Dos enfermedades infecciosas mortales, el ébola y el hantavirus, han vuelto a la actualidad en las últimas semanas como una grave amenaza para la salud pública.
La revista médica canadiense CMAJ –Canadian Medical Association Journal– ha publicado dos artículos breves que reúnen las claves que los médicos deben conocer sobre ambas. El motivo de la alerta es doble: en la República Democrática del Congo está activo un brote de ébola y la cepa Andes del hantavirus ha vuelto a aparecer en las noticias.
Son dos infecciones muy distintas, pero los autores subrayan que comparten síntomas iniciales y que las dos exigen las mismas prácticas rigurosas de control de infecciones. Esa semejanza al principio –fiebre, fatiga y dolores– es justo lo que las hace peligrosas: cuesta diferenciarlas de una dolencia común hasta que se confirman en el laboratorio.
Hantavirus, una infección de roedores
El primer artículo de la CMAJ (1) resume en cinco puntos lo esencial sobre el hantavirus:
- Es una enfermedad de declaración obligatoria. En Canadá se confirman cada año entre cuatro y cinco casos, casi siempre por contacto con roedores en entornos agrícolas de Manitoba, Saskatchewan, Alberta y la Columbia Británica. La cepa Andes es singular porque puede transmitirse de persona a persona.
- Provoca dos cuadros clínicos distintos. Las cepas americanas, incluida la de los Andes, causan el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, que afecta al corazón y los pulmones, mientras que las europeas y asiáticas producen fiebre hemorrágica con insuficiencia renal. La incubación dura de dos a cuatro semanas.
- El diagnóstico se confirma en laboratorio. Se realiza con pruebas serológicas y de PCR –la técnica que detecta el material genético del virus–, que efectúa el Laboratorio Nacional de Microbiología de Winnipeg.
- No hay tratamiento específico ni vacuna. Al no existir antivirales contra el hantavirus, la atención es de apoyo y se limita a aliviar los síntomas del paciente.
- El aislamiento es esencial. Ante la sospecha de infección por la cepa Andes, el paciente debe aislarse con precauciones frente a la transmisión aérea, por gotitas y por contacto, con aviso a las autoridades sanitarias.
En la práctica, el peligro se concentra en el medio rural, donde el contacto con roedores es más probable y donde se registran la mayoría de los contagios.
Ébola, el brote de Bundibugyo
El segundo artículo (2) hace lo propio con el ébola en otras cinco claves:
- El brote actual es el de Bundibugyo. Esta variante, activa en la República Democrática del Congo, tiene una mortalidad del 30 al 50 %. Desde 1976 se han registrado brotes esporádicos en África central y occidental, causados por tres virus que proceden de los murciélagos frugívoros y se transmiten por contacto con fluidos corporales –vómito, semen, diarrea o sangre– y con superficies u objetos contaminados.
- Menos de la mitad de los pacientes sangra. Menos del 50 % presenta síntomas hemorrágicos; lo habitual es fiebre de 38 °C o más, fatiga, dolores musculares y malestar digestivo. La incubación va de 2 a 21 días y se diagnostica por PCR.
- Hay criterios claros para hacerse la prueba. Deben examinarse quienes tengan síntomas y riesgo de exposición: viajeros a países afectados o personas en contacto con enfermos, murciélagos, primates o animales de caza de esas zonas.
- La protección del personal debe ser máxima. Frente a los casos sospechosos, Health Canada exige medidas estrictas de control de infecciones: respirador N95 ajustado, pantalla facial, guantes y equipo impermeable a los fluidos.
- Hay avances, pero no para todas las cepas. Las vacunas contra el virus del Ébola de Zaire son muy eficaces y dos antivirales reducen la mortalidad del 50 al 35 %; sin embargo, no existen contra el de Bundibugyo, donde solo cabe la atención de apoyo.
El brote de Bundibugyo ilustra precisamente ese desfase: una variante grave para la que, de momento, no hay vacuna ni medicamento específicos.
Prevención, tratamiento y vigilancia
El repaso de la CMAJ deja una conclusión clara: frente a estas infecciones, la prevención pesa tanto como el tratamiento. Las dos comparten un punto débil para el sistema sanitario –sus primeros síntomas se confunden con los de cualquier proceso febril–, de modo que la sospecha clínica temprana y la confirmación por PCR resultan decisivas para no llegar tarde.
La gran diferencia está en las armas disponibles. Contra el virus del Ébola de Zaire existen vacunas eficaces y antivirales que han reducido la mortalidad, mientras que contra el de Bundibugyo y contra el hantavirus solo cabe la atención de apoyo. En todos los casos, el control de infecciones y la notificación obligatoria a las autoridades de salud pública siguen siendo la herramienta más segura para cortar la cadena de contagios.
Referencias
- (1) Hantavirus. Canadian Medical Association Journal. CMAJ.
- (2) Ebola virus disease. Canadian Medical Association Journal. CMAJ.
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