Sospechar que se ha producido un error médico puede generar dudas sobre cómo actuar, pero antes de presentar una reclamación es fundamental reunir toda la información disponible y analizar lo ocurrido. Juan Carlos Prados-Frutos, catedrático de Medicina Legal y Forense y director técnico de La Pericial, explica que hablar con el equipo sanitario, obtener la historia clínica, solicitar una segunda opinión y recurrir a un médico perito permiten valorar si la asistencia se apartó de la lex artis, el estándar de buena práctica exigible según los conocimientos científicos y los medios disponibles en el momento de los hechos.
Los primeros pasos
Ante la sospecha de un posible error, Prados-Frutos recomienda recopilar la información antes de extraer conclusiones. El primer paso consiste en solicitar explicaciones al equipo sanitario que prestó la asistencia, ya que una información detallada sobre la evolución clínica puede aclarar muchas de las dudas surgidas durante el proceso asistencial.
También resulta importante disponer de una copia íntegra de la historia clínica. Esta documentación debe incluir los informes médicos, las pruebas diagnósticas, las hojas de enfermería, los consentimientos informados y cualquier otro documento que pueda resultar relevante para reconstruir lo sucedido.
El especialista señala además la posibilidad de pedir una segunda opinión médica cuando el estado de salud del paciente lo aconseje. Junto a ello, plantea someter la documentación recopilada a la valoración de un médico perito especializado, que puede analizar de manera objetiva si existen indicios de una posible vulneración de las buenas prácticas médicas.
La intervención del perito permite determinar si la actuación sanitaria se ajustó a la denominada 'lex artis'. Este concepto hace referencia al estándar de buena práctica médica exigible en cada situación de acuerdo con los conocimientos científicos y los medios disponibles en el momento en que se produjo la asistencia.
Cómo se valora una negligencia
Determinar si realmente existió una negligencia requiere analizar el caso en su conjunto. Prados-Frutos subraya que una valoración pericial no se basa en un solo documento, sino en el estudio de toda la información clínica disponible y de los diferentes elementos relacionados con la asistencia recibida.
Entre esos elementos, la historia clínica ocupa un lugar fundamental, porque constituye el principal registro objetivo de la atención prestada. Su contenido permite al especialista reconstruir cronológicamente los hechos y conocer las actuaciones realizadas durante el proceso asistencial.
También se tienen en cuenta las guías de práctica clínica y la evidencia científica disponibles cuando ocurrieron los hechos. Estas referencias permiten comprobar si las decisiones adoptadas por los profesionales sanitarios se encontraban dentro de los estándares aceptados por la comunidad científica en aquel momento.
Otro aspecto que puede analizarse es el consentimiento informado. La valoración debe determinar si el paciente recibió suficiente información acerca del procedimiento al que iba a someterse, sus riesgos, las alternativas existentes y las posibles consecuencias. Su ausencia o insuficiencia no supone necesariamente que haya existido una negligencia técnica, aunque puede tener relevancia jurídica en determinados casos.
La existencia de un daño tampoco permite concluir por sí sola que haya habido negligencia. Para establecer responsabilidades resulta necesario analizar la relación de causalidad y acreditar que el perjuicio sufrido deriva de la actuación cuestionada y no de la evolución natural de la enfermedad u otros factores ajenos a esa intervención.
De este modo, la valoración de un posible error médico requiere considerar conjuntamente la documentación clínica, los estándares científicos y las circunstancias concretas del caso. El análisis debe determinar tanto cómo se desarrolló la asistencia como si existe una relación entre una eventual actuación incorrecta y el daño que se atribuye a ella.
Las reclamaciones más frecuentes
Una parte de las reclamaciones se centra en los retrasos o errores en el diagnóstico, especialmente cuando afectan a enfermedades en las que el tiempo de respuesta resulta especialmente importante
Desde su experiencia pericial, Prados-Frutos señala que una parte de las reclamaciones se centra en los retrasos o errores en el diagnóstico, especialmente cuando afectan a enfermedades en las que el tiempo de respuesta resulta especialmente importante. Entre ellas menciona los síndromes coronarios agudos, el ictus, determinados procesos abdominales urgentes y algunas enfermedades oncológicas.
Las reclamaciones también pueden estar relacionadas con complicaciones quirúrgicas u odontológicas, particularmente cuando existe controversia sobre su prevención, su detección o la manera en que fueron tratadas posteriormente. A estos casos se suman las infecciones vinculadas con la asistencia sanitaria.
Otro de los ámbitos señalados por el especialista afecta al consentimiento informado y a la información proporcionada al paciente. La forma en que se explica un procedimiento, sus riesgos y sus alternativas puede formar parte del análisis cuando se estudia una reclamación relacionada con la atención recibida.
Entre las circunstancias que aparecen con frecuencia en estos procedimientos, Prados-Frutos menciona las deficiencias en la comunicación, tanto entre los propios profesionales como entre estos y el paciente. También señala la elevada carga asistencial y la complejidad organizativa como factores presentes en algunos de estos casos.
A ellos se añade la falta de seguimiento o de reevaluación clínica cuando la evolución de una persona no responde a lo esperado. Esta circunstancia puede convertirse en un elemento relevante al reconstruir el proceso asistencial y determinar cómo se actuó ante cambios o una evolución clínica inesperada.
En cualquier caso, el especialista insiste en diferenciar entre la presentación de una reclamación y la existencia efectiva de una negligencia. Que un paciente reclame no significa necesariamente que se haya producido una actuación negligente. Cada situación debe estudiarse de manera individual y teniendo en cuenta el conjunto de las circunstancias y la documentación clínica disponible.
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