Una dieta rica en azúcar puede agravar las alteraciones que provocan los antibióticos en la microbiota intestinal, según una investigación publicada el 30 de septiembre en Nature (1). El trabajo ha seguido la alimentación y la microbiota de 173 pacientes con cáncer de la sangre sometidos a un trasplante de células hematopoyéticas y ha comprobado que el consumo de dulces y azúcares durante el tratamiento antibiótico se relaciona con una mayor pérdida de diversidad bacteriana.
Azúcar y antibióticos
Los antibióticos resultan esenciales para combatir determinadas infecciones, pero también pueden afectar a las bacterias que viven normalmente en el intestino. El nuevo trabajo plantea que la alimentación puede influir en la intensidad de esa alteración, especialmente cuando la microbiota ya se encuentra sometida al impacto de estos medicamentos.
Para estudiarlo, los investigadores realizaron un seguimiento especialmente detallado de la dieta de los participantes. Registraron 9.419 comidas de 173 pacientes hospitalizados y analizaron 1.009 muestras fecales de 158 de ellos, lo que permitió comparar lo que habían comido en los días anteriores con los cambios posteriores observados en sus microorganismos intestinales.
Los resultados mostraron que el azúcar por sí solo no se relacionaba con una reducción de la diversidad de la microbiota. La diferencia apareció cuando coincidía con la exposición a antibióticos de amplio espectro. En esos momentos, un mayor consumo de dulces, bebidas azucaradas y otros productos ricos en azúcares se asociaba con una pérdida adicional de diversidad bacteriana.
En términos sencillos, una microbiota diversa puede imaginarse como un ecosistema formado por numerosas especies. Los antibióticos pueden reducir esa variedad y abrir espacio para que determinados microorganismos se multipliquen. Según el estudio, una dieta rica en azúcares simples podría intensificar ese desequilibrio.
Los investigadores observaron, además, que entre los productos relacionados con este efecto figuraban bebidas nutricionales formuladas, bebidas deportivas y azúcares añadidos, aunque el trabajo también detectó efectos experimentales con otros tipos de azúcares.
Más Enterococcus en el intestino
Uno de los resultados más destacados afecta a las bacterias del género Enterococcus. Su proliferación puede producirse cuando los antibióticos alteran el equilibrio de la microbiota intestinal y, en estos pacientes, una mayor presencia de Enterococcus se ha relacionado previamente con resultados clínicos adversos.
Los científicos comprobaron que la combinación de antibióticos y un mayor consumo de azúcar favorecía la expansión de estas bacterias. Para comprobar si la relación observada en los pacientes podía reproducirse experimentalmente, realizaron también ensayos con ratones.
Los animales recibieron un antibiótico que provocó un aumento de enterococos. Cuando su alimentación fue suplementada con sacarosa, la proliferación de estas bacterias fue mayor y se prolongó durante más tiempo: su abundancia aumentó 16,3 veces al tercer día y 33,4 veces al sexto respecto a los animales que recibieron el antibiótico sin ese suplemento. La sacarosa por sí sola, en ausencia del antibiótico, no produjo el mismo efecto. Nature
Estos experimentos respaldan así la principal observación realizada en los pacientes: el azúcar parece actuar especialmente cuando el ecosistema intestinal ya ha sido alterado por los antibióticos, en lugar de provocar por sí solo el mismo cambio.
Resultados que requieren cautela
El estudio también encontró una asociación entre la duración del tratamiento con antibióticos de amplio espectro y un mayor riesgo de mortalidad entre los pacientes cuya alimentación contenía una proporción de azúcar superior a la mediana. Sin embargo, los propios investigadores advierten de que este resultado debe interpretarse con prudencia y no demuestra que el azúcar sea responsable directo de esa mayor mortalidad. Nature
La principal razón es que se trata de una población muy concreta: pacientes con cánceres hematológicos sometidos a un trasplante, hospitalizados durante semanas y expuestos a tratamientos intensivos como quimioterapia y antibióticos. Además, quienes necesitaban antibióticos de amplio espectro podían encontrarse en una situación clínica más grave, un factor que también puede influir en los resultados. Nature
Por ello, las conclusiones no permiten afirmar que cualquier persona que tome antibióticos vaya a sufrir estos efectos si consume azúcar, ni establecen todavía una recomendación dietética general para todos los pacientes tratados con estos medicamentos.
Los autores consideran que serán necesarios ensayos prospectivos para determinar si modificar la alimentación durante el tratamiento antibiótico puede proteger realmente la microbiota y mejorar la evolución clínica. El trabajo plantea, no obstante, una posibilidad relativamente sencilla de investigar: comprobar si reducir temporalmente los azúcares simples durante determinados tratamientos ayuda a limitar el deterioro del ecosistema intestinal. Nature
La investigación aporta así una nueva pieza a la relación entre alimentación, antibióticos y microbiota: no solo importa qué medicamentos alteran las bacterias intestinales, sino que lo que se come mientras actúan podría contribuir a determinar cómo responde ese complejo ecosistema.
Referencias
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