Naciones Unidas conmemora este 7 de septiembre de 2026 el séptimo Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul con un llamamiento a acelerar la acción contra la contaminación atmosférica y reforzar la colaboración entre gobiernos, empresas, inversores y otros actores, ante sus efectos sobre la salud humana, el clima, la biodiversidad, los ecosistemas y la calidad de vida.

 

Una llamada a actuar

 

Un aire más limpio salva vidas, aumenta la productividad y contribuye a construir sociedades más resilientes y sostenibles

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, ha instado a gobiernos, empresas e inversores a actuar frente a la contaminación del aire y ha subrayado que conseguir un aire más limpio salva vidas, aumenta la productividad y contribuye a construir sociedades más resilientes y sostenibles.

La campaña de este año insiste precisamente en la necesidad de pasar de la identificación del problema a la aplicación de soluciones y de crear alianzas entre distintos sectores. Naciones Unidas sitúa la responsabilidad compartida como uno de los elementos centrales para afrontar un fenómeno que afecta simultáneamente a la salud de las personas y del planeta.

Con motivo de la jornada, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente –PNUMA– también ha publicado un glosario (1) para facilitar la comprensión de los principales conceptos relacionados con la contaminación atmosférica. El organismo recuerda que el problema engloba partículas líquidas y sólidas y gases presentes en el aire capaces de modificar la composición natural de la atmósfera y perjudicar tanto a las personas como al medio ambiente.

El PNUMA advierte además de una importante carencia regulatoria: alrededor del 43 % de los países carece de una definición jurídica de contaminación del aire, mientras que aproximadamente la mitad de los Estados que sí cuentan con una definición se limitan a considerar la contaminación ambiental exterior, sin incorporar necesariamente la contaminación del aire en espacios interiores.

Entre las fuentes habituales se encuentran las fábricas, las cocinas domésticas, los vehículos, la quema de biomasa y de residuos y las emisiones no procedentes directamente de los tubos de escape de los automóviles, como las partículas generadas por el desgaste de neumáticos, frenos y carreteras.

 

Los contaminantes que respiramos

 

Uno de los contaminantes más conocidos es el material particulado fino PM2,5, formado por partículas con un diámetro igual o inferior a 2,5 micrómetros. Su reducido tamaño –aproximadamente 30 veces menor que el grosor de un cabello humano– permite que penetre profundamente en los pulmones y alcance la sangre.

PM2,5: aproximadamente 30 veces menor que el grosor de un cabello humano– permite que penetre profundamente en los pulmones y alcance la sangre

Las partículas PM10, por su parte, tienen un diámetro de hasta 10 micrómetros y suelen quedar depositadas en la nariz, la garganta y las vías respiratorias superiores. Ambas forman parte de los principales contaminantes que las legislaciones y los sistemas de vigilancia de la calidad del aire tratan de controlar.

El PNUMA incluye también entre los contaminantes habituales el ozono troposférico, distinto del ozono estratosférico que protege al planeta de la radiación ultravioleta. Este ozono situado cerca de la superficie terrestre puede perjudicar la respiración y se forma mediante reacciones químicas en las que intervienen sustancias como los óxidos de nitrógeno, el monóxido de carbono, el metano y los compuestos orgánicos volátiles en presencia de luz solar.

Otros compuestos relevantes son el dióxido de nitrógeno –NO₂–, asociado principalmente a la combustión de combustibles fósiles; el dióxido de azufre –SO₂–, que puede proceder tanto de fuentes naturales como de actividades industriales y combustibles fósiles; y el monóxido de carbono –CO–, un gas tóxico difícil de detectar que puede resultar mortal cuando se acumula en interiores.

La contaminación atmosférica incluye además metales pesados y otras sustancias tóxicas, entre ellas plomo, mercurio, benceno, arsénico o amianto, que son objeto de regulación debido a los graves efectos que pueden provocar sobre la salud humana y el medio ambiente.

El smog fotoquímico se genera a partir de reacciones impulsadas por la luz solar entre distintos contaminantes y puede producir ozono a nivel del suelo y la característica neblina de tonalidad marrón que se observa en determinadas áreas urbanas

El smog constituye una de las manifestaciones visibles del problema. El llamado smog fotoquímico se genera a partir de reacciones impulsadas por la luz solar entre distintos contaminantes y puede producir ozono a nivel del suelo y la característica neblina de tonalidad marrón que se observa en determinadas áreas urbanas.

