La deforestación mundial ha caído un 15 % en 2025, la mayor bajada anual desde el periodo de referencia 2018-2020, pero el planeta ha perdido todavía más de siete millones de hectáreas de bosque. Así lo ha publicado el 13 de octubre la Evaluación de la Declaración Forestal 2026(1), un informe independiente que revisa cada año si los países cumplen su promesa de frenar la destrucción de los bosques antes de 2030 y que advierte de que un buen año no basta para cambiar la tendencia.
La evaluación la elabora una coalición de más de dos docenas de organizaciones de la sociedad civil y de investigación, con Climate Focus como coordinadora y editora. Vigila el cumplimiento de la Declaración de Líderes de Glasgow sobre Bosques y Uso de la Tierra, con la que más de 140 países se comprometieron en 2021 a frenar y revertir la pérdida de bosques y la degradación de la tierra antes de 2030. Su resumen para responsables políticos(2) lo deja claro: una bajada puntual no es todavía un cambio de tendencia.
Un respiro que no basta
Los bosques destruidos en 2025 liberaron a la atmósfera unos 3.900 millones de toneladas de CO₂ equivalente, casi diez veces las emisiones totales de gases de efecto invernadero de Francia ese mismo año. Aun así, la cifra supone un descenso notable: desde 2021, la pérdida había rondado de media más de ocho millones de hectáreas al año.
El mundo sigue un 70 % fuera de la senda necesaria para frenar la deforestación en 2030 y acumula un déficit de 10,7 millones de hectáreas desde 2021
El mundo sigue un 70 % fuera de la senda necesaria para frenar la deforestación en 2030 y acumula un déficit de 10,7 millones de hectáreas desde 2021, así lo advierte el informe. Ese déficit es el bosque que seguiría en pie si el planeta hubiera avanzado al ritmo adecuado desde la cumbre de Glasgow, y equivale a una superficie comparable a la de Islandia.
La senda es una línea recta que parte del nivel de 2018-2020 y llega a cero en 2030. Siguiéndola, en 2025 la pérdida no debería haber superado los 4,2 millones de hectáreas, frente a los más de siete registrados.
Lo resume el coautor del informe, Iván Palmegiani: “cada hectárea de bosque que se pierde hoy solo aumenta la deuda que nosotros y las generaciones futuras debemos pagar para cumplir con nuestro compromiso de detener la destrucción de nuestros bosques”.
La mejora también alcanza a los bosques primarios –maduros, naturales y sin una tala total reciente– de los trópicos húmedos. Se perdieron 4,3 millones de hectáreas, un 36 % menos que en 2024, aunque todavía un 11 % por encima del nivel de referencia. El informe atribuye buena parte del descenso al fin del pico de incendios de 2024 en la cuenca amazónica y no a una protección más eficaz.
Desde 2021, esa pérdida de bosque primario acumula 9,4 millones de hectáreas por encima de lo previsto en la senda, el equivalente a perder casi cinco campos de fútbol cada minuto durante cinco años.
El propio informe calcula lo que está en juego. Aunque el mundo repitiera cada año hasta 2030 la bajada del 15 %, se perderían otros 22,5 millones de hectáreas, casi la superficie del Reino Unido. Con el ritmo medio del 3 % anual de lo que va de década, serían unos 32 millones, similares a Costa de Marfil.
África tropical alcanza a Latinoamérica
Detrás de la media mundial hay trayectorias opuestas. En África tropical se perdieron 2,4 millones de hectáreas de bosque en 2025, casi tanto como en América Latina tropical y el Caribe, con 2,5 millones. Es la primera vez en la serie del informe que ambas regiones quedan prácticamente a la par.
La deforestación en América Latina tropical y el Caribe se ha situado un 33 % por debajo de su nivel de referencia de 2018-2020
La deforestación en América Latina tropical y el Caribe se ha situado un 33 % por debajo de su nivel de referencia de 2018-2020, con la mayor reducción anual registrada entre 2024 y 2025. Es el mayor progreso entre todas las regiones, aunque sigue siendo la que más superficie deforestada suma en términos absolutos.
El informe vincula el avance a decisiones políticas concretas. En Brasil, el Gobierno relanzó en 2023 su plan contra la deforestación en la Amazonia legal tras tres años de parón y reforzó el control con vigilancia por satélite en tiempo real; las acciones de fiscalización se han más que duplicado respecto a la media de los cuatro años anteriores. Colombia, por su parte, ha encadenado un cuarto año seguido de descenso.
