir, tristeza, irritabilidad o una sensación de amenaza sin identificar inmediatamente por qué sucede", explica Molero.

La especialista señala que la conmemoración no constituye el único desencadenante. La difusión de imágenes de las inundaciones en los medios de comunicación y las conversaciones que surgen alrededor de la tragedia también pueden intensificar los recuerdos y las emociones asociadas a aquella experiencia.

Las reacciones no se limitan al miedo o la ansiedad, también pueden aparecer sentimientos de injusticia, frustración e impotencia, especialmente entre quienes siguen afrontando dificultades derivadas de las pérdidas sufridas

Por su parte, Chartier subraya que las reacciones no se limitan al miedo o la ansiedad. También pueden aparecer sentimientos de injusticia, frustración e impotencia, especialmente entre quienes siguen afrontando dificultades derivadas de las pérdidas sufridas.

La psicóloga explica que muchas personas continúan preguntándose por qué tuvieron que vivir aquella situación, qué falló por parte de las autoridades o por qué todavía no han conseguido recuperar su vida anterior.

Sin embargo, experimentar estas emociones no implica necesariamente un empeoramiento psicológico. Molero aclara que la reaparición del malestar no supone siempre un retroceso en la recuperación, sino que puede responder a la activación de la memoria emocional ante los recuerdos de la catástrofe.

En este sentido, las especialistas consideran esencial reconocer y validar el sufrimiento, sin minimizar las reacciones de quienes continúan afectadas ni asumir que todas las personas han superado la experiencia por el mero hecho de que hayan transcurrido dos años.

Distinguir entre recordar y revivir una experiencia traumática.

 

Mientras que recordar permite evocar lo sucedido reconociendo que pertenece al pasado, revivir implica experimentar determinadas sensaciones como si la situación de peligro estuviera ocurriendo nuevamente

Molero también insiste en distinguir entre recordar y revivir una experiencia traumática. Mientras que recordar permite evocar lo sucedido reconociendo que pertenece al pasado, revivir implica experimentar determinadas sensaciones como si la situación de peligro estuviera ocurriendo nuevamente.

Aunque sentir temor cuando llueve no significa necesariamente padecer un trastorno psicológico, la especialista advierte de que el sufrimiento persistente que interfiere en la vida cotidiana no debe normalizarse y puede requerir atención profesional.

 

Una recuperación marcada por las pérdidas

 

Las consecuencias de la dana no desaparecieron cuando se retiró el agua. Para numerosas familias, las pérdidas humanas, materiales y económicas continúan condicionando su bienestar y dificultan la recuperación de la estabilidad necesaria para reconstruir sus vidas.

Molero sostiene que resulta complicado hablar de recuperación emocional cuando todavía no se han restablecido las condiciones de seguridad y estabilidad que permiten afrontar el futuro con tranquilidad.

Esta situación también se refleja en el trabajo cotidiano de Chartier en Aldaia, donde observa que numerosas familias siguen intentando recuperar sus proyectos personales y profesionales. Algunas afrontan dificultades económicas y negocios que todavía no se han recuperado, mientras otras personas permanecen de baja laboral por el aumento de síntomas ansiosos y depresivos tras la catástrofe.

La reconstrucción no consiste únicamente en reparar los daños físicos de las inundaciones.

 

También supone recuperar los proyectos vitales, las relaciones y la sensación de seguridad que quedaron alterados por la emergencia

La psicóloga recalca que la reconstrucción no consiste únicamente en reparar los daños físicos de las inundaciones. También supone recuperar los proyectos vitales, las relaciones y la sensación de seguridad que quedaron alterados por la emergencia.

Este proceso puede resultar especialmente complejo para quienes ya se encontraban en situaciones de vulnerabilidad antes de la dana. Entre ellos, las especialistas identifican a menores, personas con problemas previos de salud mental y familias con dificultades importantes, que pueden necesitar un acompañamiento más prolongado.

Por ello, Chartier recuerda que no es posible considerar cerrada una situación traumática simplemente porque haya pasado el tiempo. La recuperación presenta ritmos diferentes para cada persona y exige mantener disponibles los recursos comunitarios destinados a quienes todavía necesitan apoyo.

La finalidad es poder recordar la experiencia sin volver a sentir que existe un peligro inmediato, integrando lo vivido sin que continúe dominando la vida cotidiana

Molero añade que el objetivo del proceso psicológico no consiste en borrar lo ocurrido de la memoria. La finalidad es poder recordar la experiencia sin volver a sentir que existe un peligro inmediato, integrando lo vivido sin que continúe dominando la vida cotidiana.

 

Escuchar y acompañar sin presiones

 

Ante la proximidad del aniversario, las profesionales del COPCV recomiendan respetar las necesidades emocionales de cada persona. Algunas encuentran alivio al hablar de lo sucedido, mientras que otras prefieren evitar esas conversaciones en determinados momentos.

Ambas respuestas deben ser respetadas. Las especialistas aconsejan no forzar a las personas afectadas a relatar su experiencia, pero tampoco imponer el silencio o evitar sistemáticamente cualquier referencia a la tragedia.

Expresiones como "ya han pasado dos años", "tienes que pasar página" o "no pasa nada" pueden transmitir incomprensión hacia quienes continúan experimentando malestar 

 

El objetivo es facilitar que cada persona exprese sus necesidades sin sentirse presionada.

Molero considera fundamental escuchar sin juzgar, reconocer el sufrimiento y mantener una actitud cercana y disponible. Advierte de que expresiones como "ya han pasado dos años", "tienes que pasar página" o "no pasa nada" pueden transmitir incomprensión hacia quienes continúan experimentando malestar.

En su lugar, propone ofrecer mensajes de apoyo y disponibilidad, como "Entiendo que esto todavía te remueva", "si necesitas hablar, estoy aquí" o "¿qué necesitas ahora?". El objetivo es facilitar que cada persona exprese sus necesidades sin sentirse presionada.

Las psicólogas también destacan la importancia de recuperar las rutinas, las relaciones personales y las actividades cotidianas que contribuyen a restablecer la percepción de seguridad y control después de una experiencia traumática.

En el caso de niños, niñas y adolescentes, el malestar puede manifestarse de forma diferente a la de los adultos. Los cambios de comportamiento, las dificultades para dormir, la irritabilidad o el miedo a separarse de sus figuras de referencia pueden reflejar necesidades emocionales relacionadas con lo vivido.

Los menores también pueden mostrar una mayor necesidad de proximidad y seguridad afectiva, por lo que las especialistas recuerdan la importancia de prestar atención a estas señales y acompañarlos de acuerdo con sus necesidades.

Para quienes continúan sufriendo un malestar significativo, el COPCV recomienda buscar ayuda psicológica especializada

Para quienes continúan sufriendo un malestar significativo, el COPCV recomienda buscar ayuda psicológica especializada. Actualmente, profesionales del colegio están presentes en 12 poblaciones afectadas, y las personas interesadas pueden acceder a estos recursos acudiendo a sus ayuntamientos para solicitar información.

Molero concluye que la respuesta social ante el aniversario debe centrarse en mantener el acompañamiento a las víctimas y sus familias, sin exigirles que olviden lo sucedido ni establecer plazos para superar las consecuencias emocionales de la catástrofe.

"El mejor homenaje a las personas afectadas no es pedirles que olviden lo sucedido, sino seguir acompañándolas en su recuperación", afirma la especialista.

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