Greenpeace ha tachado este lunes de “decepcionante” que la Comisión Europea haya planteado excluir el cuero del reglamento contra la deforestación dentro de un paquete de medidas destinado a facilitar su aplicación antes de su entrada en vigor, y ha instado a los gobiernos de la UE y al Parlamento Europeo a bloquear esta exención si consideran que Bruselas se ha extralimitado.

 

Críticas a la Comisión

 

La organización ecologista sostiene que la propuesta supone una concesión a la “presión” de sectores económicos, especialmente de la industria de la moda, lo que, a su juicio, debilita el alcance de una normativa clave para frenar la pérdida de bosques a nivel global. En este sentido, Greenpeace considera que la decisión de excluir el cuero crea un precedente preocupante en la aplicación del reglamento.

El abogado de Greenpeace UE, Andrea Carta, ha calificado de “inexcusable” la apertura de un vacío legal con esta medida. Según ha señalado, la exclusión del cuero responde al intento de “complacer” a grandes marcas, lo que pone en riesgo los objetivos ambientales de la legislación aprobada en 2023.

Carta ha insistido en que la cadena de suministro del cuero continúa siendo un factor relevante en la destrucción de los bosques, del mismo modo que lo era cuando el material fue incluido originalmente en la normativa. Por ello, ha reclamado que tanto los Estados miembros como el Parlamento Europeo intervengan para corregir esta decisión.

 

Impacto del cuero

 

Greenpeace ha recordado que el cuero forma parte “integral” de la cadena de suministro del ganado, lo que implica que su producción está directamente vinculada a procesos que impulsan la deforestación, especialmente en regiones como la Amazonía brasileña.

La ONG ha subrayado que la expansión de los pastos para el ganado ha representado el 42% de la deforestación mundial impulsada por la agricultura entre 2001 y 2022, lo que evidencia el peso del sector ganadero en la pérdida de superficie forestal.

En este contexto, la organización ha advertido de que excluir el cuero del reglamento puede debilitar la eficacia de la norma, al dejar fuera un componente relevante de una cadena productiva que contribuye de forma significativa a la degradación ambiental.

Además, Greenpeace ha destacado que la deforestación vinculada a estas actividades ha supuesto la destrucción de una superficie forestal equivalente al tamaño de España, lo que refleja la magnitud del problema a escala global.

 

Riesgos y consecuencias

 

La organización ecologista también ha puesto el foco en las consecuencias climáticas de este fenómeno. Según ha indicado, la deforestación asociada a la producción de materias primas como el ganado ha liberado la mitad de todas las emisiones de carbono derivadas de este proceso a nivel mundial.

En este sentido, ha advertido de que cualquier debilitamiento del reglamento europeo puede comprometer los esfuerzos internacionales para frenar el cambio climático y proteger los ecosistemas forestales.

Greenpeace ha añadido que diversas investigaciones han documentado cómo el comercio de cuero está vinculado no solo a la deforestación ilegal, sino también a violaciones de derechos humanos, lo que refuerza la necesidad de mantener controles estrictos sobre este tipo de productos.

Por todo ello, la ONG ha instado a las instituciones europeas a rechazar la exclusión del cuero del reglamento y a garantizar que la legislación se aplique de forma coherente con sus objetivos iniciales de protección ambiental.

En concreto, ha pedido que el Parlamento Europeo y los gobiernos nacionales evalúen si la Comisión Europea ha ido más allá de sus competencias al plantear esta modificación, y que actúen en consecuencia para preservar la integridad de la norma.

Greenpeace considera que el reglamento contra la deforestación representa una herramienta clave para reducir el impacto ambiental de las cadenas de suministro globales, por lo que cualquier excepción debe ser analizada con rigor para evitar que se generen lagunas legales que puedan ser aprovechadas por determinados sectores.

La propuesta de Bruselas se enmarca en un paquete de medidas orientadas a facilitar la implementación de la normativa antes de su entrada en vigor, pero la ONG teme que este enfoque derive en una flexibilización excesiva de los requisitos establecidos inicialmente.

El debate sobre la inclusión o exclusión del cuero se perfila como uno de los puntos más controvertidos en la aplicación del reglamento, al poner sobre la mesa la tensión entre los intereses económicos y los objetivos de sostenibilidad ambiental.