Detrás de fenómenos tan alejados entre sí como el deshielo del Pacífico y las temperaturas de Europa puede esconderse una misma conexión oceánica. El agua dulce que liberan los icebergs al fundirse en el Pacífico nororiental es capaz de viajar por todo el planeta y debilitar la circulación de vuelco meridional del Atlántico –conocida por sus siglas en inglés, AMOC–, el gigantesco sistema de corrientes que reparte el calor por el globo y templa el clima del hemisferio norte.

Sumario

 

Así lo ha revelado un equipo de la Universidad de California en Davis en un estudio publicado en la revista Nature Communications (1). Mediante simulaciones en superordenador del último gran deshielo glacial, los investigadores han descubierto que las descargas de icebergs del Pacífico Norte –y no las del Atlántico, como se creía– pudieron ser el detonante que frenó esa corriente hace unos 19.000 años.

 

El Pacífico debilita la circulación atlántica

 

La AMOC funciona como una inmensa cinta transportadora: traslada agua cálida y salada desde los trópicos hacia el Atlántico Norte y, tras enfriarse y hundirse, la devuelve hacia el sur en profundidad. Ese engranaje es responsable del 70 % del transporte de calor oceánico a través del ecuador, de modo que cualquier alteración repercute en el clima de buena parte del planeta.

Lo novedoso y sorprendente es que el agua de deshielo del Pacífico Norte puede impulsar por sí sola el debilitamiento de la AMOC

CHIJUN SUN, Universidad de California en Davis

“Lo novedoso y sorprendente es que el agua de deshielo del Pacífico Norte puede impulsar por sí sola el debilitamiento de la AMOC”, ha explicado el autor principal del trabajo, Chijun Sun, profesor del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de esa universidad (2). Según el investigador, el hallazgo “ofrece un nuevo paradigma” sobre el origen de los llamados estadios Heinrich, los periodos fríos que jalonaron la última glaciación.

Hasta ahora, el deshielo de los icebergs del Atlántico Norte se consideraba el principal motor de ese debilitamiento. Sin embargo, los registros más recientes han desmontado esa idea. “Los científicos han descubierto que esos episodios de deshielo del Atlántico Norte se produjeron después de que la AMOC ya se hubiera debilitado y Groenlandia se hubiera enfriado”, ha señalado Sun, por lo que “no pudieron ser la causa” del frenazo.

 

Un viaje a hace 19.000 años

 

Para poner a prueba su hipótesis, el equipo ha recreado con datos paleoclimáticos y superordenadores el conocido como estadio Heinrich 1, un episodio de deshielo ocurrido hace unos 19.000 años. Era un mundo muy distinto al actual: el nivel del mar se situaba unos 120 metros por debajo del de hoy, una capa de hielo de entre 3.000 y 4.900 metros de espesor cubría Norteamérica y la concentración de dióxido de carbono rondaba las 180 partes por millón, frente a las cerca de 430 actuales.

Los episodios de descarga de icebergs del Pacífico Norte coinciden muy bien con el inicio de los estadios Heinrich

CHIJUN SUN, Universidad de California en Davis

“Los episodios de descarga de icebergs del Pacífico Norte coinciden muy bien con el inicio de los estadios Heinrich”, ha detallado Sun. Es más, esas descargas “conducen de forma sistemática” a otras posteriores en el Atlántico Norte, lo que apunta a una relación causal aún sin explorar. En la jerga científica, esos vertidos de hielo del Pacífico se denominan eventos Siku.

Las simulaciones han mostrado cómo el agua dulce de esos icebergs del Pacífico nororiental recorrió el planeta hasta alcanzar las regiones del Atlántico Norte donde el agua superficial, densa y fría, se hunde para poner en marcha el motor de la AMOC. Esa entrada de agua templada y poco salada diluyó la corriente y provocó un calentamiento en profundidad que la debilitó y liberó, a su vez, más icebergs.

Sabemos que el agua templada en profundidad está causando el rápido retroceso del casquete de hielo de la Antártida Occidental

CHIJUN SUN, Universidad de California en Davis

“Sabemos que el agua templada en profundidad está causando el rápido retroceso del casquete de hielo de la Antártida Occidental”, ha advertido Sun. Y ha añadido que fue “el mismo mecanismo” que impulsó parte del retroceso de los hielos durante la última desglaciación, lo que conecta aquel pasado remoto con procesos que hoy están en marcha.

 

Una advertencia para el clima futuro

 

El interés por reconstruir aquellos episodios no es solo histórico. Existe un amplio consenso científico en que la AMOC se debilitará antes de que termine el siglo XXI, y algunos estudios llegan a pronosticar un colapso total del sistema. Entender qué la hizo tambalearse en el pasado ayuda a anticipar cómo podría responder ante el deshielo actual.

No es sensible solo a lo que ocurre en el Atlántico Norte: puede serlo ante cualquier descarga de agua dulce

CHIJUN SUN, Universidad de California en Davis

La AMOC “no es sensible solo a lo que ocurre en el Atlántico Norte: puede serlo ante cualquier descarga de agua dulce”, ha subrayado Sun. Las consecuencias de su frenazo serían de alcance planetario. Investigaciones previas del mismo equipo han vinculado un futuro debilitamiento de la corriente con fuertes descensos de las lluvias en algunas de las regiones más húmedas de la Tierra, como Centroamérica, la Amazonia y África occidental, donde la precipitación anual podría reducirse casi a la mitad.

El nuevo trabajo refuerza así la idea de que la AMOC es vulnerable a lo que sucede en cualquier punto del océano global, y no solo en su entorno inmediato. Para sus autores, el estudio subraya hasta qué punto están interconectados el océano y la criosfera –el conjunto del agua congelada del planeta–, un sistema en el que un deshielo lejano puede acabar alterando el clima del otro extremo del mundo.

 

Referencias

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