A menos de un mes de la COP31 de Antalya (Türkiye), representantes de las presidencias de tres cumbres climáticas consecutivas se reunieron en Nueva York para responder a una pregunta apremiante: cómo recuperar la confianza en la acción climática internacional cuando las consecuencias del calentamiento global ya se sienten en todo el planeta.

Sumario

 

La reunión de alto nivel se celebró el viernes 16 de octubre en la sede de Naciones Unidas y arrancó con la imagen de un muro de agua que desciende por un valle montañoso y arrasa personas, viviendas y comunidades enteras. El presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, la evocó a propósito de las recientes inundaciones devastadoras en Nepal.

 

El Niño y el calentamiento

 

Ante los representantes reunidos en Naciones Unidas, Rahman afirmó que los científicos llevaban mucho tiempo advirtiendo de que estos fenómenos se estaban convirtiendo en una realidad, pero que nadie estaba preparado para esas imágenes estremecedoras. Recordó que el fenómeno de El Niño continúa intensificándose y podría convertirse en uno de los más fuertes desde al menos 1950, mientras que las políticas climáticas actuales encaminan al planeta hacia un calentamiento de 2,8 °C.

Esa trayectoria queda muy por encima de los objetivos del Acuerdo de París. Rahman subrayó que, detrás de estas cifras, hay familias desplazadas, niños que faltan a la escuela, mujeres que deben caminar cada vez más lejos para conseguir agua y comunidades que afrontan pérdidas insoportables.

Según el presidente de la Asamblea General, el desafío para los países será transformar los compromisos previos en medidas concretas y las promesas, en confianza. A su juicio, la COP31 debe ser más que otro hito en las negociaciones y debe demostrar que el multilateralismo da resultados.

 

Convertir las promesas en inversiones

 

Türkiye, que acogerá la conferencia del 9 al 20 de noviembre, presentó sus prioridades para acelerar la transición energética, reducir las emisiones de metano y fortalecer la resiliencia frente al cambio climático.

Entre las principales iniciativas figura el Puente para la Implementación Climática, desarrollado con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que busca convertir los compromisos nacionales en proyectos capaces de atraer inversiones y acceder a financiación.

El embajador turco ante la ONU, Ahmet Yıldız, afirmó que la cuestión no es simplemente el volumen total de financiación, sino también si esta está disponible, es accesible, asequible y previsible.

Para las pequeñas naciones insulares del Pacífico, la urgencia es especialmente evidente: el aumento del nivel del mar y los fenómenos meteorológicos extremos amenazan viviendas, infraestructuras y medios de subsistencia.

Así lo recordó el embajador de Australia, James Larsen, cuyo país dirigirá las negociaciones de la COP31 mediante un acuerdo inédito de responsabilidades compartidas con Türkiye.

Larsen aseguró que, escuchando a las comunidades más vulnerables, colaborando con quienes necesitan apoyo y acelerando la puesta en práctica de iniciativas concretas, cree que se puede recuperar la confianza mediante la acción climática. También defendió un acceso más sencillo y rápido a la financiación, así como planes de adaptación basados en la ciencia y las necesidades de las comunidades.

 

Las negociaciones pendientes

 

Brasil, anfitrión de la COP30 el año pasado, identificó tres prioridades para Antalya: poner en funcionamiento el nuevo mecanismo de transición justa establecido en Belém, mejorar la medición de los avances en adaptación y ampliar las inversiones climáticas en países en desarrollo afectados por el endeudamiento.

El embajador brasileño, Sérgio França Danese, señaló que, en un mundo de Estados con graves restricciones fiscales y altos niveles de endeudamiento, las conversaciones sobre financiación deben conducir a soluciones viables que amplíen el margen fiscal para las inversiones climáticas.

La cuestión de quién paga los costes de la transición y quién se beneficia de ella también estuvo presente en la intervención de Etiopía, que acogerá la COP32 el próximo año.

Su embajador ante la ONU, Tesfaye Yilma Sabo, recordó que África genera apenas alrededor del 3% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pese a sufrir algunas de las consecuencias más graves del calentamiento global.

Sabo advirtió de que la demora en actuar tiene un coste acumulativo para los países en desarrollo y añadió que el acceso a la financiación y la tecnología determina cada vez más quién se beneficia de la transición y quién queda rezagado.

Los líderes mundiales se reunirán en Antalya los días 11 y 12 de noviembre, antes de que las negociaciones entren en su fase decisiva.

Pero para el presidente de la Asamblea General, el verdadero éxito de la conferencia no se medirá en las salas de negociación. Rahman afirmó que la COP31 no puede ser juzgada por las promesas que se repiten, sino por las personas que se protegen, y que así se recupera la confianza.

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