En África, en cambio, la presión sigue creciendo. El informe señala la expansión de la agricultura de pequeños productores, las infraestructuras y unos sistemas de regulación sin capacidad o sin mandato político para frenarlas. Allí, la degradación de los bosques húmedos tropicales –bosque que sigue en pie pero pierde salud– ha subido un 25 %, hasta 1,1 millones de hectáreas.
En Asia tropical se perdieron 1,6 millones de hectáreas, un 12 % menos que en el periodo de referencia, tras dos años seguidos de descensos ligeros. Los autores lo consideran una mejora modesta, porque los factores estructurales que impiden avances mayores siguen intactos.
Los avances latinoamericanos son, además, frágiles. Se concentran en pocos países y dependen de decisiones políticas –como las de Brasil– que pueden revertirse ante cambios de gobierno o presiones exteriores, advierte el informe.
Hay un riesgo de fondo. La selva amazónica está deforestada en torno a un 17 %, según las estimaciones, que varían según el método. Un estudio citado en el informe calcula que, si se pierde entre el 22 % y el 28 %, un calentamiento de solo 1,5 a 1,9 °C bastaría para provocar una transformación a gran escala que podría convertir hasta el 80 % del bosque en terreno degradado de tipo sabana. El mundo se acerca al 1,5 °C, un umbral que algunas proyecciones sitúan ya en 2029.
Fuego, El Niño y leyes firmes
La degradación de los bosques tropicales húmedos –cuando el bosque sigue en pie pero pierde salud y productividad– bajó un 34 % respecto al pico excepcional de 2024 y se quedó en 3,5 millones de hectáreas. La razón principal fue el fin de los incendios de aquel año: en América Latina tropical, la degradación se redujo a la mitad.
Las previsiones apuntan a una probabilidad superior al 90 % de que el actual El Niño alcance su máxima intensidad hacia finales de 2026
Las previsiones apuntan a una probabilidad superior al 90 % de que el actual El Niño alcance su máxima intensidad hacia finales de 2026, y casi con seguridad seguirá activo a comienzos de 2027, advierte el informe. Es un súper El Niño, uno de los más fuertes registrados. El de 2015-2016 disparó la degradación por incendios en América Latina y Asia, y en el sudeste asiático insular ya había sequía grave a mediados de 2026, con fuegos en turberas, suelos ricos en carbono.
Por eso el informe pide que los avances se conviertan en cambios duraderos. La fórmula que más ha funcionado, señala, es la norma respaldada por una vigilancia estricta, mientras que los compromisos voluntarios pueden deshacerse con rapidez. Lo ilustra la Moratoria de la Soja Amazónica, un pacto voluntario de casi dos décadas del que se retiraron en 2026 los grandes comerciantes después de que Mato Grosso retirara los incentivos fiscales a las empresas adheridas.
La ley europea contra la deforestación tampoco escapa a esa fragilidad. Se ha aplazado dos veces y ha reducido su alcance, y en julio de 2026 la Comisión Europea la excluyó el cuero de su ámbito. Su aplicación está prevista ahora para el 30 de diciembre de 2026 en las empresas medianas y grandes.
El dinero tampoco acompaña. La financiación pública internacional para bosques se ha triplicado, hasta unos 6.100 millones de dólares anuales en 2022-2025, pero equivale a apenas un 1 % de los 410.000 millones que los Gobiernos destinan cada año a subsidios agrícolas potencialmente dañinos. Además, 89 de las 150 entidades financieras más expuestas a materias primas ligadas a la deforestación carecen de una política contra ella.
El director general del Centro de Investigación Forestal Internacional (CIFOR), Robert Nasi, resume el mensaje: “La verdadera permanencia requiere marcos legales vinculantes, derechos de tenencia exigibles para las comunidades locales y el fin de los subsidios públicos que financian la destrucción”.
El informe llega a las puertas de la COP31, la cumbre del clima que se celebrará del 9 al 20 de noviembre de 2026 en Antalya (Turquía). La restauración, mientras tanto, avanza despacio: hay unos 11,8 millones de hectáreas en proceso, un millón más que hace un año y solo en torno al 6 % del potencial mundial de reforestación.
- (1) Forest Declaration Assessment 2026. Forest Declaration Assessment Partners (coordinación y edición: Climate Focus), octubre de 2026.
- (2) Summary for Policymakers: Forest Declaration Assessment 2026. Forest Declaration Assessment Partners (coordinación y edición: Climate Focus), octubre de 2026.
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