El PNUMA destaca asimismo el papel de los denominados contaminantes climáticos de vida corta, entre ellos el metano, el carbono negro, los hidrofluorocarbonos y el ozono troposférico. Algunos tienen un elevado potencial de calentamiento y permanecen en la atmósfera durante periodos relativamente reducidos.

El carbono negro, por ejemplo, es una forma de material particulado producido por la combustión incompleta de combustibles o materia orgánica. Cuando se deposita sobre nieve o glaciares puede reducir su capacidad para reflejar la radiación y contribuir a acelerar su fusión.

 

Salud, regulación y prevención

 

La contaminación no permanece necesariamente en el lugar en el que se genera

La contaminación no permanece necesariamente en el lugar en el que se genera. Las tormentas de arena y polvo pueden transportar partículas, agentes patógenos y otros contaminantes a grandes distancias, incluso entre regiones y continentes, mientras que determinadas condiciones meteorológicas pueden favorecer que estos compuestos queden atrapados cerca del suelo.

Las llamadas inversiones térmicas, por ejemplo, se producen cuando una capa de aire cálido se sitúa sobre otra más fría e impide que el aire ascienda. Esta situación puede retener la contaminación y el smog próximos a la superficie y elevar la exposición de la población.

Para conocer la magnitud del problema, la calidad del aire se determina mediante la medición de la concentración de contaminantes. Entre las unidades utilizadas se encuentran los microgramos por metro cúbico –µg/m³– y las partes por millón o por mil millones –ppm y ppb–.

Los países pueden establecer normas legales de calidad del aire que fijan límites vinculantes para las concentraciones aceptables de determinados contaminantes. Estas normas no son lo mismo que las directrices de calidad del aire, que consisten en recomendaciones fundamentadas en la evidencia pero que no tienen necesariamente carácter obligatorio.

El PNUMA señala, además, que no existe un único índice internacional de calidad del aire. Los distintos países pueden emplear sistemas propios para comunicar a la ciudadanía hasta qué punto el aire es limpio o está contaminado, por lo que una misma concentración medida puede recibir interpretaciones diferentes en función del sistema utilizado.

 

Premios de 2026

 

La relación entre contaminación atmosférica y enfermedades respiratorias también forma parte de las iniciativas promovidas en torno a la jornada. El Grupo de Trabajo Interinstitucional de las Naciones Unidas para la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles mantiene abierta su convocatoria de premios de 2026 para reconocer a organizaciones que trabajan en la prevención y gestión de enfermedades respiratorias crónicas y en la reducción de los impactos de la contaminación del aire sobre la salud.

Los premios contemplan tres categorías: ministerios de Salud y organismos sanitarios gubernamentales; otros organismos públicos y autoridades municipales; y organizaciones no gubernamentales, instituciones académicas, centros de investigación y fundaciones. Naciones Unidas busca reconocer actuaciones que puedan demostrar contribuciones destacadas y resultados medibles.

La convocatoria presta una atención especial a iniciativas que combinen la prevención de enfermedades respiratorias crónicas con acciones para reducir la contaminación atmosférica, especialmente cuando incluyen cooperación entre sectores y soluciones sostenibles mediante políticas o programas.

Entre los ámbitos a los que Naciones Unidas anima a presentar candidaturas se encuentran salud, medio ambiente, planificación urbana, vivienda, energía, transporte y trabajo, además de iniciativas dirigidas a reducir desigualdades y apoyar a comunidades marginadas. El plazo para presentar nominaciones, inicialmente previsto para agosto, se ha ampliado hasta el 30 de septiembre de 2026.

La celebración del Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul vuelve así a situar la contaminación atmosférica como un desafío que requiere medidas coordinadas. Naciones Unidas reclama acelerar las soluciones disponibles y reforzar la responsabilidad compartida para reducir unos contaminantes cuyos efectos alcanzan a las personas, los ecosistemas, el clima y la actividad económica.

Referencias

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