Los tiburones peregrinos (Cetorhinus maximus), el segundo pez más grande del mundo, suelen nadar en solitario, pero a veces coinciden en la superficie del mar y forman grupos que van de una pareja a hasta 1.000 ejemplares. Un equipo científico ha logrado reproducir ese comportamiento por primera vez en un ordenador, con 200 tiburones virtuales frente a la costa irlandesa de Inishowen, y ha comprobado que no depende solo del alimento ni del azar: nace de la suma de la comida disponible y de la atracción entre los propios animales.

Sumario

 

El trabajo, encabezado por Chelsea Gray, investigadora del Grupo Irlandés del Tiburón Peregrino (IBSG, por sus siglas en inglés), y firmado también por Dale S. Rothman, Erin Peters-Burton, Cynthia Smith, E. C. M. Parsons y Alexis Garretson, se ha publicado el 1 de octubre en la revista Individual-based Ecology con el título Un modelo basado en individuos de tiburones peregrinos en Irlanda(1) (del inglés, An individual-based model of basking sharks in Ireland). Es el primer modelo de este tipo para la especie.

 

Comida y compañía explican los grupos

 

El equipo ha puesto a prueba cuatro formas de comportarse de los tiburones virtuales y las ha comparado con los avistamientos reales: animales que solo buscan comida, que solo buscan a otros tiburones, que buscan ambas cosas y un grupo de control que se mueve al azar. La versión más realista ha sido la que combina alimento y compañía, con menor margen de error y una correspondencia más cercana con lo observado que las demás.

Las agrupaciones de tiburones peregrinos surgen de una combinación de factores ambientales y sociales, y no solo de la disponibilidad de alimento o el azar.

Las agrupaciones de tiburones peregrinos surgen de una combinación de factores ambientales y sociales, y no solo de la disponibilidad de alimento o el azar: esa es la conclusión principal del estudio. Los tiburones virtuales que solo seguían a otros ejemplares y los que se movían al azar rara vez formaron grupos de más de dos animales, lo que indica que la atracción social por sí sola no basta.

Los que solo buscaban comida tampoco reprodujeron bien la realidad: generaron más agrupaciones, y más grandes, que las documentadas en los avistamientos. Los autores interpretan que, dentro del modelo, la comida determina cuántos grupos se forman y los factores sociales influyen en su tamaño.

Los mejores resultados llegaron, en las pruebas preliminares, cuando el alimento estaba repartido en pocas manchas: menos del 20 % de las cuadrículas de un kilómetro de lado en las que se divide el mar simulado contenían zooplancton –los diminutos animales marinos de los que se alimentan–. Eso sugiere que Inishowen puede ser una zona de alimento disperso y que, en ese escenario, los tiburones podrían usar a otros ejemplares como señal de que hay comida cerca.

 

Cómo funciona el tiburón virtual

 

La península de Inishowen, en el condado irlandés de Donegal, es la zona que recrea el modelo de tiburones peregrinos / Imagen: Gray et al., 2026 (Individual-based Ecology)

El trabajo se basa en un modelo basado en individuos, una simulación por ordenador en la que cada tiburón virtual toma sus propias decisiones en lugar de comportarse como un animal “medio”. Es la primera vez que esta técnica se aplica a la especie. El equipo la ha usado para recrear el ecosistema marino de la península de Inishowen, en el condado irlandés de Donegal, y a 200 tiburones que se mueven día a día, de abril a octubre, entre 1982 y 2018.

Este estudio adopta un enfoque diferente: simula el zooplancton directamente para capturar la heterogeneidad de las presas a pequeña escala.

Este estudio adopta un enfoque diferente: simula el zooplancton directamente para capturar la heterogeneidad de las presas a pequeña escala. Hasta ahora se usaba la clorofila a medida por satélite como sustituto del alimento de los tiburones, pero ese indicador coincidía de forma inconsistente con los avistamientos. En el modelo, el zooplancton se ha estimado a partir de muestras tomadas por barcos en sus rutas de navegación.

