Investigadores del Instituto de Análisis Económico del CSIC han desarrollado la plataforma CADI, presentada el 10 de julio de 2026, para anticipar cómo el cambio climático modifica hasta finales de siglo la capacidad de producir alimentos en distintas regiones del planeta y facilitar que responsables políticos y administraciones diseñen medidas de adaptación allí donde se esperan las mayores pérdidas agrícolas.
Proyecciones hasta el año 2100
La plataforma, denominada Climate-Driven Agricultural Decline Index –CADI– (1) estima la caída de la capacidad máxima de producción agrícola atribuible al cambio climático. Sus resultados se presentan mediante mapas con una resolución aproximada de diez por diez kilómetros, lo que permite observar diferencias tanto entre países como dentro de un mismo territorio.
La herramienta ofrece proyecciones correspondientes a diferentes escenarios climáticos del IPCC y parte del supuesto de que no se adoptan medidas de adaptación. De este modo, mantiene constantes la composición de los cultivos y las prácticas agrícolas para aislar el efecto que tienen los cambios de las condiciones climáticas sobre la productividad potencial.
El proyecto ha sido coordinado por Laura Mayoral y Hannes Mueller, investigadores del Instituto de Análisis Económico del CSIC y asociados a la Barcelona School of Economics. También participan el Centre for Economic Policy Research, la oficina británica Foreign, Commonwealth & Development Office y la iniciativa Reducing Conflict and Improving Performance in the Economy.
CADI compara los rendimientos alcanzables –la productividad biofísica máxima que puede obtenerse en un lugar– bajo las condiciones climáticas de diferentes periodos de veinte años. En cada celda de análisis mantiene la misma composición de cultivos observada en 2020, por lo que las diferencias calculadas reflejan exclusivamente la evolución del clima.
Los/as investigadores/as emplean datos históricos de productividad agrícola de la FAO y registros climáticos del programa europeo de observación de la Tierra Copernicus
Para establecer una línea de base, los investigadores emplean datos históricos de productividad agrícola de la FAO y registros climáticos del programa europeo de observación de la Tierra Copernicus. Con esta información calculan los cambios registrados entre los periodos 1981-2000 y 2001-2020.
A partir de los cambios observados, la plataforma recalcula la productividad agrícola en los distintos escenarios climáticos previstos hasta 2100. El modelo conserva los cultivos y las prácticas actuales y no incorpora posibles respuestas de adaptación, una condición que permite identificar qué territorios están más expuestos si no se introducen medidas.
Las regiones tropicales pierden más
Los resultados muestran que el cambio climático ya está reduciendo la capacidad de producir alimentos para cientos de millones de personas. Alrededor del 16 % de las tierras de cultivo del mundo –aproximadamente una de cada seis– ha perdido más del 10 % de su productividad potencial al comparar los periodos 1980-2000 y 2000-2020.
Los resultados muestran que el cambio climático ya está reduciendo la capacidad de producir alimentos para cientos de millones de personas
El impacto no se distribuye de manera uniforme. Las regiones tropicales concentran las pérdidas más importantes, mientras que algunas zonas situadas en latitudes elevadas pueden experimentar aumentos de su productividad potencial como consecuencia de las nuevas condiciones climáticas.
En Europa, el norte del continente y las áreas de mayor altitud –entre ellas Escandinavia, Finlandia, Escocia y los Alpes– ganan potencial agrícola. Por el contrario, el sur europeo, incluida la península ibérica, pierde capacidad máxima de producción.
En España se reproduce este patrón a una escala más reducida. La cornisa cantábrica, Galicia y los Pirineos registran ganancias de productividad, mientras buena parte del interior y del centro-este peninsular presenta pérdidas, incluidas zonas en las que el deterioro previsto es severo.
Los/as investigadores/as matizan que las mayores ganancias porcentuales observadas en las latitudes altas parten, en muchos casos, de niveles iniciales de producción muy bajos. Por este motivo, aunque los incrementos relativos pueden resultar elevados, su aportación medida en calorías absolutas continúa siendo modesta.
En la actualidad, aproximadamente el 15 % de la población mundial vive en zonas que ya han perdido al menos un 5 % de su potencial agrícola
En la actualidad, aproximadamente el 15 % de la población mundial vive en zonas que ya han perdido al menos un 5 % de su potencial agrícola. Para el periodo 2041-2060, bajo un escenario de calentamiento medio-alto de alrededor de 2,1 grados, esa proporción podría acercarse al 49 %.
Solo el 5 % de las tierras agrícolas tropicales acumula ya hasta el 35 % de las pérdidas, mientras que a mediados de siglo un 25% de los países podría concentrar entre el 85 % y el 90 % del descenso global.
La plataforma también prevé que un número reducido de áreas críticas concentrará una parte desproporcionada del deterioro. Solo el 5 % de las tierras agrícolas tropicales acumula ya hasta el 35 % de las pérdidas, mientras que a mediados de siglo una cuarta parte de los países podría concentrar entre el 85 % y el 90 % del descenso global.
Adaptarse a una agricultura cambiante
Las desigualdades se producen tanto entre países como entre regiones de un mismo Estado. Incluso en los territorios donde aumenta la productividad, el desplazamiento del peso agrícola hacia nuevas zonas obliga a reasignar tierra, agua e inversión dentro de las fronteras nacionales.
Estos cambios pueden generar tensiones distributivas relacionadas con quién pierde capacidad productiva, quién obtiene nuevas oportunidades y quién asume el coste de la adaptación. Según los investigadores, estas tensiones pueden alimentar conflictos no solo entre países, sino también dentro de cada territorio nacional.
Los países que menos han contribuido a las emisiones acumuladas de dióxido de carbono se encuentran entre los más vulnerables
El modelo señala asimismo que algunos de los países que menos han contribuido a las emisiones acumuladas de dióxido de carbono se encuentran entre los más vulnerables. La desigualdad se acentúa con el paso del tiempo, especialmente en aquellas regiones con menos recursos para transformar sus sistemas agrícolas.
La desigualdad se acentúa con el paso del tiempo, especialmente en aquellas regiones con menos recursos para transformar sus sistemas agrícolas
Las estimaciones de CADI permiten localizar las zonas que necesitarán mayores esfuerzos de adaptación. Las respuestas pueden incluir nuevas tecnologías, modificaciones en los cultivos y, en determinados lugares, cambios en la ubicación de la producción agrícola.
Sin embargo, la capacidad para aplicar estas medidas es desigual. Los pequeños agricultores y las regiones de bajos ingresos disponen de menos opciones para responder, por lo que la seguridad alimentaria y los medios de vida rurales afrontan mayores riesgos precisamente en los lugares donde la resiliencia es menor.
Cuando disminuyen los rendimientos, los efectos se extienden más allá de las explotaciones agrícolas. Aumenta la inseguridad alimentaria, caen los ingresos rurales y las comunidades pueden verse obligadas a adoptar decisiones difíciles relacionadas con la migración o el cambio de sus medios de vida.
La identificación anticipada de las áreas expuestas permite dirigir recursos hacia las comunidades más vulnerables, orientar las políticas agrarias y diseñar medidas de justicia climática. La plataforma pretende así facilitar una planificación basada en datos frente a una transformación del potencial agrícola que ya se observa y que puede intensificarse durante las próximas décadas.
Referencias
- (1) Where will climate change hit agriculture hardest?. Climate-Driven Agricultural Decline Index –CADI–.
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