Greenpeace ha exigido este jueves, 8 de octubre, que la protección del agua sea una prioridad en la gestión de las zonas afectadas por los incendios forestales, ante el riesgo de que las lluvias de otoño arrastren cenizas, barro y sedimentos hacia ríos, embalses y captaciones de agua potable. La organización advierte de que, tras un verano marcado por grandes incendios en España, las precipitaciones pueden provocar nuevos daños ambientales y comprometer el abastecimiento en algunas localidades.
Las lluvias arrastran cenizas y lodos
La organización ha documentado estos efectos en el incendio de Burgohondo (Ávila), uno de los más graves de 2026 y el segundo de mayor superficie desde que existen registros. Las imágenes recogidas muestran cómo las lluvias intensas están desplazando materiales procedentes de las superficies calcinadas hacia los cursos de agua.
La pérdida de vegetación y el arrastre de sedimentos representan un riesgo tanto para los ecosistemas acuáticos como para las poblaciones que dependen de aguas superficiales
Greenpeace alerta de que esta situación puede reproducirse en otras zonas incendiadas si no se adoptan medidas para estabilizar los terrenos y frenar la erosión. La pérdida de vegetación y el arrastre de sedimentos representan un riesgo tanto para los ecosistemas acuáticos como para las poblaciones que dependen de aguas superficiales.
De hecho, según la organización, las administraciones de los municipios afectados por el incendio de Burgohondo han tenido que recurrir a camiones cisterna y agua embotellada para garantizar el suministro en varios puntos.
La entidad recuerda que ya advirtió el pasado 25 de agosto de la necesidad de aplicar actuaciones de emergencia para evitar el denominado «chapapote de monte», una mezcla de cenizas, barro y otros materiales que las lluvias pueden transportar desde los terrenos quemados.
Aplicar actuaciones de emergencia para evitar el denominado «chapapote de monte», una mezcla de cenizas, barro y otros materiales que las lluvias pueden transportar desde los terrenos quemados.
Entre las medidas propuestas figuran la instalación de pequeños diques, la colocación de acolchados de paja sobre el suelo y la construcción de estructuras provisionales para contener los arrastres.
Estas intervenciones buscan evitar la contaminación del agua potable, la acumulación de sedimentos en las instalaciones potabilizadoras y los daños a la fauna piscícola. Greenpeace considera necesario actuar con rapidez en las áreas más vulnerables, antes de que las precipitaciones intensifiquen estos procesos.
Y en MONFRAGÜE también…
— PacoCastañares (@PacoCastanares) September 13, 2022
El arroyo Giraldo, (Casas de Miravete, Reserva de la Biosfera y Parque Nacional de Monfragüe), comienza a arrastrar chapapote en dirección al corazón del Parque Nacional de Monfragüe. pic.twitter.com/rA9hQSb7fj
Revisar la retirada de madera quemada
Greenpeace también cuestiona algunas actuaciones habituales después de los incendios, especialmente la extracción generalizada de madera quemada, que, según advierte, puede dejar los terrenos más expuestos a la erosión.
En Burgohondo, la Junta de Castilla y León publicó una orden para retirar los árboles quemados. Sin embargo, la organización sostiene que esta intervención debe adaptarse a las condiciones de cada zona para evitar que aumenten la escorrentía y el transporte de cenizas y sedimentos.
Por ello, propone retrasar unos meses la tala del arbolado afectado, siempre que las condiciones lo permitan, para favorecer la fijación del suelo y reducir los efectos de las lluvias.
Posteriormente, defiende realizar una retirada selectiva de la madera, teniendo en cuenta las características del terreno y las necesidades de recuperación de cada espacio forestal.
La organización insiste en que las actuaciones posteriores a un incendio no deben limitarse a retirar los restos vegetales, sino que deben prestar especial atención a la conservación del suelo y la protección de los recursos hídricos.
Vigilar las aguas subterráneas
Además de los efectos inmediatos sobre ríos y embalses, Greenpeace advierte de que los incendios pueden tener consecuencias a largo plazo sobre las aguas subterráneas, cuya contaminación puede manifestarse mucho después de que se hayan extinguido las llamas.
Según explica, las cenizas y otras sustancias depositadas sobre la superficie pueden infiltrarse con el agua de lluvia y alcanzar progresivamente el subsuelo. Este proceso puede prolongarse desde varias semanas hasta años, dependiendo de las características del terreno y de los materiales que atraviesa el agua.
Por este motivo, considera fundamental establecer un seguimiento extraordinario de los acuíferos afectados, con controles que permitan detectar posibles alteraciones tanto en la calidad como en la cantidad de agua disponible.
La vigilancia, añade, debe intensificarse durante los periodos de recarga de los acuíferos, especialmente con las lluvias de otoño e invierno, y mantenerse durante campañas sucesivas para evaluar la evolución de los posibles impactos.
En un contexto de cambio climático que agrava las sequías y los incendios forestales, la organización reclama reforzar las redes de seguimiento de las aguas subterráneas y prestar especial atención a las cuencas más vulnerables.
Entre sus principales demandas figura la incorporación de la protección de las aguas superficiales y subterráneas a los planes de restauración de las zonas incendiadas, así como la aprobación de protocolos de respuesta rápida una vez extinguidos los incendios.
Estos procedimientos deberían permitir evaluar tempranamente los daños, identificar las áreas prioritarias y aplicar actuaciones de emergencia para reducir la erosión y prevenir la contaminación.
Greenpeace también solicita reforzar las redes de control de calidad del agua y de medición de los niveles de los acuíferos, además de mejorar la coordinación entre confederaciones hidrográficas, comunidades autónomas y ayuntamientos para evitar los problemas competenciales que, según denuncia, existen actualmente.
Integrar el riesgo de incendios forestales en la planificación hidrológica nacional, con especial atención a los acuíferos estratégicos, e impulsar la investigación sobre los efectos del fuego en el suelo, la escorrentía y la infiltración del agua
Finalmente, plantea integrar el riesgo de incendios forestales en la planificación hidrológica nacional, con especial atención a los acuíferos estratégicos, e impulsar la investigación sobre los efectos del fuego en el suelo, la escorrentía y la infiltración del agua.
La organización considera que estas actuaciones son necesarias para afrontar las consecuencias de los incendios más allá de la extinción y proteger los recursos hídricos durante la recuperación de los territorios afectados.
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