Detrás de cada paseo por un parque suena una banda sonora que casi nadie escucha con atención. Ahora se sabe qué parte de ella resulta más placentera al oído humano: los cantos agudos, variados y de volumen moderado. El mirlo común (Turdus merula) encabeza la clasificación de las 123 aves europeas evaluadas por un grupo de oyentes alemanes, con una nota media de 4,52 sobre 5, mientras que la lechuza común (Tyto alba) cierra la lista con 1,32.
El trabajo lo firman Nadine Kalb y Christoph Randler, del Departamento de Biología de la Universidad Eberhard Karls de Tubinga (Alemania), junto a Gesa von Lücken, Judith Lukanowski y Florian Dechant, y se ha publicado este miércoles en la revista Frontiers in Bird Science (1). Es el primer estudio que cruza varias propiedades acústicas de las voces de las aves –frecuencia, amplitud, ancho de banda y complejidad– con la percepción humana, en lugar de fijarse en un único parámetro.
Qué convierte un canto en agradable
Los investigadores han reúnido en el laboratorio a 84 personas de entre 19 y 81 años y les han hecho escuchar con auriculares fragmentos de 15 segundos de 123 especies silvestres comunes en Alemania, sin decirles de qué ave se trataba. Cada oyente ha puntuado del uno al cinco lo agradable que le resultaba el sonido. Después, el equipo ha medido siete parámetros acústicos de cada grabación y los ha cruzado con esas notas.
Los cantos mejor valorados esquivan la franja de 2,4 a 5,5 kilohercios, el rango al que el oído humano es más sensible
Los cantos mejor valorados esquivan la franja de 2,4 a 5,5 kilohercios, el rango al que el oído humano es más sensible. En esa banda un mismo sonido se percibe más alto e intenso y, por eso, tiende a resultar molesto (2). Gustan más, en cambio, las voces cuyas frecuencias mínima y de pico son más altas –es decir, más agudas– y con un ancho de banda estrecho: poca distancia entre la nota más grave y la más aguda de cada emisión.
El volumen también cuenta. Las grabaciones con amplitudes más bajas –sonidos menos potentes– han recibido mejores puntuaciones. Y la cuarta clave es la variedad: el equipo ha contado cuántos tipos de elementos distintos –cada trazo continuo de sonido visible en el espectrograma– contenía cada fragmento y ha comprobado que los cantos más variados gustan más que los monótonos.
En conjunto, los tres bloques de parámetros acústicos explican cerca del 47 % de las diferencias de puntuación entre unas especies y otras, un peso considerable para un rasgo tan subjetivo. La frecuencia es, con diferencia, el factor de mayor influencia, seguida del ancho de banda, la complejidad y la amplitud.
Los propios autores piden cautela con los resultados de volumen: las grabaciones proceden de un DVD comercial, Die Stimmen der Vögel Europas, que reúne registros de campo tomados a lo largo de años y sin un protocolo homogéneo.
Del mirlo a la lechuza común
La nota media de las 123 especies se ha situado en 3,13 sobre 5. Por encima aparecen aves de jardín tan familiares como el carbonero común (Parus major), el herrerillo común (Cyanistes caeruleus) o el verderón común (Chloris chloris), cuyas voces ya figuraban entre las más reparadoras en investigaciones anteriores y comparten con el mirlo unas frecuencias relativamente altas. En el extremo opuesto, la lechuza común ha sido la peor valorada, con 1,32 puntos.
No hace falta ser un apasionado de las aves para encontrar bellos sus sonidos; saber reconocerlas por su aspecto o su canto no ha influido en las valoraciones
NADINE KALB, Universidad de Tubinga
“No hace falta ser un apasionado de las aves para encontrar bellos sus sonidos”, ha señalado Kalb, primera autora del estudio (3). “Saber reconocerlas por su aspecto o su canto no ha influido en las valoraciones”, ha añadido. Los datos le dan la razón: ni la especialización ornitológica de los participantes ni su edad ni su sexo han tenido un efecto significativo sobre las puntuaciones.
Sí ha pesado, en cambio, el aprecio previo por las aves. Quienes afirman que les gustan, que disfrutan de su canto y que les ayudan a sentirse mejor han puntuado todos los sonidos más alto, con una correlación de 0,42. Para Kalb, la explicación podría ser más profunda: puede que el ser humano esté predispuesto a preferir sonidos variados y de intensidad moderada porque señalan un entorno seguro y saludable en el que relajarse.
El equipo ha comparado además sus puntuaciones con las de una investigación británica anterior que midió el potencial reparador de 21 de esas mismas especies (4) –su capacidad para ayudar a recuperarse de la fatiga mental o del estrés–, y ha encontrado una correlación positiva entre ambas listas. El mirlo, el ave mejor valorada aquí, figuraba también allí entre las más reparadoras.
Sonidos para diseñar zonas verdes
De ahí la principal aplicación práctica del trabajo: evaluar la calidad sonora de un parque urbano no debería limitarse a contar cuántas especies lo habitan, sino atender a la composición acústica de la comunidad de aves. Gestionar los espacios verdes para favorecer a las especies de canto agradable podría mejorar la experiencia de quienes los visitan, y el mismo criterio serviría para elegir especies bandera en las campañas de conservación, escogidas hasta ahora casi siempre por su atractivo visual.
Me encantaría investigar cómo influyen los sonidos de las aves en entornos reales e integrar datos ecológicos, análisis acústicos y respuestas psicológicas
CHRISTOPH RANDLER, Universidad de Tubinga
“Me encantaría investigar cómo influyen los sonidos de las aves en entornos reales”, ha explicado Randler, autor sénior del trabajo, que quiere “integrar datos ecológicos, análisis acústicos y respuestas psicológicas” para entender cómo se traducen los cambios en la biodiversidad –la pérdida de especies, por ejemplo– en la experiencia humana de la naturaleza.
El propio equipo señala los límites del experimento. La muestra es modesta –84 personas, de las que el 67,6 % eran mujeres– y procede de un único contexto cultural: oyentes alemanes valorando aves alemanas, de modo que los resultados no pueden extrapolarse sin más a otras regiones.
Tampoco se ha medido con qué frecuencia repite cada especie su canto, un factor que podría influir en la percepción. Los autores plantean repetir el trabajo con muestras más amplias, más hombres, distintas culturas y observadores más expertos.
Referencias
- (1) Analyzing the acoustic parameters of bird vocalizations and their perceived pleasantness by humans. Frontiers in Bird Science.
- (2) Mapping unpleasantness of sounds to their auditory representation. The Journal of the Acoustical Society of America.
- (3) Scientists discover the key ingredients that make birdsong pretty. Frontiers Science News.
- (4) Associations with bird sounds: How do they relate to perceived restorative potential?. Journal of Environmental Psychology.
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