Cada día, los tiburones virtuales deciden si se quedan o se mueven según el alimento disponible y el número de ejemplares que hay en su cuadrícula. Si la comida no basta, buscan otra zona dentro de su alcance, que es de diez kilómetros, y nadan hasta nueve al día. Cuando buscan a otros tiburones, ese alcance se duplica, porque se asume que los ven, oyen o huelen desde más lejos.

Si pasan dos semanas sin comer lo suficiente, los tiburones desaparecen del modelo para imitar que se sumergen o abandonan la zona, y regresan veinte días después. Además, recuerdan de un año a otro las cuadrículas donde encontraron mucho zooplancton y acuden a ellas cuando no hallan alimento cerca.

Los resultados se han contrastado con los avistamientos reunidos por el IBSG y el Grupo Irlandés de Ballenas y Delfines (IWDG, por sus siglas en inglés). Entre 1982 y 2018 se documentaron 2.136 avistamientos en toda Irlanda, y el 45 % incluía dos o más tiburones. Los avisos los envían personas que están en el mar, como pescadores, o en tierra, como senderistas, por teléfono o con un formulario web.

Para calibrar el modelo, el equipo ha tenido en cuenta que la mayoría de los grupos irlandeses reúne entre 2 y 10 tiburones, y que el mayor visto en Inishowen fue de 60 y el mayor de toda Irlanda, de 160. Ajustar los parámetros exigió unas 2.000 pruebas previas y, después, 50 repeticiones completas con los ajustes elegidos.

 

Datos limitados y usos futuros

 

El propio estudio reconoce sus límites. El principal es la falta de datos locales de zooplancton: el 79 % de los días no tenía ninguna muestra y hubo que rellenar los huecos calculando valores intermedios, de modo que el ajuste con los datos reales no es sólido. Aun así, los autores mantienen esa fuente porque es la única disponible a largo plazo.

Esta primera versión sienta las bases y veo un enorme potencial para nuevos desarrollos, colaboraciones y modelos experimentales.

CHELSEA GRAY, investigadora del Grupo Irlandés del Tiburón Peregrino

“Esta primera versión sienta las bases y veo un enorme potencial para nuevos desarrollos, colaboraciones y modelos experimentales”, ha afirmado la autora principal, Chelsea Gray, según el comunicado de la editorial Pensoft. El modelo es un marco flexible que puede incorporar mejores datos ambientales y de comportamiento, y está disponible gratuitamente en el material complementario del artículo. Gray invita a los investigadores interesados a contactar con ella.

Observar directamente estos grupos es difícil, porque obliga a encontrar una especie esquiva, y las marcas electrónicas, aunque valiosas, son muy costosas y solo siguen a unos pocos ejemplares. Los avistamientos ciudadanos tampoco son un censo: dependen de que alguien reconozca al animal y sepa que puede avisar, algo que, según una investigación de 2018 en Inishowen, desconocía la gran mayoría de turistas y residentes.

La simulación solo recrea tiburones en superficie, porque los avistamientos reales solo recogen ejemplares que salen a ella, y no incluye nacimientos ni muertes. Los autores creen que, con mejores datos, podría ampliarse a la vida bajo el agua y replicarse en otras zonas donde se ven tiburones peregrinos.

Entender estos grupos importa porque exponen a los animales a choques con embarcaciones, y los avistamientos coinciden con la temporada de más tráfico marítimo. Con mejores datos de zooplancton, el modelo podría llegar a estimar si el riesgo de grandes agrupaciones es alto o bajo, algo útil para avisar a barcos y pescadores.

El tiburón peregrino se considera una especie en peligro a escala mundial e Irlanda es uno de sus puntos clave: desde 2022, la ley irlandesa de vida silvestre de 1976 prohíbe perturbar su alimentación y su reproducción, incluidas estas agrupaciones. Inishowen, frente a las islas Hébridas escocesas, forma parte de un área que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) identifica como importante para tiburones y rayas.

El estudio recuerda además que el cambio climático puede alterar el alimento de estos animales: el aumento de la temperatura del mar en el Atlántico norte se ha asociado a un desplazamiento de las comunidades de zooplancton hacia el norte. Comprender cómo deciden los tiburones, tanto en pequeños desplazamientos como en grandes trayectos, ayudará a diseñar estrategias de conservación resistentes al clima.

 

Referencias

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